Edmundo González Llaca

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Esfuerzo inicial, nuevo proyecto de país

Enero, cuya traducción es january y en francés janvier, toma el nombre del dios romano llamado Jano, al que se consideraba una divinidad con doble imagen y se le representaba por una puerta. Efectivamente enero cierra el año viejo y abre el nuevo; una de sus caras ve a los que ha muerto y otra a lo que ha de nacer. No sabemos si así lo pensaron los romanos, pero desde el nombre, enero es una invitación a meditar sobre lo vivido, a hacerle un ajuste de cuentas al pasado para poder tener acceso a la conquista del porvenir.

Ahora bien, recordar no es sólo ejercicio individual para llegar a la esencia de lo que somos, diletancia egoísta para compensar lo efímero del placer gozado. No, recordar también es una obligación ciudadana que contribuye a la cohesión del pueblo; deber que prepara a sus miembros para ser mejores participantes en la construcción del pueblo; deber que prepara a sus miembros para ser mejores participantes en la construcción del futuro, en la medida de un mayor conocimiento y mejor comprensión de lo acontecido. Colaboremos pues, o sea obligación de todos de hacer memoria, para poder hacer proyectos.

El año coincidió con la terminación del sexenio del licenciado José López Portillo, y no quisiera en términos de la fiesta brava, “a toro pasado”, subrayar errores o hacer sugerencias que hasta el mismo ex Presidente reconoció al final de su mandato. Simplemente me limitaré a transcribir lo que publiqué en un libro, en el cuarto año de su gobierno: “… A estas alturas me atrevo afirmar que –a pesar de su excesiva debilidad con los afectos- la imagen del Presidente López Portillo es buena y cuenta con gran simpatía, principalmente, insistimos, de la clase media. No obstante, hay algo sumamente importante y condicional para su imagen futura. El Presidente ha pedido tiempo y se le ha concedido; ha prometido que, consolidada la situación, vendrá una etapa de justicia y distribución, que corresponderá al último tercio del sexenio. En caso de no cumplir su promesa, si la imagen de Echeverría quedó fijada como la del desorden y la frustración, la de López Portillo, con todo y su carísima, será interpretada como encubierta por un humanismo que no fue sino la careta de la frivolidad, el engaño y la superficialidad; como el navegar la vida pública como un asunto de familia”.

Mucho habremos de reflexionar los mexicanos sobre los logros y equivocaciones de la admiración Lopezportillista.

A partir del primero de diciembre el país no únicamente cambió los poderes sino que inició toda una transformación de su estructura política y social. Un nuevo lenguaje franco y autocrítico de los funcionarios; una dignidad republicana del Senado; muchas leyes que repercutirán en las áreas más diversas de la administración y de la cotidiana convivencia. Se tiene la impresión que estamos haciendo una nación diferente y, justo es reconocerlo, el Estado ha sido pionero en la adopción de las severas medidas económicas aprobadas.

Sin embargo, a pesar de que nadie duda de la necesidad de un cambio, menos aún de la conveniencia de las iniciativas, y que en momentos de naufragio la cantidad de órdenes se multiplican y trabajan contra reloj; cierto es también que la cadencia del cambio habrá de ponderarse en decisiones futuras, pues a metamorfosis profundas urgentes necesidades de meditación.

El ritmo, no sólo en política sino en cualquier otra actividad humana, es capaz de transmitir confianza, tensión, incertidumbre. Es preciso que la opinión pública no pierda el hilo del discurso político y las transformaciones que implica; que no disminuya su interés y comprensión sobre el nuevo perfil que se está definiendo.

Finalmente, recordar, además de enriquecernos con la experiencia del pasado, nos advierte de los compromisos para el futuro. De esta forma, si ya nada importante escapa a la acción del poder público, la felicidad de los mexicanos en sociedad habremos de encontrarla, en 1983, en la ampliación de nuestras posibilidades para participar en la creación de ese nuevo proyecto de país. Feliz año.

30 de diciembre de 1982

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24 Ene 08 | Política

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