Edmundo González Llaca

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En campaña: Por algo más que ganar

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Artículo publicado en el periódico Excélsior el 26 de marzo de 1982.

En una entrevista con los miembros de la Unión de Periodistas Democráticos (Excélsior 18 III), Manuel Moreno Sánchez, aspirante a Presidente por el PSD, informó haber conversado con su homólogo del PRI al que, según dijo, le advirtió que “es ridículo hacer una campaña electoral onerosa…” en virtud de que “es un candidato que ya sabe que ganará”.

Juicio tan contundente nos invita a preguntarle al ex vasconcelista, ex alemanista,, lopezmateista y ahora antipriísta: ¿Por qué acepta la candidatura del PSD si ya sabe que va a perder? ¿Cómo interpreta el hecho de que el candidato del partido mayoritario y sus militantes se sometan durante 9 larguísimos meses a jornadas intensas y agotadoras si saben que van a ganar?

Será que aman los números cabalísticos, o acaso los priístas tienen una afición compulsiva a las asoleadas, las carreras, las traspasadas y las ponencias. Será que el PRI recluta el mayor número de masoquistas jamás reunidos, que ni Freud, ni From, ya no digamos los brujos de Catemaco, podrían curar.

Por su larga trayectoria como práctico y observador de la política mexicana, Moreno Sánchez sabe muy bien que las elecciones en los sistemas políticos tienen, entre otras funciones, tanto la designación de sus representantes como la legitimación de los mismos. En razón del predominio histórico que hasta ahora ha ejercido el PRI mediante la aceptación mayoritaria de sus candidatos a la Presidencia, tanto el partido como Miguel de la Madrid, en este caso, están comprometidos a obtener el voto y con él, la designación popular, tal como en las elecciones presidenciales del último medio siglo.

Frente a esta perspectiva, lo que adquiere valor primordial es el proceso de legitimación, es decir, la consagración real de su liderazgo, la confianza de la ciudadanía en su plataforma electoral y el apoyo a las decisiones políticas que en el futuro en ella implica. En suma, lo que está en juego es algo más que la mayoría de los sufragios: es también la aprobación, la solidaridad y todo aquello que hace débil o fuerte a un gobierno, a una nación y de lo que depende la continuidad de la condición civil de sus instituciones.

Ahora bien, la legitimación, ese “genio invisible” que permite la conservación y la evolución de la sociedad requiere del conocimiento de la persona del candidato y de las opciones programáticas que representa. En este sentido, lo más fácil, cómodo y tal vez ahorrativo para cualquier aspirante presidencial, sería presentarse en televisión “en vivo, a todo color, de costa a costa y de frontera a frontera”. Lamentablemente o afortunadamente, en nuestro país este medio electrónico no satisface todas las expectativas populares o, simplemente, por la trascendencia de lo que se evalúa, la ciudadanía exige ver al candidato, escucharlo, hablarle, “tocarlo”. Exige su presencia.

Para los escépticos del carisma, y por lo tanto del vínculo personal como elemento de legitimación, cabe observar que esta cercanía directa permite también al candidato del partido mayoritario el conocimiento inmediato y tangible de los problemas y de sus protagonistas: ciudadanos, autoridades y cuadros políticos locales y regionales. En este ejercicio de debate y de acercamientos recíprocos, la campaña se constituye en un auténtico prólogo de gobierno, experiencia inigualable en el contacto con la estructura política en su conjunto, sus hombres, sus problemas, su información.

Finalmente, para todos los partidos políticos las elecciones son una magnífica oportunidad para replantear el país, ejercer la crítica y la autocrítica, revisar a fondo diagnósticos, políticas y aportar soluciones. Por ejemplo, en el caso de la campaña del PRI cuando ésta concluya, únicamente sobre el tema del municipio, institución en la que está de por medio la ampliación y profundización de nuestra democracia, habrá habido más de un centenar de reuniones de consulta popular, en las que intervendrá más de medio millar de intelectuales especialistas, ciudadanos y funcionarios. En síntesis, de gente que teoriza sobre el zapato y de gente que sabe dónde le lastima.

Manuel Moreno Sánchez: político, periodista, maestro universitario, con amplia y a veces contradictoria experiencia política, con 75 años de vida (edad en la que, como diría Cicerón, se puede ver de frente la verdad, sin vanidades ni subterfugios) aparece en el panorama nacional como uno de los exponentes más interesantes de la oposición. Ojalá que ese hombre vivo, inteligente, capaz y experimentado, por el bien de la lucha electoral y de México, no se convierta en un candidato vivillo, simplista y socarrón. Y él lo sabe muy bien. Lo estudió y lo practicó. En las campañas hay algo más que ganar; y en política las acciones se evalúan por lo que cuestan pero también por lo que valen.

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