El abstencionismo: Zeus y los capitalinos
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| Artículo publicado en el periódico Excélsior el 22 de julio de 1982. |
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Señala la mitología griega que cuando los dioses crearon el mundo, encargaron a Epimeteo que distribuyera entre los animales las cualidades de las que debían estar provistos para sobrevivir. En el reparto dio a algunos la fuerza pero no la velocidad, a los vigorosos en su propia corpulencia aseguró su defensa, a los pequeños concedió alas para huir o escondrijos donde guarecerse. En suma, trató de guardar un justo equilibrio en el reparto de cada don (no tiene nada que ver con el brandy) para que ninguna especie se viese llevada a la desaparición. |
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Sin embargo, el I.Q. de Epimeteo no era como para invertirle y pagarle una carrera en la Ibero. Prueba de ello es que no cayó en la cuenta de que había gastado todas las facultades en los animales irracionales y que el hombre había quedado son equipar. Estaba desnudo, descalzo, y no tenía defensas contra la intemperie ni armas naturales. Tuvo que venir Prometeo con el fuego y la habilidad mecánica robados a Atenea y regalarlos al hombre, para que éste se procurase el alimento y se defendiese. A los nuevos instrumentos técnicos, los dioses agregaron al género humano el arte de pronunciar palabras. Pero así y todo, los hombres no tenían la vida asegurada, porque vivían dispersos y no podían luchar ventajosamente contra tantas fieras. Fue entonces cuando trataron de reunirse y fundar ciudades que les sirvieran y dieran abrigo. Lamentablemente, dice la mitología, no poseían el arte político, es decir, no sabían de las responsabilidades de vivir en común, y en su egoísmo se ofendían unos a otros. De esta forma, empezaron a abandonar las ciudades y perecieron. Todo esto viene a colación porque en las últimas elecciones, en una jornada cívica histórica para el pueblo de México, los capitalinos abdicaron en más de un millón a la calidad de ciudadanos, es decir, a ser sujetos y no objetos de las decisiones públicas. Paradójica actitud de los habitantes del D.F. usufructuarios y consentidos del avance y modernización del país y privilegiados del más vasto sistema de información y del mayor número de posibilidades y facilidades de expresión política. En descargo, cabe señalar que los estudiosos resaltan que esta característica abstencionista la comparten los ciudadanos de todas las megalópolis. La razón es que las grandes ciudades son habitadas por un sector importante de clase media que, independientemente de padecer mal aliento, caída del cabello, manos sudorosas y taquicardia, vive obsesionada por un egoísmo y avidez material que le obstaculizan la asunción de compromisos que…. (…) lo declarado por Miguel de la Madrid en la reunión de Consulta Popular sobre el gobierno del DF: “Hay un acuerdo generalizado de que es hora de reivindicar para el pueblo capitalino su legitimo derecho de convertirse en sujeto activo y decisorio de los actos de gobierno. Queremos que el pueblo capitalino cuente con amplios cauces de participación política, de auténtica representación en la estructura gubernativa de la ciudad de México”. La solución es propuesta por el propio próximo Presidente electo: “Nadie conoce mejor los problemas que quien los padece; nadie imagina mejores soluciones que quien puede, de ellas, beneficiarse. Si el reto es hacer una ciudad más justa y humana, la solidaridad social es elemento indispensable para buscar soluciones y ponerlas en práctica”. Lo importante entonces es participar, pues si bien a diferencia del tiempo histórico de los griegos, ahora ya no hay fieras de que defenderse –salvo uno que otro automovilista en un congestionamiento- lo cierto es que permanece la necesidad de vivir en ciudades y prosigue la exigencia de que los ciudadanos participen políticamente en sus asuntos. El peligro, hoy por hoy, tal vez no sea desaparecer, pero sí cancelar las posibilidades de convivencia política. Peligro que propician algunos derrotados en la contienda electoral al querer que sus fracasos queden escondidos tras el escándalo de fraudes imaginarios: así, por despecho, terminan promoviendo el desaliento ciudadano para disimular su propia incapacidad política. |
