La modernidad. Gobernar con el partido
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El Presidente concedió una entrevista al órgano oficial del PAN, “La Nación”, en la que afirmó su convicción de que se modernizaran las relaciones entre el Ejecutivo y el PAN, se pronunció por un mayor apoyo del partido a los proyectos presidenciales. |
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El Presidente no entró en detalles, pero evidentemente la modernización tendría que significar el regreso a las prácticas de convivencia política del PRI con el Ejecutivo. Después de dos años de un gobierno en el que ha prevalecido, creo yo, una enfermiza distancia entre el Presidente y el PAN, definitivamente parece necesario revisar el tema. Como señalamos en un artículo anterior, el cambio que ha tratado de impulsar Acción Nacional, más bien su cúpula, ha dejado mucho que desear. El PAN a diferencia del PRI, ya no es su brazo electoral, pero no sólo eso, una simple cercanía con el Ejecutivo puede ser motivo para que un candidato pierda posibilidades de postulación. El PAN tampoco se encarga de cooptar a miembros de la oposición, sino al contrario les hace inmediatamente el fuchi si los descubre en cargos oficiales; no ha tenido esa función incluyente que tenía el PRI. El PAN no se siente obligado a negociar en las Cámaras las posiciones del Presidente sino que el partido impulsa sus propios proyectos. El PAN ni siquiera intenta disciplinar a sus miembros que manifiestan su inconformidad abierta al Ejecutivo. Hay más. El PAN no intenta movilizar a los grupos populares a favor de las posiciones presidenciales, tarea en las que era especialista el PRI. El ejemplo más destacado fue sin duda cuando el Presidente Cárdenas realizó la expropiación petrolera, el PRM organizó unas movilizaciones de masas que dejaron sin aliento a las compañías extranjeras y a los gobiernos que acariciaban la posibilidad de alguna intervención. ¿El PAN hizo algo en el caso de Atenco, de las recientes protestas campesinas o ya de perdida a favor de la posición de México ante el problema de Irak? Antes de cada elección el entonces partido en el poder hacía un programa mínimo electoral. En negociación con el candidato presidencial, o con el Presidente, en el caso de elecciones intermedias como las próximas, el PRI conciliaba los proyectos del Ejecutivo con los documentos básicos del partido, como resultado de ello presentaba su plataforma legislativa. Ahora no tengo conocimiento de algo semejante. Al principio de su vida el PRI fue un impulsor de la cultura nacional, en la medida en que su principio ideológico unificador era el “nacionalismo revolucionario”, fomentaba la defensa de los símbolos nacionales, los debates y los estudios sobre temas históricos o el rescate de tradiciones. Con el tiempo descuidó totalmente esta tarea e incursionó en la diversión y la práctica de los deportes. Se organizaba todo tipo de espectáculos y competencias que concluían ineludiblemente en actos de apoyo presidencial. El PAN no contempla entre sus actividades nada de esto. El Presidente tenía en el PRI su mayor apoyo ideológico. Esta actividad incluía varios aspectos, desde la difusión de los discursos presidenciales, su glosa por miembros destacados del partido, hasta el debate con los otros partidos. El PAN ni difunde ni glosa las tesis presidenciales, aunque frecuentemente sí sale a la palestra cuando se critica al Ejecutivo. Las próximas elecciones han enfrentado al PAN a una realidad, la imagen presidencial es su principal patrimonio, prueba de ello es que su propaganda electoral pone el dedo en el cambio. Este hecho deberá obligar a la cúpula panista a revisar sus relaciones con el Ejecutivo. PUBLICADO EL 20 DE FEBRERO DE 2003 | EXCÉLSIOR |
