La corrupción. ¿Se puede medir?
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Los lectores escriben. Sus comentarios están relacionados, uno se queja de que desautoricé de un plumazo, “y prácticamente sin argumentar”, las cifras de Transparencia Mexicana sobre el costo de la corrupción; el otro pregunta a qué se refiere una asociación de publicistas que hace campaña en contra de la deshonestidad, cuando afirma que México ha reducido dos puntos su nivel de corrupción. Respondo. |
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Francisco Barrio, el anterior secretario de la entonces Contraloría, quizás por su formación -contador público-, era entusiasta de las cifras. En alguna ocasión señaló que por corrupción se fugaban del país 30 mil millones de dólares, posteriormente fijo la cantidad de 450 mil millones de pesos. También hizo mención a que en México se acabaría la corrupción en 25 años, finalmente manifestó que en el gobierno no había mucha gente corrupta: “Sólo el cinco por ciento son pillos”. En cada ocasión que el ex secretario Barrio pronunciaba una cifra, en mis colaboraciones periodísticas me permitía, respetuosamente, solicitarle la investigación en la que se basaba y manifestarle mi escepticismo a la validez, exactitud y precisión de sus datos. Nunca obtuve una respuesta. Por mi parte, le daba testimonio de que no eran ganas de fregar y le argumentaba las razones de mis dudas. Germán Ríos, investigador venezolano, escribe: “Dada la naturaleza ilegal y secreta de las transacciones corruptas, es prácticamente imposible calcular cuánto es y cuánto cuesta la corrupción”. En el libro Corrupción y Cambio, patrocinado por la Secodam, en el sexenio pasado, se afirma, “De hecho, la mayoría de los estudios generales sobre la corrupción emplean indicadores indirectos de percepción pública o empresarial, que enfrentan múltiples y muy serios problemas de medición”. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE, reconoce: “Los datos sobre la corrupción son inciertos, porque las transacciones son subrepticias por definición”. La Secretaría de la Función Pública convocó a una investigación sobre la corrupción y es significativo que dos de los tres premios hayan versado sobre los índices de percepción de la corrupción que elabora Transparencia. Ambos autores coinciden en señalar que sus datos están hechos con una metodología imperfecta y poco confiable, en consecuencia, es necesario prevenirse y alentar a la opinión pública sobre lo remoto de obtener índices precisos. Las razones son las siguientes. A los encuestados se les pregunta acerca de sus percepciones sobre la corrupción, en otras palabras, como diría Cantinflas: ¿Cómo la ven desde ahí? Estas percepciones son difíciles de medir, pues, como señala Gustavo Mazcorro, tienen el problema de la subjetividad. El encuestado, para responder, recurre a una información indirecta e independiente de él. Pongamos un ejemplo que nos da el otro premiado, Renato Busquets. Lo más probable es que el entrevistado se deje llevar por los reportes periodísticos; en ese sentido, la mayor percepción sobre la corrupción siempre adquiere su punto máximo al principio del sexenio, cuando el nuevo gobierno mete a la cárcel a los corruptos. Conforme pasa el sexenio, la percepción disminuye, pues deja de haber escándalos que aparezcan en la prensa. ¿Esta es la realidad? De acuerdo con los sexenios pasados, al principio de los gobiernos es cuando existe la menor corrupción, es al final, con el famoso “Año de Hidalgo”, cuando se llega a los peores niveles. La percepción del encuestado es totalmente contraria. El tema resulta fundamental para la política de corrupción y es necesario profundizar en el próximo artículo. PUBLICADO EL 05 DE FEBRERO DEL 2004 | EXCELSIOR |
