Voto en el extranjero, ¡por favor! ¡no!
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Con la aprobación del voto de los mexicanos en Estados Unidos, la Cámara de Diputados escribió una página poco honrosa y si me apuran, diría que francamente irresponsable. Sorprende que la aprobación del dictamen de la iniciativa haya sido por una amplia mayoría, y por parte de todos los partidos, cuando riesgos tan evidentes ameritaban un mayor debate y un voto más matizado. Varias hipótesis sobre este inusitado consenso. Los diputados estaban presurosos por agradecer las remesas económicas de nuestros paisanos, que se han convertido en un ingreso fundamental para el sostenimiento del barco nacional. |
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Es una estrategia tanto para lavar culpas, como para ganar el apoyo de nuestros emigrantes en la contienda electoral. PRI, PAN y PRD hacen cuentas alegres de cómo se repartirían a estos votantes. Los legisladores no quisieron tomar el riesgo de provocar animadversión de un grupo de electores numeroso y con billete verde, sin mucho pensarlo le pasaron la papa caliente a los senadores. La decisión tiene gravísimas repercusiones y provoca tantas situaciones inéditas, que simplemente no podrán solucionarse para las próximas elecciones. Desde el presupuesto, el costo para llevar a cabo el proyecto es altísimo, según algunos cálculos, entre mil y cuatro mil millones de pesos, los diputados aprobaron doscientos millones de pesos. En un presupuesto que está de mírame y no me toques, habría la necesidad de cambios que retumben las arcas nacionales. No se tiene ni siquiera idea del padrón, se maneja entre cuatro y diez millones de votantes. El Servicio Exterior se niega a participar si no le aumentan el presupuesto. Carlos Ugalde, del IFE, hace unas semanas habló ante el cuerpo diplomático, les comunicó la posibilidad de su posible participación en las elecciones, los diplomáticos abandonaron todas las tradiciones de su profesión y le dieron una sonora rechifla. En otras palabras, la organización obligaría al IFE a trasladar oficinas y personal especializado a los Estados Unidos. El problema del presupuesto, el padrón y la infraestructura son tan suaves como una espuma para rasurarse ante el reto que representaría aplicar nuestro marco jurídico en Estados Unidos, es decir, extra territorialmente. Habría que negociar no sólo con el gobierno de Estados Unidos, sino de cada Estado de la Unión Americana, pues allá sí funciona el federalismo. Las campañas electorales tendrían que viajar, lo que aumentaría el costo de la propaganda, los gastos de los candidatos y disminuirían las posibilidades de control. Habría problemas no solamente en la vigilancia de los límites de lo montos, sino en las formas de financiamiento. Allá es otra forma de hacer política, si en México la principal fuente de ingresos de los partidos es el dinero público, en Estados Unidos son las donaciones y las fundaciones paralelas a las estructuras de los partidos. Se forma toda una nueva clase política de organizadores de eventos y pedigüeños profesionales, que después se confrontan con los cuadros institucionales de los partidos. Aquí en México hemos tenido una probadita, entre Lino Korrodi y el PAN. En todo el proceso electoral México tendría la necesidad de recurrir a las autoridades de nuestros vecinos, hasta la más elemental, cuidar las urnas. Maravillosa oportunidad para intervenir y que no creo que desperdicien. Los conflictos post electorales en el extranjero agregarían una bomba más al terreno ya minado del 2006. Ya sólo nos queda rezar para que los senadores nos rescaten de este lío en el que metieron al país los diputados. Publicado en Excélsior el 03 de marzo de 2005 |
