Símbolos Nacionales. La libertad de expresión
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Existen temas en los que coincidimos la mayoría de los que nos dedicamos al duro oficio de escribir. Que nadie se atreva a tocarlos porque habrá violado territorio comanche y nos le echaremos todos de a montón. Uno de esos temas es la libertad de expresión. Cuando se aborda su defensa se siente uno seguro, tranquilo, desafiante, con ganas de pontificar, pues se tiene la absoluta conciencia de que se está respaldado por especialistas que saldrán a la palestra en el remoto caso que alguien se atreva, ya no a criticar, sino simplemente a vernos feo. |
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Lo malo es cuando en esos temas, por equis o zeta razones, no se está de acuerdo con esa unanimidad de la que antes se formaba parte. Dan ganas de no haberse enterado del asunto, como que no quiere la cosa cerrar el periódico y regresar a ese suave ronroneo del consenso. Si la divergencia permanece en nosotros mismos y no puede ser acallada se entra en crisis. Primero, para despejar las dudas, se repite en voz alta los argumentos que se compartía; si no sucede nada y la angustia permanece, viene la culpa: ¿qué me pasa? Para distraerme mejor me voy a inscribir en Baile por un Sueño; si sigo así, al ratito me hacen miembro honorario del Yunque. No le demos tantas vueltas, el asunto es el siguiente. La Suprema Corte consideró que Witz Rodríguez se había extralimitado en la libertad de expresión en su poema: “La patria entre mierda” y consideró que incurrió en el delito de “ultraje” a los símbolos nacionales. El poema dice: “Yo me seco el orín en la bandera de mi país, ese trapo sobre el que se acuestan los perros y que nada representa, salvo tres colores y un águila que me producen un vómito nacionalista o tal vez un verso lopezvelardiano de cuya influencia estoy lejos, yo, natural de esta tierra me limpio el culo con la bandera y los invito a hacer lo mismo: verán a la patria entre la mierda de un poeta”. Witz, originario de la muy apacible ciudad de Campeche, donde lo publicó, fue demandado por una asociación civil que encabeza Abel Santacruz, hijo de un militar, quien justificó su querella en el sentimiento patrio y el respeto que se debe tener por la bandera, el escudo y el Himno nacionales. Pues nada, que estoy de acuerdo con el demandante y creo que es la primera ocasión que coincido con alguien relacionado con los militares. En consecuencia la sentencia de la Corte me parece justa. Mi problema es que estoy de acuerdo con Oscar Wilde, cuando en uno de sus famosos juicios, el fiscal le dice: “Mr. Carson:- Está es su introducción a Dorian Gray: “No hay libros morales e inmorales. Hay libros bien escritos y mal escritos”. ¿Expresa esto su punto de vista? Oscar Wilde:-Expresa mi punto de vista sobre el arte, sí. MC- Entonces, ¿debo deducir que independientemente de lo inmoral que pueda ser un libro, sí está bien escrito es, en su opinión, un buen libro? OW.-Sí, si está escrito de forma que despierte nuestro sentido de la belleza, que es el sentido más elevado que posee el ser humano. Si estuviera mal escrito, produciría un sentimiento de rechazo”. Como mexicano siento una agresión a los símbolos que nos dan identidad, nos unifican, nos dan unidad como nación. La libertad de expresión del escatológico poeta tiene un límite: mis derechos. No es posible permitir lo que ya es todo un deporte nacional, después de la charrería: socavar las instituciones. Una religión sin dogmas como un país sin símbolos respetados pierde su esencia y su futuro. Wits nos facilita la tarea de reprobarlo, el poema es malísimo. La condena podría ser que se lo aprenda de memoria. Publicado en Excélsior | 13 de Octubre de 2005| |
