La corrupción. Imparable
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No pasa una semana en la que el país no se vea sacudido por la noticia de un acto de corrupción. El saqueo de los recursos es inclemente y si hay alguien que no puede quejarse de falta de inspiración son los pillos, que parecen pagarle horas extras a las musas de la deshonestidad; su imaginación es inagotable y la falta de escrúpulos va en aumento en el servicio público. Los desastres naturales se quedan chicos ante otro peor desastre: la cleptocracia. |
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El último caso denunciado es el de la Señora Carmen Segura, encargada por el gobierno para auxiliar con los recursos públicos a las víctimas de los desastres naturales. Todo indica que la coordinadora de la ayuda oficial no se conmovía ante la angustia, necesidad y sufrimiento de los afectados. La funcionaria y algunos miembros de su banda, perdón, de su equipo de trabajo, son acusados por la Función Pública de hacer negocio con agua embotellada, impermeables y pares de botas. Ante esta nueva pústula de corrupción es difícil precisar lo que es más indignante: la tardanza de las autoridades para tomar cartas en el asunto, pues la Señora Segura estaba acusada desde el año 2002; la concha de los investigadores, ni el atentado contra su vida que sufrió el denunciante, les despertaba la sospecha de que podría haber algo irregular; la cantidad del fraude, un mil 321 millones de pesos; el número de funcionarios que tuvieron que hacerse, no los muertos, sino los vivos, para que se diera semejante saqueo. Obviamente, el “sospechosismo” salpica hasta al jefe superior de la Señora Segura. Lo que deja sin aliento, donde la ficción se queda en pañales ante la realidad, es cuando el PAN le presta a la Señora Segura sus instalaciones, cámaras y micrófonos, para que responda a la Función Pública. No conforme con esto, la militancia, dirigencia partidista y su candidato presidencial, le ofrecieron todo su apoyo “moral”. Sólo faltó que la propusieran para que recibiera la medalla Belisario Domínguez. El hecho es escalofriante, para lo que el gobierno del Presidente Fox es un baldón, para el PAN es un blasón. En el libro de reciente aparición que escribí sobre la corrupción (Si no lo ha leído, usted se lo pierde), propongo varias soluciones al problema de la corrupción, la primera de ellas es el ejemplo de nuestra clase política. Ilustro mi propuesta con un ejemplo. En una ocasión se amotinaron los soldados de Alejandro Magno, le explicaban que ellos arriesgaban la vida en las primera filas de la batalla y no recibían a cambio la parte que creían les correspondía del botín. Alejandro, con su espada, atravesó el pecho del líder de los amotinados. Se subió a una mesa y gritó: “Enséñenme sus cicatrices y yo les enseño las mías”. Acto seguido les mostró su pecho en el que se veían las huellas intensas de los combates. Los soldados lo aclamaron. El ejemplo no necesita el discurso de la prueba, supera a la palabra en la teatralidad y genera en forma inmediata de la autoconciencia. El ejemplo rompe la divisoria entre el deber ser y el ser, los une en la realidad. Sin moralismos goza los beneficios de la conducta ideal y despierta la imitación. Nadie duda que la corrupción es la causa original de la mayoría de los problemas en México; en relación con los otros problemas, es la causa por la que no se pueden resolver. La realidad es que nuestros partidos, dirigentes y candidatos no son ejemplo ético de nada, pero de lo menos, es de honestidad. Incluso en sus discursos, cuando abordan su estrategia para combatir la corrupción, hacen extraordinarios esfuerzos de control, temen que les pueda ganar la risa.
Publicado en Excélsior | 01 de Diciembre de 2005 | |
