La corrupción. El escándalo, beneficios y riesgos
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Muchos son los gobiernos que utilizan el escándalo como un arma contra la corrupción, la forma más simple para sacudir a la opinión pública y obtener su apoyo es con la aprehensión de los llamados “peces gordos”. En México se intentó recurrir a esta estrategia e incluso se utilizó el término comúnmente conocido en la teoría sobre el tema. |
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Lamentablemente de la utilización del manual las autoridades sólo recurrieron a la palabra, después se lanzaron con una improvisación que el mismo “Borras” hubiera parecido un jugador de ajedrez. Aplicaron lo que mandan los cánones, pero exactamente al revés, del efecto boomerang aún no se recuperan las autoridades responsables. Antes de pensar sobre la posibilidad de sacar a la luz un escándalo es necesario estar totalmente seguro de la ilegalidad y la clandestinidad del acto; el dolo y la culpabilidad de los acusados; lo abrumador de las pruebas; lo absolutamente inobjetable de la mala intención de los pillos; la comprobación del daño y la magnitud considerable del mismo. Esto exige evaluar las posibles defensas y reacciones de los acusados y de los otros miembros de la clase política que de seguro van a intervenir. Pues un escándalo es como una fiesta de rancho, empiezan dos el pleito pero en la bronca acaban todos metidos. Pareciera que para el acusador todo fuera comer y cantar, pero ya vimos que no es así. Si alguno de los elementos anteriores no adquiere contundencia, ya sea porque no está plenamente comprobado el delito, las pruebas del acusador son endebles o posiblemente lo afectado es sin importancia, este atrevimiento de despertar a la ciudadanía de su amodorramiento, de no provocarle esa alegría lúgubre del escándalo, la paga el audaz con un costo muy superior al daño que imaginaba provocar. No es para menos, levantar del colchón de la inercia a la sociedad, en medio de estrépitos y aspavientos, enfurece a cualquiera. Es necesario analizar la circunstancia política, la coyuntura. Si la cloaca se destapa antes de unas elecciones, en el momento en que se ha provocado un conflicto con ese grupo, o cuando se viva un momento especialmente difícil de los denunciantes, la acusación de corrupción llevará la carga de que se trata de un acto de revancha, abuso, desquite o desviación de la atención ciudadana para no se percate de asuntos más graves. Algo que no debemos pasar por alto, la provocación de un escándalo genera un colapso en la agenda política. La atención se concentra en los hechos y los denunciados romperán lanzas con los acusadores. Las negociaciones se suspenden. Así sucedió en la acusación del Pemexgate, en todos los lugares de encuentro con el gobierno, el partido denunciado hizo sentir su peso. Lo que está en juego no es cualquier cosa, insistimos, es la reestructuración del poder. Los participantes están conscientes que al terminar un escándalo de corrupción habrá nuevas identidades y estereotipos, en el aire están los calificativos de desvergonzados, inmorales, honestos o rateros. ¿A quién le caerán? La defensa intentará desmentir el acto o disminuir su trascendencia, pero si no le fuera posible, acto seguido su propósito será revertir la situación con una denuncia exactamente igual a los acusadores. La estrategia es dar la impresión de que, al fin y al cabo, todos somos iguales y todos somos culpables. No hay nada de qué sorprenderse. Por esta razón es necesario pensar muy bien el escándalo por corrupción, pues como señalan los rancheros, si tienes techos de vidrio, cuídate de tirar piedras en el terreno del vecino. PUBLICADO EL 15 DE ABRIL DEL 2004 | EXCÉLSIOR |
