Solidaridad, remedio a la crisis
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Según datos provenientes de la Secretaría de Programación y Presupuesto, diariamente hay en el país 459 defunciones vinculadas con problemas neuróticos. Es decir, cada 3 minutos aproximadamente, una persona con “rupturas en su equilibrio sicodinámico” encuentra la muerte. Nada más de enero a julio de este año se han producido 1,441 suicidios, esto es, 4 diarios. A estas cifras debe agregarse el poco honroso tercer lugar que ocupa México entre los países con mayor alcoholismo del mundo. |
| ¿Qué sistema de convivencia hemos forjado para provocar tal cantidad de enfermedad, de extrañamiento de sí mismo y de los demás? ¿En qué relación económica, política y social perdemos cotidianamente el equilibrio, el amor a la vida? ¿cómo hemos podido producir y albergar semejante dosis de insatisfacción, de resentimientos, de autodestrucción?
Tal vez al tratar de mantener un alto ritmo de crecimiento material hemos prohijado un consumo inútil, tan compulsivo como frustrante. Tal vez hemos hecho girar nuestra existencia demasiado en torno a la ganancia y a la imitación de un “espíritu práctico” que es sinónimo de egoísmo, y ajeno a la solidaridad. O bien, hemos dividido tal vez al hombre entre su trabajo, que vive como algo doloroso, y un tiempo libre que no alcanza a gozar. O es que no hemos logrado el mínimo equilibrio en las relaciones de participación económica y política, ni en los niveles de justicia e igualdad que hacen fuerte a un pueblo. Tal vez, hemos construido megalópolis capaces, en una congestión de tránsito, de convertir al mismo Job en un chofer de la ruta 100 con todas sus agravantes. Tal vez, somos hijos de un sistema educativo centrado más en enseñar cómo ganarnos la vida y no en para qué vivirla. La lucha contra la enfermedad, la locura y el imperio de Tanatos debe sin duda precisar las causas que generan estas calamidades. Pero ¿por qué no dedicar algún esfuerzo –que tantos se han dedicado ya al estudio de esas causas- a definir también cuáles son los patrones de una conducta social realizadora y plena? En este sentido, es interesante el estudio de lo acontecido en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Hacia 1939, las autoridades inglesas en materia de salud mental estimaban probable un importante aumento en el desarrollo de la neurosis de los ingleses, sometidos a la presión de los bombardeos alemanes que se avecinaban. Algunos especialistas auguraban incluso que el daño síquico podía ser mayor que los daños materiales y el costo en vidas humanas. Pero curiosamente nada de esto ocurrió. Durante los constantes ataques nocturnos alemanes, y aun después, mientras persistía la situación de peligro, los índices de enfermedad mental no sólo no crecieron sino que disminuyeron. El número de suicidios se redujo y las estadísticas de ebriedad señalaron que el alcoholismo había caído 50%. Las investigaciones dirigidas a explicar este sorprendente fenómeno concluyeron que la dramática situación planteada por la guerra había, en realidad, desarrollado en los ingleses los sentimientos de solidaridad activa, colocando en el centro de la vida cotidiana la preocupación por lo común, al amor a la vida, el aliento a la espontaneidad y la búsqueda de la satisfacción en el ser útil a sus familias, sus prójimos, su país. La proximidad de la muerte dio una nueva significación a la existencia y quitó la importancia a las viejas angustias exclusivamente materiales. Pero quizá el factor más trascendental en la reducción de las neurosis fue la conciencia generalizada de que todos los sectores de la comunidad enfrentaban por igual las dificultades y aportaban sus esfuerzos y sus sacrificios para superar las dramáticas circunstancias. No es, por supuesto, algo deseable una situación de guerra para que nuestra sociedad produzca este tipo de conductas y no las enfermedades que hoy la azotan. Pero la enseñanza que surge es clara: a mayor participación en la defensa y en la edificación del futuro común, a mayor solidaridad ante las dificultades que nos afectan indiscriminadamente, a mayor estímulo a la responsabilidad activa y espontánea, simplemente mayor salud individual y comunitaria. ¿Hasta dónde, será necesario llegar para sacar lo mejor de nosotros mismos a favor de México? 28 de octubre de 1982 |
