La última crisis, emancipación de la mujer
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Influidos, quizás, por algunos de los arquetipos femeninos consagrados en la Biblia, durante muchos años, a través del cine y la música ranchera, se impuso en México un concepto de la mujer terriblemente contrapuesto. Las mujeres oscilaban en las canciones y en las películas como ejemplos de moralidad, de virtud, de abnegación y pureza, o en su caso como portadoras de una belleza cruel, maléfica, traidora, que provocaban y perdían a tal punto a los hombres que ni hablando a Locatel se les podía encontrar. |
| Toda proporción guardada, las mexicanas podían asumir los roles de la Virgen María o el de Salomé y sus rituales eróticos pidiendo la cabeza de algún Juan Bautista. En términos cinematográficos los personajes eran, del lado bueno y lacrimógeno, Sara García o Libertad Lamarque; del bando maléfico, María Félix o Ma. Antonieta Pons.
Los mexicanos en la vida real no dudaban, por supuesto, casarse o imaginarse como mamá a algunas de las primeras, pero no dudaban tampoco, mejor vivir con alguna de las segundas. México se ha modernizado, y hasta organizamos un congreso mundial sobre la mujer, en el que por supuesto designamos a un hombre para presidirlo. Sin embargo, me parece que poco, tal vez muy poco, ha cambiado el concepto de los mexicanos sobre el sexo opuesto. Presiento que la cacareada igualdad jurídica no ha cambiado los modelos de opinión dominantes y menos aún los sistemas de conducta hostiles y degradantes. La mujer sigue siendo percibida y tratada por la mayoría de los mexicanos como un ente creado por y para el hombre; un ser condenado por su fatalidad cromosomática. Ahora bien, la historia parece dar siempre la revancha a los derrotados. La grave crisis económica obliga a un número cada día más creciente de mujeres a dejar sus representaciones idílicas, o sus poco apreciadas celdas hogareñas, y salir a buscar trabajo. ¿Cómo se transformarán las relaciones sociales cuando un ejército de mujeres salga con su curricula a luchar por un empleo? Ante esta prosaica y terrenal ambición ¿se cambiará ese concepto, en la mejor tradición de los tríos yucatecos, de la mujer como flor, adorno, poesía, bálsamo, objeto divino de conquista? ¿Cómo repercutirá en la familia cuando las madres con el aviso de ocasión en las manos, dejen la cocina, el bordado, las telenovelas, las tareas infantiles o los weight watchers? ¿Qué pasará, seria y profundamente, con todo nuestro sistema de convivencia? El problema desborda las predicciones o los llamados de alerta exclusivamente económicos y se inserta en el núcleo mismo de nuestro destino como nación. Sería conveniente, tal vez en el área de funciones de la señora Paloma Cordero de De La Madrid, promover las posibilidades de capacitación para las mujeres que les permita acceder al mercado de trabajo en circunstancias de mayor dignidad, pero sería fundamental propiciar el estudio de todo aquello relacionado con la mujer y los efectos que tendrá para el país entero la destrucción insoslayable de la división degradante de funciones. Si la carestía obliga a todos por igual a trabajar y a participar políticamente, esto tendrá como consecuencias lógica replantear la identidad y la especificidad de la condición femenina. Si no queremos un catastrófico shock social, el Estado, como principal responsable, deberá colaborar a la emancipadora de las mujeres y a la conquista de su nueva dimensión profesional y política. Si el Estado cumple con este deber, habrá sido la más bella, la más fructífera y la última de nuestras crisis. 09 de diciembre de 1982 |

Estimado Edmundo:
Soy alumno de la universidad anahuac de queretaro, estudio la carrera de direccion y administracion de empresas. Me gustaria saber si pondras tu libro de Historia Economica Mundial en internet. Mi profesor, el Lic. Roberto del Valle, nos lo ha recomendado. Muchas gracias
Estimado Sebastián, soy bastante olvidadizo, pero te juro que no me acuerdo haber escrito el libro que mencionas. Si lo llegas a encontrar no dejes de avisarme para reclamar mis regalías. Estoy a tus órdenes y no dejes de visitarnos. Saludos afectuosos para tí y tu maestro. Edmundo.