Épocas críticas: Tiempo de cultura
| Artículo publicado en el periódico Excélsior el 05 de agosto de 1982. |
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¿No pueden aplicarse también los sueños a la solución de los problemas fundamentales de la vida? Andre Breton. Hasta hace todavía pocos años, en México la cultura era considerada materia exclusiva de una élite sofisticada, posibilidad para que los millonarios descargaran un poco de culpa en el patrocinio filantrópico, distracción de mujeres aburridas o vocación de sensibilidades sospechosas. La función cultural del Estado, a su vez, se reducía a la presentación de un ballet folclórico, a cuidar los museos y a limpiar las estatuas. |
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¿Qué significación tiene ahora la cultura para poder reunir en México a 154 ministros y secretarios de Estado de países miembros de la UNESCO? ¿Por qué se organiza semejante acto, cuando la economía mundial y nacional trae a los ciudadanos de todas partes del planeta tan maltrechos como pericos perseguidos a toallazos? ¿Cómo es posible que el tema sea cuestión básica de la plataforma electoral de Miguel de la Madrid? Y, finalmente ¿cómo se explica que el candidato triunfante a la Presidencia ratifique como lo hizo días atrás que la cultura “es un valor estratégico y parte integral del desarrollo”? La cultura es el patrimonio espiritual de las naciones que nos ayuda a recordar lo que fuimos, a determinar la forma de vida presente y a gestar los valores por los que habremos de luchar. Es expresión y también construcción de identidad de los individuos, de los grupos, de los pueblos. Sólo transitando por el camino de la cultura adquirimos la calidad de hombres. El menosprecio que alguna vez se tuvo en ella correspondió a la falsa interpretación de que existía un predominio de lo económico sobre lo espiritual. Hoy en día, hasta el marxista más trasnochado reconoce que el hombre no está hecho de ínsulas separadas, y que la realidad de nuestra existencia material así como la conciencia que de ella tenemos son una unidad inseparable y de recíproca influencia. Ahora bien, la cultura adquiere especial relevancia en épocas como la nuestra de graves y profundas contradicciones, cuando aun los más beneficiados pueden tener el desperdicio pero no lo esencial, tener la diversión pero no escapar del aburrimiento, tener el aire acondicionado pero no frescura, tener el consumo pero no la creación, el paisaje en poster pero no la Naturaleza, el prójimo pero no el vínculo, la pornografía pero no el erotismo, el calmante pero no la paz, la ley pero no la convicción, la limosna pero no la caridad. Tener, en fin, el bienestar pero no la vida, tener las cosas de la razón y las cosas del cuerpo, pero no tener la unidad. Es en la órbita de la cultura donde estas contradicciones se detectan y donde pueden concebirse sus posibles soluciones, de modo tal que el desarrollo material del país no signifique la destrucción de sus hombres sino por lo contrario se dirija a su plenitud. Cuando proliferan los alcohólicos, los neuróticos, los cansados, los indiferentes, los infartados, los egoístas, los tristes, los dementes, como abrumadoras pruebas para cuestionar el valor de las “conquistas” de nuestra civilización técnica, es tiempo de cultura. |
