Época crítica: Nuevos mitos
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| Artículo publicado en el periódico Excélsior el 26 de agosto de 1982. |
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Desde sus orígenes el ser humano se ha angustiado ante el misterio de las cosas y de la vida, a tal punto que prefiere refugiarse en las interpretaciones de su imaginación que padecer la ansiedad que le provoca la ignorancia. El hombre antiguo recurrió a la creación de mitos para aproximarse al conocimiento de lo desconocido, dar significación a lo incomprensible, articular lo que parece caprichoso, en suma, convertir el caos en cosmos. |
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Ahora bien, el mito no es patrimonio exclusivo de una lejana antigüedad, pues ni el intento de la filosofía griega, ni el de los racionalistas del siglo de las luces, y menos aún el de los sicólogos actuales, han sido capaces de exorcizar esa inclinación muy humana de llenar los vacíos de información con las más calenturientas explicaciones. No obstante, sea por los avances científicos o por manifiesta aceptación de impotencia para resolver los grandes enigmas, el mito moderno opera ya, más que con el propósito de aclarar lo misterioso, con la finalidad de aportar modelos de conducta o de compensaciones a la vida cotidiana. Así hemos desechado a Zeus. Prometeo o Eros, pero hemos adoptado a Tarzán, Superman y la Mujer Maravilla. Personajes que traducen el ideal inalcanzable o las frustraciones sentidas del hombre actual, deseoso de olvidar la debilidad, la mediocridad, los límites de la vida. En México hay una gran cantidad de mitos que son guías de conducta, paradigmas o simples ilusiones que sustituyen algunas carencias manifiestas. Así, todavía, algunos mexicanos se regodean con la creencia de que el país es el cuerno de la abundancia, cuando nuestros recursos son limitados, hay escasez nacional de agua y nuestra agricultura es incierta; el mito de la abnegada y sumisa mujer mexicana, la misma que ciertamente callada y silenciosa elucubra su muy humana venganza; el mito del “hijo, tú serás profesionista”, aunque después se tenga que dedicar a vender enciclopedias o muestras médicas; el mito de que las europeas se vuelven locas con los mexicanos, salvo con los que traen American Express. Finalmente, en esta lista interminable de mitos el de “vamos a la capital a hacer dinero” (¡ya no, por favor!); el de que la cultura latinoamericana son los grupos folclóricos con músicos de barbita y jorongo y el de que el Valle de México es la “región más transparente”, por supuesto, cuando el smog nos deja verlo. Hay mitos que no son tan ingenuos y que han causado profundo daño al análisis objetivo del país y a su sano desarrollo. El mito de los inversionistas privados: “Primero déjennos hacer dinero y luego lueguito lo repartimos”; el mito de que la modernidad del país se mide por la cantidad de coches, televisiones o videocaseteras que tienen los mexicanos o el número de Vips que se inauguran en la República; el mito de que los únicos responsables de la corrupción son los funcionarios públicos y que nuestra dadivosa es pura e inocente; el mito de que la libertad excluye el control de cambios y que todo mexicano encierra en su corazoncito a un corredor de bolsa. En época de crisis los mitos crujen. En época de crisis también se correo el riesgo de procrear nuevos grandes mitos, si faltan el espíritu crítico, de participación y de solidaridad que toda nación necesita imprescindiblemente para superar sus momentos difíciles. El gran mito que hoy debemos destruir es el denunciado por Miguel de la Madrid en su campaña, el de la sociedad de consumo y sus valores fetichistas. Nunca podremos salir de la crisis si idealizamos precisamente lo que importamos, si el “placer de ser” y la vida misma la hacemos girar en torno al egoísmo consumista, al éxito cifrado en la felicidad de la blanca sonrisa, en los rines de magnesio, en la piel suavecita o en el champú para su cabello teñido. |
