2006, promesas de año nuevo
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De acuerdo a las mejores e inamovibles tradiciones nacionales, hago mis promesas para el año que comienza. Con amplias posibilidades de que ahora rompa la también inamovible tradición y ahora sí cumpla alguna. Este año seré un hombre laborioso, no empezaré el año teniendo como primera solemne actividad, la de revisar el calendario para analizar concienzudamente las fechas en las se puede hacer puente. Seré muy cuidadoso con mis pertenencias, no perderé ninguna agenda, paraguas y/o celular. |
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En caso de retratarme con un candidato a alguna gente importante, resistiré la tentación, no imitaré al “Roñas” y no pondré cuernos a nadie. No desearé la prójima de mi prójimo, esté acompañada o me la encuentre sola en Acapulco. En el mes de junio aprovecharé para dar un ejemplo de civismo a mis paisanos queretanos, me interesaré más por los discursos de los candidatos en las elecciones, en las que se define el futuro del país, que en el campeonato mundial de fútbol. Cuando solicite por “carta poder” el estado de cuenta en el banco, no falsificaré la firma de los testigos. No dejaré acumular cerros de periódicos, folletos y revistas por más de seis meses, con la idea de que pronto los voy a leer. Permanentemente recordaré que el fútbol es simplemente eso, un deporte, y no odiaré tanto a las Chivas rayadas y a su hígado propietario, Vergara, aunque los dos ampliamente se lo merezcan. Aceptaré las limitaciones, por cierto, muy humanas y comprensibles, del América y los Pumas. En relación con mi comportamiento como automovilista, no pensaré que por el solo hecho de poner las intermitentes, podré hacer la arbitrariedad que se me antoje. No creeré en los Bancos ni en su propaganda del “Poder de mi firma”, me arriesgaré a que me asalten, pero no compraré con tarjetas de crédito, que sí es un asalto seguro. No dejaré que se me suba la vanidad de la fama, no me pondré como Jolette de la Academia, ni menos aún como Hugo Sánchez, por las ventas de mis libros sobre la corrupción y la publicación de mi próxima novela erótica. Seguiré sin hacerme pipí en las albercas, incluso en aquellas que tienen el bar adentro. Levantaré las tasas de los baños, también las de las gasolineras. La trataré como Border Patrol a un indocumentado, tendré tolerancia cero, contra esa lonjita que se ha estacionado en mi acariciable cintura. No sé qué hacer primero, si retomar mis cursos de computación o mis clases de inglés, aunque reconozca que a lo mejor en la reflexión sobre qué decidir se me va todo el año. Tengo que terminar con este escepticismo, dejaré de leer las noticias con esa cara de fuchi, de quien siempre le encuentra la popis al atole. Creeré en la honestidad de Montiel y sus hijos, los Bribiesca y en el amor que le tiene Elba Esther Gordillo al PRI; creeré incluso en la versión de la PGR, de que las ejecuciones diarias es resultado de la desesperación de los narcos, porque sienten que están en proceso de extinción. Me debo mantener vigente como intelectual y periodista. En este año de los 250 de nacimiento de Mozart, el bicentenario de Juárez y los 150 años de Freud leeré sus biografías. Quien me da más flojera es Freud, pues aunque estoy de acuerdo con la importancia del sexo, lo encuentro contradictorio, simplemente no creo en el diván. No creo que estar acostado sea la mejor forma para pensar. Interrumpí la redacción de este artículo para ir a la cocina a tomar un vaso con agua, confieso que al pasar por el calendario, no pude evitar la tentación de revisarlo para planear los puentes que voy a tomar. ¡Chin! Ya cumpliré esta promesa el año que entra. Publicado en Excélsior el 12 de enero de 2006 |
