Krauze. Su propuesta
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En mi colaboración pasada manifesté mi entusiasta coincidencia con el diagnóstico de Krauze sobre el desbarajuste que existe en el ambiente político nacional, que se refleja en un ruido y confusión que empobrecen el debate público. Como en toda circunstancia en la que no se piensa ni se dialoga bien, la actuación y los resultados de la política son para llorar. |
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Lo que me despierta dudas es la propuesta del destacado intelectual para salir de “Babel”. Antes de señalar los motivos de mi escepticismo, nuevamente ratifico mi felicitación al historiador. Crítica que no deriva en alguna sugerencia de solución crea pestilencia, para evitar tan fea consecuencia, Krauze no se conformó con apuntar los problemas sino que también aportó el remedio y el trapito. La propuesta del escritor y la revista que dirige, “Letras Libres”, consiste en crear un “Comité de Opinión Pública”, que se encargue de organizar debates públicos sobre los grandes problemas nacionales. El Comité estaría integrado por “reconocidos intelectuales, académicos y periodistas”. El Comité se pondría de acuerdo sobre el tema por analizar y propondría a los participantes que lo debatieran públicamente. De lo que se trata es de “poner orden” y llegar a acuerdos consensados. Uno de los problemas, afirma la presentación de la propuesta, es que “no se consulta la opinión de los que saben”. Aquí siento el primer escalofrío. Recuerdo que en una ocasión alguien le recomendó a Talleyrand a un intelectual para que entrara a su equipo de trabajo. Después de ponderar las cualidades del prospecto, remachó con una frase apabullante: “Lo sabe todo”. Tiempo después el gestor del empleo, al percatarse que no había sido integrado al ministerio a su recomendado, increpó a Talleyrand sobre los motivos. Éste contestó: “Sí lo entrevisté y efectivamente, como tú dijiste, lo sabe todo. El problema es que…, es lo único que sabe”. ¿Qué significa “saber” para Krauze? ¿Sabe sobre la pobreza el intelectual que ha leído metros de anaqueles de libros sobre el tema? ¿Sabe más el pobre que nunca ha “sabido” lo que es comer tres veces al día? Si sólo se va a invitar a los “reconocidos”, intelectuales, académicos y periodistas ¿De lo que se trata es de formar un grupo selecto, una especie de Colegio Nacional de coyuntura? Me parece un poco aberrante resolver los problemas de la democracia por decreto y organizando oligarquías sabihondas. Para evitar una selección caprichosa y vertical sobre la calidad del saber, supongamos que el Comité reconoce que el intelectual, el periodista, el académico y el miserable, saben cosas diferentes. Partiendo de este acto de contrición el Comité selecciona a invitados que conozcan la teoría y los especialistas involuntarios en la práctica, así mi escepticismo queda sin sustento. ¿No se observa en la propuesta un verticalismo en todo, cuando lo que critica Krauze y la revista es que se “actúa con ignorante y anacrónica verticalidad”? Supongamos que en una operación casi de magia se logran conciliar los principios de la democracia, con esta especie de República de las Letras o de sueño platónico del imperio de los filósofos, entonces mi duda sería ¿Se lograrían los acuerdos consensados? Sigamos suponiendo que sí, mi inquietud sería ¿Con esto consensos no empobreceremos la pluralidad y la democracia, en lugar de enriquecerla que es uno de los grandes objetivos? Aunque esté lleno el costal de las suposiciones, confiemos en que no. Mi duda sería ¿Esta masa crítica, presionaría con efectividad al sistema político a actuar en el sentido correcto? Luego le seguimos. PUBLICADO EL 27 DE MAYO DEL 2004 | EXCÉLSIOR |
