Libertad: El voto y el futbol
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| Artículo publicado en el periódico Excélsior el 17 de junio de 1982. |
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“Todo juego es en primer lugar y antes que todo una acción libre”. Huizinga El hombre y el animal juegan, la única diferencia es que el hombre juega toda la vida. Será por eso que aplicamos la palabra a un sinnúmero de cuestiones: “jugamos” al amor, a la guerra, a todo, siempre y cuando haya algo en “juego” por lo cual “juguetes” del destino que hacemos “juegos” de palabras. |
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Los medios de comunicación han revelado hasta qué punto el mundo comparte esta atracción antiquísima del hombre por el juego. El fútbol ha reunido ante la televisión a 1,300 millones de espectadores y de improviso una extraña corriente de simpatía a sus semejantes invade a los hombres. Se rompe la agresividad o llanamente la timidez, se pregunta ¿cómo van? Y se intercambian risas, desaliento, y ay de aquel que no sepa el resultado, no identifique a Maradona y no le prenda veladoras a Brasil: está más solo en este mundo que el bíblico de Jonás dentro de la ballena. ¿Pero qué tiene el fútbol que hechiza a ciudadanos de todas las latitudes, niveles económicos y costumbres? Quizás el juego tiene esencias de la misma condición humana. En él se brinca, se corre, se patea, se echan maromas. Es el hombre que se manifiesta en toda su capacidad motora, pero también es el juego como procreación espiritual, espontaneidad, imaginación; en suma, en el juego se transita por la columna vertebral de la vida: la libertad. Ahora bien, en su recorrido histórico la Humanidad ha jugado pero también ha luchado, curiosamente para gozar de otras libertades: individual, política y económica. Primero por erradicar la esclavitud, después por lograr que todos participen sin limitaciones en los asuntos públicos y, por último, por las bases materiales para que la libertad no sea entelequia sin sentido. La libertad, no obstante, no es una conquista que se gane en una sola batalla, sino un compromiso cotidiano y colectivo. Por ello, cuando Miguel de la Madrid afirma que prefiere un voto en contra de una abstención, se quita el ropaje partidista y exhorta simplemente a que ejercitemos nuestra capacidad de elección, pues sólo somos libres cuando hacemos por la libertad y vivimos por ampliar permanentemente lo que nos ofrece. En consecuencia, no votar va más allá del quedarse estático en la cancha, es renunciar a seguir jugando, es invitar a que se acabe la vida y la alegría del juego y llegue la seriedad opaca, sin alternativas ni horizontes de la dictadura. Si el juego nos prepara para la vida, su importancia se inicia cuando el juego termina. La reivindicación de la libertad por medio del movimiento no será suficiente. Que el Campeonato Mundial de Fútbol sirva a la humanidad y a los mexicanos para establecer compromisos más profundos con nuestras responsabilidades como ciudadanos. Que el juego no sea opto evasor, sino un ejército más de la soberanía individual que nos estimule a conservar y enriquecer la esencia de lo que queremos ser también en sociedad: libres. |
