La corrupción. La crisis del cambio
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“La corrupción en México está en crisis, de acuerdo a la definición de la palabra: cambio considerable para mejorar o para empeorar en el curso de una enfermedad”. Esto lo escribía apenas hace unas semanas en las conclusiones de mi libro: “Corrupción. Patología Colectiva”. Todo indica que la situación, lejos de mejorar ha empeorado. La balanza de la crisis se inclinó del lado del agravamiento del problema. Varios son los síntomas de de este diagnóstico. |
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El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado realizó una encuesta en la que encontró que una quinta parte de los empresarios pagan sobornos, la suma asciende a 52 mil millones de pesos. El hecho prueba la faceta de una corrupción, aquélla en la que iniciativa privada y funcionarios públicos se ponen de acuerdo para escamotear el interés público, pero también se deduce otro hecho incontrovertible, la corrupción de amplios sectores de empresarios que, sin recurrir a la mano amiga del burócrata, trasgreden los principios de la propia empresa y del orden jurídico para obtener ganancias ilícitas. En suma, hace tiempo se había descubierto y ahora es un fenómeno incontrovertible: la corrupción no es monopolio del gobierno. La cuestión electoral sigue siendo una asignatura pendiente de nuestra democracia, antes la preocupación era que los votos contaran y se contaran bien, ahora la trampa está en las precampañas. Se calcula que los gastos de esta etapa previa por parte de todos los precandidatos serán de cien millones de dólares, para tener una idea, en Estados Unidos en las campañas institucionales para presidente, los partidos recibieron 150 millones dólares. ¿De dónde salió ese dinero? ¿Cómo lo van a pagar los candidatos ganadores? Difícil saberlo, pues no hay fiscalización sobre esos recursos, la corrupción se hace imparable. Si el poder se compra con dinero, el poder sólo servirá a los que lo dieron. Otra modalidad de la corrupción está en los funcionarios que aspiran a un cargo de elección popular y que son de todos los partidos. Mientras no utilicen los recursos públicos y hagan proselitismo fuera de las horas de oficina, vale de todo. Durante la semana andan con una doble cachucha y así lo dicen en las entrevistas: “Ahora estoy hablando como miembro del gobierno, ahora como precandidato”. Se supone que de lunes a viernes se dedican a trabajar y el fin de semana a su ambición personal ¿Quién puede creer en estos funcionarios de semana americana? ¿Quién es el ingenuo que considere que los actos de campaña no se preparan durante el tiempo de labores, sino hasta que tocan el timbre de la salida el viernes por la noche? ¡Por favor! Lo más grave de la crisis del tema de la corrupción han sido las acusaciones al Ejecutivo y a la Señora Sahagún, por enriquecimiento inexplicable y tráfico de influencias. Anteriormente este tipo de denuncias ameritaron por parte del gobierno una respuesta contundente, una aclaración precisa o el despido del involucrado. Ahora simplemente se negaron los hechos, sin mayores pruebas o argumentos. Ante la opinión pública el gobierno sólo planteó: la palabra de los acusadores contra la nuestra. Dudo que sea suficiente. No hay nada que provoque más descontento en la sociedad que la corrupción, Vicente Fox pudo ganar las elecciones porque fue capaz de engendrar la confianza de que se avanzaría en la solución del problema. La crisis de la corrupción es la crisis del cambio. Hoy jueves a las 18 horas, en las instalaciones del INAP, en el kilómetro 14.5 de la carretera vieja a Toluca, se presentará mi libro. Ojalá me puedan acompañar. Publicado en Excélsior | 25 de Agosto de 2005| |
