Primero de Mayo: Ocio y oposición
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| Artículo publicado en el periódico Excélsior el 29 de abril de 1982. |
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Este año los problemas no conocieron de plazos y la cuesta de enero parece decidida a no terminarse. Todavía no nos reponíamos de la eliminación de nuestra selección de fut, cuando vino la devaluación, la baja internacional de los hidrocarburos, el alza de la gasolina y los desaires de los Dodgers a Valenzuela. Ya lo único que falta es que uno de estos días de lluvia se le borre el antifaz al Pandita y descubramos que se parece a Flores Tapia. |
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Sin embargo tal vez lo peor, pero lo peor de todo, es que el próximo primero de mayo cae en sábado. Eso si que no hay derecho. Un año sin hacer puente el día del trabajo es algo así como una fiesta de 15 años sin pastel; un mole sazonado con catsup o una barbacoa sin hojas de maguey y cocinada en horno de microondas. Francamente estoy pensando que tras el calendario hay una mano empresarial. Lo cierto es que el tema del ocio es algo verdaderamente muy serio y profundo. Con la reducción de la jornada de trabajo y el aumento del tiempo libre, asistimos al nacimiento de un nuevo hombre, al inicio también de una nueva civilización. No hablamos de un mundo imaginario. Hace aproximadamente 100 años, el hombre medio trabajaba 70 horas a la semana y vivía 40 años. Hoy, un buen número de países, entre los que se cuenta el nuestro, ha invertido las cifras de manera que el hombre trabaja 40 horas a la semana y alcanza un promedio de 70 años de vida. No se trata simplemente de una nueva organización del tiempo, sino de que el ocio, insertado en la vida cotidiana, es un transformador de la cultura, del trabajo, de la economía, de la familia, de la sociedad, del sistema político. En México la semana laboral de 5 días es una realidad que beneficia ya a varios millones de trabajadores. Si a ellos agregamos el número de sus familiares económicamente dependientes, y la solicitud actual por esta prerrogativa de grandes centrales obreras, concluiremos que, en nuestro país, el tiempo libre y la recreación evolucionan rápidamente de privilegio de una minoría a importante derecho de todos. No obstante, el problema del ocio es que, a pesar de su trascendencia social, se le vincula con la holgazanería, la frivolidad, el apoltronamiento físico y la depravación espiritual. Si asumimos, por ejemplo, la campaña electoral en la que el país se encuentra actualmente comprometido como la oportunidad para plantear y replantear los problemas nacionales, triste sería la conclusión al respecto: solamente el partido mayoritario ha organizado una significativa reunión sobre el tema y una de sus utilizaciones posibles, el deporte. Allí, Miguel de la Madrid manifestó su convicción en la trascendencia de la recreación asociada con la educación y su compromiso en esta materia. Que esto constituya una indicación de la importancia que pueda dársele en los próximos años. La oposición, envuelta en el sacrosantísimo manto de la seriedad, no ha organizado, ya no digamos una mesa redonda, sino ni siquiera una declaración formal y concreta de sus candidatos sobre el tiempo libre, y se ha limitado a menciones incidentales. Esto simplemente habla, además de una raigambre, puritana, de su torpeza o ignorancia. Es de lamentarse, pues mucho de nuestro futuro como individuos y como nación, dependerá si hacemos del ocio un arma de lucha y superación del pueblo y no otro instrumento de enajenación consumista al servicio de sus enemigos. |
