La trampa: Entre radicalismos
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| Artículo publicado en el periódico Excélsior el 23 de septiembre de 1982. |
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Cuenta una vieja leyenda que vivían en un pueblo un filósofo y un envidioso. Este último, cansado del reconocimiento y admiración que provocaba el pensador entre los ciudadanos, decidió ponerle una prueba que lo desacreditara para siempre, con este propósito, en una asamblea popular el envidioso se dirigió al filósofo con un gorrioncillo en las manos y le preguntó: “¿Este gorrioncillo está vivo o está muerto?”. |
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Su intención era apretarlo con las manos hasta matarlo si la respuesta era “está vivo” o, en su caso, si contestaba “está muerto”, simplemente lo dejaría volar. El filósofo adivinó la trampa y dijo: “La vida de este gorrioncillo como tu vida están en tus manos, pero lo más importante es que la vida y el destino del pueblo siempre debes estar en las manos del pueblo”. Prueba semejante ocurrió en este mes de la patria. La nacionalización de la banca ha sido un parte-aguas histórico que ha obligado a la casi totalidad de los grupos organizados del país a tomar una posición ante las medidas. Los desplegados no cabe duda, se dirigen al Presidente de la República, pero más de uno implica o abiertamente enfocan su solidaridad o reclamo al Presidente electo. En términos coloquiales es “te hablo José, pero para que me entiendas Miguel”. En este sentido, y aquí viene la prueba, algunas facciones no se han limitado a testimoniar su apoyo o rechazo a la nacionalización sino que, más allá de la coyuntura de los decretos, manifiestan paranoias, temores, y erigen horribles fantasmas. Para los afectados por la medida y sus compañeros de clase, la intervención del Estado en la economía significa caer en las garras del totalitarismo, pérdida de garantías, no proseguir las expropiaciones quiere decir retroceso, transacción, tibieza, traición al país. De esta forma cuando días después de las medidas llegó la comisión de la Cámara a notificarle a Miguel de la Madrid que había sido declarado Presidente electo, aparentemente éste se encontraba ante la trampa inminente de encasillarse como un marxista-leninista inflamado por pérfidos y compulsivos deseos de mayores expropiaciones o, en su caso, como un tímido liberal trasnochado, con inclinaciones a convertirse en agente del imperialismo. En su discurso de aceptación, Miguel de la Madrid rechazó esta falsa disyuntiva. Se refirió a su plataforma electoral que mayoritaria y abrumadoramente votó la ciudadanía, reiteró su “solidaridad política con el Presidente” pero fundamentalmente subrayó que será la voluntad nacional la que guiará su gobierno y se comprometió a continuar y profundizar en la consulta popular. Es decir, será desde las bases y desde dentro del país y no desde afuera o desde lo alto, como se tomarán las decisiones que exige el futuro. El discurso del Presidente electo cambió los términos amañados del debate, negando los falsos maniqueísmos de la situación, pero fundamentalmente advirtiendo los peligros del actuar de las facciones. A la prepotencia de un sector del capital privado que lo mismo puede ser sumiso, confuso o provocador, y a la responsabilidad política de los que pretenden no perder el liderazgo de la supuesta aureola de progresismo, es necesario enfrentar la opinión pública informada, la organización y la movilización de la voluntad popular. “La vida y el destino del pueblo, siempre deben estar en las manos del pueblo”. |
