Legisladores. La irresponsabilidad
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Cuando se discutió en la Cámara de Diputados la iniciativa del voto de los mexicanos en el extranjero, escribí en estas mismas páginas un artículo que se titulaba: “Voto en el extranjero. ¡Por favor no!” Fustigaba a los legisladores: “Con la aprobación del voto de los mexicanos en Estados Unidos, la Cámara de Diputados escribió una página poco honrosa y si me apuran en poco, diría que francamente irresponsable. Sorprende que la aprobación del dictamen de la iniciativa haya sido por una amplia mayoría, y por parte de todos los partidos, cuando riesgos tan evidentes ameritaban un mayor debate y un voto más matizado”. |
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“Varias hipótesis sobre este inusitado consenso. Los diputados estaban presurosos por agradecer las remesas económicas de nuestros paisanos, que se han convertido en un ingreso fundamental para el sostenimiento del barco nacional. Es una estrategia tanto para lavar culpas, como para ganar el apoyo de nuestros emigrantes en la contienda electoral. PRI, PAN y PRD hacen cuentas alegres de cómo se repartirían a estos votantes. Los legisladores no quisieron tomar el riesgo de provocar animadversión de un grupo de electores numeroso y con billete verde, sin mucho pensarlo le pasaron la papa caliente a los senadores”. “La decisión tiene gravísimas repercusiones y provoca tantas situaciones inéditas, que simplemente no podrán solucionarse para las próximas elecciones. Desde el presupuesto, el costo para llevar a cabo el proyecto es altísimo, según algunos cálculos, entre mil y cuatro mil millones de pesos, los diputados aprobaron doscientos millones de pesos. En un presupuesto que está de mírame y no me toques, habría la necesidad de cambios que retumben las arcas nacionales”. En el artículo destacaba lo absurdo de la justificación de los diputados para impulsar la reforma legal con el argumento de la cantidad de votantes. Lo hacían a ojo de buen cubero pues no tenían idea del padrón, manejaban entre cuatro y diez millones de votantes. Después de las restas y depuraciones consiguientes, se calculaba que de Estados Unidos llegarían la cantidad de cuatrocientos mil votos a las elecciones presidenciales. En una votación tan reñida podrían ser el fiel de la balanza. Sueños guajiros, el proceso se inició formalmente el primero de octubre y concluirá el 15 de enero. ¿Sabe usted cuántos llevamos? Dos mil ciento dos (2,102) registrados. No importa que en las campañas publicitarias aparezca Javier Aguirre y otras personalidades haciendo activismo por el voto, se calcula que vamos a llegar a diez mil. El costo de cada voto es de locura, entre cuarenta y ochenta mil pesos, por esa cantidad podemos traer a los votantes en avión, en clase de primera, y apoyarlos para que echen andar un changarro, y que ya no regresen a Estados Unidos. Alguien podría pensar que el problema del desdén absoluto de nuestros paisanos para ejercer su derecho a participar, responde a que no están bien enterados. No es cierto, ha habido una intensa campaña en Estados Unidos en la que se otorga información sobre el procedimiento para ejercer su voto. El problema es que se trata de campañas cívicas, los candidatos presidenciales por ley no pueden viajar al extranjero para realizar propaganda. Está difícil que los electores se entusiasmen por las elecciones sin vivir la confrontación cotidiana de los candidatos. Los partidos tampoco pueden hacer proselitismo. Son unas elecciones huecas y sin emoción. Fue muy grave la irresponsabilidad de los legisladores al otorgar el voto en el extranjero. Deberíamos de someterlos a un juicio político.
Publicado en Excélsior | 08 de Diciembre de 2005 | |
