El Jicote, crítica política y miscelánea

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RESEÑA:

El Jicote es una de esas columnas que en lo que uno decide si la lee o no, ya la leyó. En periodismo, uno de los géneros más difíciles es el epigramático. Difícil, porque debe informar como el reportaje; analizar, como el editorial; retratar como la cámara y trazar las líneas esenciales como la caricatura. Es la síntesis del oficio. Debe además, hacer pensar y reír (o cuando menos sonreír) al lector. Y todo esto con la rigidez del espacio de la plana y el número más bajo de palabras.

COMENTARIOS:

Edmundo González Llaca es uno de los pocos que en periodismo nacional cultiva el epigrama con fortuna. Desde hace varios años, publica en el periódico Noticias, El Jicote. Tres días a la semana, repasa la realidad de Querétaro y del país; da cuenta de sus propias ocurrencias, alegrías y congojas y, en todo caso, comparte sus experiencias con el lector.

Este volumen reúne los Jicotes, en una apretada selección de los publicados y de algunos que en su momento por diversas razones no lo fueron. Vistos en conjunto, hacen las veces de una crónica política, social y sobre todo humana de la vida en Querétaro, que incluye los días recientes.

Al leer o releer estos Jicotes, el lector podrá coincidir o apartarse de los lancetazos; reír (o sonreír) a veces; pero sin duda seguirá el vuelo de las palabras -elíptico y obstinado- en las alas del abejorro.

Rafael Jaramillo Gutiérrez

Volvemos a lo mismo: cuando erámos chicos huíamos enloquecidos si en el jolgorio desordenado del jardín aparecía un Jicote. Aceptábamos más a las avispas, pero ese demonio negro y amarillo, panzón, de malévolo aguijón picador, era un enemigo implacable. Hace años no me doy de tope con ningún XICOTL –como le decían los aztecas– hasta hoy yaciendo en mi mesa de trabajo, vivito y coleando.

Es el libro encantador EL JICOTE escrito minuciosa e inteligentemente por mi gran amigo Edmundo González Llaca, miembro de una estirpe preclara queretana, cuyas mujeres son bellísimas y los hombres irresistibles (diría el propio Edmundo luciendo una vez más su jicarero e infalible sentido del humor).

El Gobernador Loyola Vera tiene el señorío de haber publicado los escritos saltarines y netamente políticos de Edmundo, pese a los aguijonazos propinados por el autor (“ese Jicotillo que anda en pos de doña Blanca”) inclementes sobre el Gobierno del señor don Ignacio. Los pensamientos mordaces y satíricos, clásicos en la buena prosa del doctor Llaca, en el periodismo dan en el clavo, son excelentísimos y poco transitados. Exigen cultura, criterio, valentía y sobre todo concreción, virtudes en don Edmundo verdaderamente presentes, granadas-ganadas.

Quisiera tener más espacio para transcribir aquí alguno de sus Jicotes, son de veras joyas prosísticas enjoyadoras de cualquier diario contemporáneo. Pero desgraciadamente Edmundo y yo somos desperdiciados en muchos aspectos ¿qué digo? … periodísticos, literarios, menos amorosos en su terreno de cantares y amores salomónicos.

Sabe mucho, rete harto, dichos y moralejas de nosotros los mexicanos-mexicanos, los del bajío, pintándonos solos para el humor negro y la honra a nuestro castellano heredado, no catequizado. En lugar de hablar del horror circundante, dedico mi artículo a este mexica rubio y no barbado, quien merece el honor porque a él le sobra hasta para aventar para arriba…

María Luisa «La China» Mendoza


Recopilación de columnas publicadas en el periódico Noticias del Estado de Querétaro, México. (1998-2003)

Gobierno del Estado de Querétaro, 2003. | Págs. 620.

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