López Obrador, frutas y verduras
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Las campañas presidenciales no levantan, están más aburridas que una misa de dos padres leyendo en latín. Una de las razones del prolongado bostezo electoral, en lo que se están convirtiendo las giras por el interior del país, es que el discurso de los candidatos transita por lo políticamente correcto; no arriesgan nada, sólo falta que al terminar sus intervenciones todos digan: “Y no olviden amiguitos comer frutas y verduras”. ¡Guácatelas! En algunas ocasiones llegan al templete valerosos y como que parecen animarse a hacer compromisos importantes, pero no agarran el toro por los cuernos sino que dejan todo en un desplante mercadotécnico y poco trascendente. |
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Por ejemplo, López Obrador, el candidato que lleva la delantera sin siquiera despeinarse, trae al Presidente como perico a toallazos con eso de su pensión después de que deje el cargo. Cuando la asistencia empieza a cabecear peligrosamente en búsqueda de un hombro que sirva de almohada, el candidato perredista grita que el Presidente Fox se olvide de pasar a la ventanilla por sus más de ciento cincuenta mil pesos. La muchedumbre, asoleada y enfurecida con el gobierno, aplaude feliz. ¿Realmente la pensión del Presidente tiene tanta importancia, como para esperar que al dejarlo sin sus quincenas se mejore la situación del país? Obviamente no, sería mejor que López Obrador abordara el tema de las pensiones y las jubilaciones de los trabajadores y los burócratas. ¿Qué va a hacer su gobierno con el ISSSTE y el IMSS, instituciones claves que exigen del próximo gobierno estrategias radicales de rescate que significarían varios Fobaproas? Ante esta decisión, la pensión del Presidente es el pelo de un gato. Cuando le preguntan al candidato perredista de dónde va a sacar el dinero para cubrir todos sus programas sociales, contesta tranquilamente que bajando los sueldos. No nos metamos en la discusión de si realmente le va a alcanzar el dinero para todo su proyecto social, analicemos de una manera más global el problema de las remuneraciones de los funcionarios. Existe el aspecto de su cantidad, no hay duda, en México son altos, concretamente el Presidente de la República. gana 155 mil pesos mensuales, aproximadamente 186 mil dólares al año. Gana más que el Presidente de Perú, que recibe cien mil dólares; que el de España, 77 mil dólares; ya no digamos que el de Chile, que gana 29 mil dólares. Efectivamente, es necesario revisar el monto de lo que va a ganar el Ejecutivo. Pero existe otro aspecto que omite el candidato perredista, impera una anarquía absoluta en los ingresos de funcionarios y representantes populares, incluso existen alcaldes que ganan más que el Ejecutivo. López Obrador deberá recordar del escándalo que se armó con el salario del famoso “Nico”, si bien su lealtad no tiene precio, realmente parecía demasiado para las labores que realizaba. Eso fue lo que provocó la indignación y lo que debe resolverse de fondo. Demos el remedio y el trapito. Que el Congreso meta orden en este relajo de los ingresos de los funcionarios y representantes populares en toda la República, que legisle un tabulador de retribuciones. En relación al monto, que se haga como lo propuso el estudioso, Ramón Cantoral, que las cantidades sean fijadas en relación con el ingreso per capita del país; el salario profesional y las condiciones económicas y sociales del país. Las campañas siguen sin emocionar, una manera de desamodorrar a los electores es que los candidatos dejen de abordar los problemas nomás por encimita. Necesitamos estadistas no oradores para la galería. Publicado en Excélsior el 09 de marzo de 2006 |
