Lucha vs. La corrupción. La voluntad política
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Por experiencia les digo, hace apenas unas semanas, convencer a un político sobre las bondades de luchar en contra de la corrupción, era una tarea digna de los Doce Apóstoles reunidos en pleno, acompañados incluso por la Madre Teresa de Calcuta. Y ni así. Ante cualquier llamado a la honestidad, el argumento que tienen los hombres de poder en la punta de la lengua o en ese portafolios listo para lo que pudiera ofrecerse, es pensar que están tratando con un moralista. |
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Y creo que de las peores cosas que hay en el mundo es esto, yo por convicción y mi oriundez queretana, prefiero pasar a la historia como un hijo de Sade o hasta por un aficionado a las chivas, que por un moralista. Coincido con Bobbio: “Un moralista es considerado como un aguafiestas, uno que no sabe seguir el juego, no sabe vivir. Moralista ha llegado a ser sinónimo de llorón, de pedagogo no escuchado y un poco ridículo, de predicador al viento, de fustigador de las costumbres, tan aburrido, como, afortunadamente, inocuo”. Si se quiere callar a alguien que reclama honestidad, nada es más fácil que simplemente decirle: moralista. Como es algo peor que “mocho”, sale corriendo con la cola entre las patas. Al político es necesario convencerlo de las repercusiones de la corrupción con razones muy prácticas y concretas. Sólo así se le puede formar la voluntad política, indispensable para que se lance a luchar en contra de un mal que le provoca tantas bendiciones inmediatas. Con los videos les ha surgido un interés extraordinario. Me preguntan ¿porqué tanto escándalo? Cualquier persona sabe que eso ha sucedido toda la vida. ¿Por qué, entonces? Lo más claro es que sea porque actualmente las necesidades económicas les provocan a los pueblos especial irritabilidad; sea porque la simplicidad de los problemas relacionados con la corrupción, generan una toma de posición inmediata por parte de cualquier gente, independientemente de su nivel educativo; sea porque la contundencia de las imágenes le otorgan a la acusación el máximo de credibilidad. Será el sereno, pero bien podemos decir que la principal causa triunfadora de los movimientos sociales en el mundo, es la lucha en contra de la corrupción. Tras de cada gobernante que ha caído en los últimos diez años, ha habido una protesta en contra de sus pillerías; tras de las crisis internas de los partidos hay una prebenda mal habida. Según hemos comprobado. No hay mayor peligro para la estabilidad política de un país o de un partido, que la acusación de soborno. Recientemente el Grupo Reforma elaboró una encuesta para conocer el perfil idóneo del presidente que México quiere. Las cualidades más apreciadas, las dos empatadas con un 78%, “que sea honesto” y “que sepa manejar la economía”. Con 74% “que procure un México más educado”, pero de inmediato con un 73%. “que procure un México menos corrupto”. Si sumamos las preferencias, por una amplísima ventaja las cualidades más deseadas por los electores están vinculadas con la integridad de la administración y las personas. En síntesis, nada es más cohesivo en la sociedad civil ni provoca más simpatías que las cruzadas a favor de la honestidad. Creo que después de los videos, estamos ante una gran transformación de lo que significa el poder público para los mexicanos, que sea ordenador, justiciero, educador, proveedor, pero sobre todo, que sea austero, transparente, controlador, fiscalizador, honesto. Demos por descontada la voluntad política para resolver el problema pero ¿Qué deberán ahora hacer nuestros políticos? Lo diremos el próximo artículo. PUBLICADO EL 18 DE MARZO DEL 2004 | EXCELSIOR |
