Edmundo González Llaca

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Sistemas políticos, los ahorros de Andropov

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Los que criticaron el costo de las campañas electorales deben estar verdaderamente de plácemes, y tal vez haciendo cola por dólares preferenciales para obtener el manual de la última elección del secretario general del Partido Comunista en la Unión Soviética, virtual jefe de gobierno de ese país. Y tendrían razón para emocionarse tanto. Todo lo que leímos sobre el proceso de elección del nuevo dirigente es el vivo ejemplo del ahorro.

Lo más costoso, tal vez, fue el embalsamiento del líder fallecido, después algunos rublos para los pasajes de los miembros del Comité Central, otros para los del Soviet Supremo, quizás un gasto más para el brindis con champaña (Chambrulé ruso hubiera sido un exceso). Bueno, para acabar, son tan ahorrativos los dirigentes rusos que hasta se ahorraron preguntarle su opinión al pueblo. De igual manera, los que se quejaron de las molestias de los mítines o recientemente de las manifestaciones públicas, deben sentirse nostálgicos, pues ante los 367 que organizó el PRI en la campaña, el partido ruso no hizo ninguno, es más, ni un saludo de paso en alguna cooperativa. Finalmente, los que criticaron lo limitado de la consulta popular o las pocas intervenciones del candidato mayoritario, deben estar al menos sorprendidos pues frente a De la Madrid hablaron 4,363 personas y él mismo pronunció 1,341 discursos. Yuri Andropov, a su vez, guardó una prudente distancia del pueblo y pronunció un solo discurso al tomar posesión: por cierto, más aburrido y rutinario que un domingo a las cinco de la tarde y sin toros.

Hay varias versiones sobre esta asepsia popular y austeridad republicana. Una, que los quince años que trabajó Andropov como jefe de la policía secreta rusa lo hicieron sobrio y circunspecto. Otra señala que los 18 años que duró Brejnev en el liderazgo tomaron por sorpresa a la burocracia, no acostumbrada a los cambios. Por último, que semejante transición de funcionarios fue organizada propositivamente, gris y sórdida por la élite del poder soviético, cuya edad promedio es entre 60 y 70 años, con el objeto de desalentar las aspiraciones políticas de los jóvenes y encauzarlas mejor a la práctica del ajedrez.

No se trata de hacer una crítica antisoviética para consolar a los participantes de la frustradita campaña “México en la Libertad” ni tampoco encubrir con críticas a otros países las imperfecciones de nuestro sistema democrático, reconocidas por todos. Simplemente se trata de subrayar que la plusvalía política, que es tan reprobable la explotación del sudor de los trabajadores como la supresión de las neuronas que permiten la participación política y la pluralidad. Por eso, a pesar de la crisis que nos afecta duramente podemos decir que en el proceso político que culmina este primero de diciembre, sin duda se gastaron recursos pero no se ahorró la voluntad del pueblo. Que nos valga para alcanzar más altas metas.

25 de noviembre de 1982

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