Sexualidad. Erotismo y poder
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Una artista francesa que duró muy correteable hasta la edad madura, llamada Jeanne Moreau, en una entrevista dijo: “En la vida todas las relaciones son relaciones de poder”. El entrevistador le inquirió: “¿Hasta el amor?” Ella respondió: “Hasta el amor. La única diferencia es que en el amor se elige de quién ser esclavo”. Trato de responder la pregunta de una lectora sobre si existe alguna relación entre el erotismo con el poder. |
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Recordemos que el erotismo es una mágica pócima en la que se combina la neurona con la hormona, la inteligencia con el sexo y la imaginación con la carne. El amor tiene relación con estos factores, pero es un resultado que desborda los componentes y se forma un sentimiento que ya es palabra mayor. Sobre esta base no creo que tengan mucho que ver, incluso son excluyentes, pues el poder está relacionado con el egoísmo y la desconfianza, y el amor con la entrega incondicional. Los políticos, es reconocido, que no son muy queridos, y no me refiero sólo a Salinas, sino en general. La frase de un autor cuyo nombre se me escapa es lapidaria: “A más poder, menos amor”. Ciertamente, el poder puede ser, e incluso buscarse, como un sustituto del amor. El poder provoca admiración, que es un camino al amor. Querer a alguien para acceder a los valores que representa es un lugar común, aunque la desilusión venga cuando el beneficiado pierde ese poder. Cuando Fidel Velázquez cumplió, creo que noventa años, le preguntaron qué deseaba en la vida y él respondió: “Poder”. El periodista lo interrogó extrañado: “¿Poder? ¿Pero que no le parece suficiente todo el poder que tiene?” Fidel respondió socarrón: “Yo quiero poder, para poder”. La respuesta sugerente del fallecido líder obrero nos da la pauta para entrar a una faceta del erotismo: la sexualidad. Este instinto, por más tiernos y delicados que sean los participantes, tiene elementos violentos, no en balde al acto sexual se le dice: “La guerra civil de los sentidos”. La agresividad está presente y con ella el poder. Al acto sexual incluso se le asocia con una doma, es la famosa potra de nácar de García Lorca, “sin bridas y sin estribos”. Para algunos, como ese gordo aterrador y genial de Sade, el poder en la relación sexual era una condición, con la agravante del sufrimiento. Su erotismo lo vinculaba con la algolagnia (palabrita para apantallar al lector), es decir, la búsqueda del placer sexual en el dolor y por el dolor. Escribía: “… hacerle experimentar (al acompañante) duramente esta manera de suplicio…, divertirse con su llanto…, inflamarse por sus retorcimientos voluptuosos que arranca el dolor a la víctima castigada, hacer correr su sangre y sus lágrimas, gozar en su hermoso rostro de las contorsiones dolorosas”. Sade era francamente muy cargado, pero en sus loqueras existe un elemento casi imprescindible en el erotismo. En el acto sexual él ponía en práctica su apellido, pero después también pedía que la crueldad se ejerciera contra su cuerpo. Sade era sádico y masoquista, en el fondo su obsesión era violar todo lo que fuera norma, mandamiento, ley, costumbre. El erotismo casi siempre viene acompañado del perfume del pecado y la transgresión, ya de perdida, de la clandestinidad. Algunos autores, como Alberoni, afirman que los uniformes, imagen del poder, son excitantes eróticamente para las mujeres. Infante, Negrete y otros galanes salían frecuentemente en las películas vestidos de militares. No estoy seguro, pero para probar tal vez un día de estos me disfrazo de general. PUBLICADO EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2004 | EXCÉLSIOR |
