En Honduras. Erotismo y pornografía
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Me negaba a escribir sobre las diferencias entre el erotismo y la pornografía, pues son terrenos muy resbaladizos en virtud de que se trata de conceptos históricos, relacionados con los valores que siempre hunden sus raíces en el presente. Lo que antes era pornográfico ahora resulta tan inocente que casi puede formar parte de una serie de Disneyworld. |
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En suma, todo es relativo. Por la presión de mis miles de lectores, entre excitados y curiosos, acepto en complacerlos, antes de que se me pongan como turba de Tláhuac. Las diferencias están antes, en y después del acto sexual; en la estructura temporal encontramos las distancias. La pornografía no tiene un proceso, sólo apuesta a la carne en forma inmediata y urgente. Todo concluye en el orgasmo. En el erotismo el tiempo con la pareja es totalmente diferente, está ligado con una evolución, con un ritual. Los sentidos y el sexo representan un estímulo pero pueden no ser lo último, pues queda aún la posibilidad de llegar al amor, donde ya los participantes se meten en un berenjenal al que nadie conoce el final. En el erotismo el sexo es, en términos zapatistas, de quien lo trabaja; esto es parte del placer. En la pornografía el sexo no tiene contexto, los “deleites venéreos” son fáciles y a lo que van; sin mayores pretensiones posteriores. Hay una amputación de la experiencia y todo se concentra en el encontronazo de “las vergüenzas”, como diría mi abuelita. Estas diferencias entre el erotismo y la pornografía se sostienen no sólo en los distintos tiempos y en el significado el acto, sino también en la significación de la pareja. En la pornografía el cuerpo del otro es un instrumento para el placer personal, a los participantes les tiene sin cuidado los sentimientos del otro. Lo que evidentemente no complace a las mujeres y esa es una de las razones por su disgusto de la pornografía. En España, señala Javier Cercas, circula un chiste en el que se pregunta: ¿Por qué las mujeres, a pesar de su rechazo a la pornografía, se quedan hasta el final de las películas porno? Para ver si los protagonistas terminan enamorándose. En el erotismo la profundidad de la relación es mayor. De entrada porque interviene la inteligencia, la que independientemente de la trascendencia del acto, está consciente que el placer es una cosecha cuya fecundidad depende de la forma como se conjugue el verbo compartir. En el caso de los enamorados es aún más claro, el alma reconoce y procura el gozo del cuerpo pero para entrar en posesión del alma. El post sexo es también diferente. La facilidad y reducido del encuentro pornográfico crea saturación y hasta empacho. Las cámaras de lo pornográfico no siguen a los protagonistas post coito, lo más probable es que tengan cara de fastidio, de aburrimiento y hasta de asco. En la medida de que en el erotismo se trasciende a los sentidos, “el momento después”, deja removiendo el exterior y el interior. En el erotismo el final del éxtasis tiene mayor futuro que el pornográfico. Otra diferencia es el elemento estético. El erotismo tiene un compromiso con la belleza, con el matiz, con la imaginación, con el misterio. Lo pornográfico es de un realismo de mal gusto. Ahora bien, no se piense que me inclino por decir sí al erotismo y no a la pornografía. Soy un aprendiz de lo primero y nunca he sido protagonista de películas de porno duro, pero tampoco del blando. Cada quien decide que hacer. El erotismo es maravilloso y pareciera lo más recomendable, pero el erotismo va tomado de la mano de la inteligencia, a la que siempre acompaña el dolor. ¡Ay! PUBLICADO EL 09 DE DICIEMBRE DE 2004 | EXCÉLSIOR |
