La corrupción. Sus causas XII y, ¡puf! último
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Después de analizar todas las causas de la corrupción en México ya podemos distinguir algunas características que tiene el fenómeno es nuestro país. 1) Nuestra corrupción es un síntoma, una llaga purulenta, pero no es propiamente la enfermedad. Es una especie de calentura que refleja todo el mal que invade nuestro sistema de convivencia. ¡Claro! Ya en el camino, causa y efecto, síntoma y enfermedad, se juntan para retroalimentarse y cimentar con más solidez su cochambrosa existencia. |
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2) Nuestra corrupción, en consecuencia, no es un hecho aislado, no se trata de una oveja negra que podamos fácilmente distinguir, una manzana podrida que sólo basta sacarla de la caja. Los casos que conocemos con nombre y apellido son producto de todos: un ambiente corrupto; una estructura cultural, económica, política y social, que invita a que se impongan los intereses privados sobre los públicos. 3) Nuestra corrupción ha crecido y se ha desarrollado como el hermano siamés de nuestro sistema político. En la medida en que hemos evolucionado en el perfeccionamiento de nuestra democracia, no digamos que hemos disminuido los niveles de deshonestidad, pero sí que los tipos de corrupción han cambiado. A un presidencialismo personalista y carismático; al centralismo, a la hegemonía de un partido; a una estructura corporativista, correspondía la extorsión, como principal práctica ilegal. A un maridaje del poder político y económico, a un acceso al poder público por parte de la clase empresarial, el peligro es el soborno, el trafique de influencias y de información. Antes, el funcionario podía coger el dinero del cajón y echarse a correr, o quizás amenazar al usuario que no quisiera darle dinero por el servicio. Ahora, es cuestión de hacer “negocitos”. Antes, la corrupción se concentraba en el gobierno, hoy la encontramos, o apenas la descubrimos, en la iniciativa privada, en los partidos políticos, en los sindicatos. Antes era el “aceitito” para que funcionara la burocracia, ahora es el Fobaproa o el narco. 4) Hemos avanzado en el equilibrio de los poderes y en su control recíproco, pero donde todavía está tierna y enclenque la participación es en la vigilancia de la sociedad y de las organizaciones intermedias en los actos de poder. En este rubro es un aliciente el nuevo periodismo de investigación que ha tomado a la corrupción como uno de sus grandes temas. 5) No hay nadie que pueda dudar que la mayor razón de la impunidad nacional y la corrupción generalizada de México ha sido, no sólo la aceptación, sino hasta la admiración popular, para todos los funcionarios que se enriquecieron en forma ilícita. La “mordida” era parte de nuestro folklore nacional, como podían ser las calaveras de Posadas. Los funcionarios rateros no tenían ningún problema de culpa, no porque fueran insensibles, sino porque hasta los ciudadanos les festejaban sus “travesuras”. Como bien lo señala el Banco Mundial, la corrupción sólo se puede controlar cuando los ciudadanos dejan de tolerarla. 6) El gobierno del Presidente Fox ha tenido avances muy reconocibles en la lucha en contra de la corrupción, pero como que el tema se marchita peligrosamente. Ojalá que sea retomado con nuevos bríos los próximos tres años. Tiene dos presiones: la globalización, pues los países cada día exigen más honestidad de sus socios comerciales. Y los ciudadanos, que han aumentado su capacidad de indignación. Es obvio, en momentos de guerra es la traición el delito más castigado, en estas circunstancias económicas, duras y difíciles, la corrupción es lo más detestable. PUBLICADO EL 17 DE JULIO DE 2003 | EXCÉLSIOR |
