Edmundo González Llaca

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Fin de año. Políticos y camioneros

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La tregua ordendada por el IFE de no realizar actos de proselitismo a los candidatos y a los partidos ha provocado una felicidad inusitada entre los ciudadanos, a tal punto que solicitan se extienda a los articulistas. Nada se quiere saber de escándalos, promesas, descalificaciones recíprocas y análisis de todo este masacote. Se descubre que la política es cada día más una actividad estéril que redunda muy poco en beneficio de los ciudadanos. Los políticos se defienden y argumentan con la conocida frase: “Todo pueblo tiene el gobierno que se merece”. Cuando leemos los letreros pintados en la defensa de los camiones, auténtica “vox populi”, nos damos cuenta que no es así. Juzgue Usted.

Un muy justo reclamo: “Dices que me quieres y me traes trabajando”.

Es un paranoico o da un buen consejo: “No me sigas que voy perdido”.

En una camioneta pintada de rojo: “Colorada pero no de vergüenza”.

En un camión que llevaba arena, una aclaración tal vez innecesaria: “Materialista pero no dialéctico”.

No falta el filósofo calvinista: “Si ves que progreso es porque trabajo”.

La educación como medio de ascenso social sigue teniendo su reconocimiento: “Todo por no estudiar”.

En un camión de los cuarentas, un consuelo: “Viejo. . . pero no de todas”.

Determinante: “Si no se anima para qué se arrima”.

Advertencia o presunción: “¡Cuidado! Paradas continuas”.

Un financiero: “Subo y no soy dólar, bajo, y no soy peso”.

En un camión viejísimo de carga, la coartada a la imposibilidad: “Los valientes no corremos”.

Una promoción personal y una falta de ortografía en una camioneta con alfalfa: “No ay amos más sincero que el de un ranchero”.

Una denuncia que enorgullece: “Ese fue mamá…”. Sin palabras: “Sólo en las curvas y en los hoyos me detengo”.

El posesivo, con el que por supuesto estoy de acuerdo: “Si no regreso, te vas de monja”.

El muy seguro de sí mismo: “Nada más me ves y tiemblas”.

¿Será un homo ludens o eroticus? “Jugamos. . .”

Algo muy normal en la sociedad de consumo: “Por seguir tus pasos acabé mis pesos”.

El albur no falta: “Si voy despacio tócame la corneta”.

Varias interpretaciones: “Aunque sea para frijoles. . . pero saco”.

La envidia preocupa especialmente: “En domingo voy a misa y entre semana los envidiosos me dan risa”; “Sólo para la muerte no hay envidia”.

Lacónico chofer de un camión de mudanza: “Esto urge”.

Una pregunta sugerente: ¿No habrá modo?

Con un desencanto y profundidad que podría firmar Nietszche: “Cansado de seguir la línea”.

En un camión destartalado y sin pintar: “Es más triste andar a pie”.

Por supuesto que los problemas económicos también se resienten en los letreros de camión: “Ay Dios quítame de pobre que lo feo con dinero pasa”.

El Sancho es en el lenguaje popular el amante de la esposa. Curiosamente, en algunos sectores humildes de la población, el personaje provoca una combinación de irritabilidad y humorismo: “El Sancho es como el diablo…No se ve pero sí existe”.

No sabemos si la afirmación de la identidad incluye la ostentación de la mala ortografía: “Asy soy y qué”.

Una súplica conmovedora en una destartalada camioneta de carga: “Déjenme tomar resuello”.

Una verdad brutal: “Dios perdona…el tiempo no”.

Sincero: “Qué pinche hueva”

La lógica de Descartes se queda chica: “Si las mujeres fueran buenas… Dios tendría una”.

Cuando leemos este derroche de imaginación y humorismo, se observa un pueblo con talento, honestidad y agudeza muy superior a la clase política y su discurso. Estimados lectores, un feliz año 2006, pleno de salud, prosperidad, paz, y que la vida nos salpique con muchas treguas.

Publicado en Excélsior |
29 de Diciembre de 2005 |

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