Ideología: La izquierda
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Ahora que los diversos protagonistas de la vida política del país se han puesto en el arrancadero de la carrera presidencial, lo primero que se les ha ocurrido ha sido ubicarse en la que ya parecía muy caduca geometría ideológica de izquierda y derecha. A partir de estas grandes direcciones otros fijan los matices de su brújula política: de centro y de centro izquierda. Reconozco que no he escuchado nadie que se defina de centro derecha, marbete enigmático que le daría al portador el derecho inmediato de entrar a un organismo secreto como el de los templarios. |
Izquierda y derecha: Caos ideológico
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Durante las últimas semanas los diversos actores políticos se han definido con relación a la geometría política. López Obrador se ha calificado de izquierda, de centro y humanista; el Presidente de derecha; Beatriz Paredes de centro izquierda, la mayoría de los precandidatos priístas a la presidencia se dicen de centro. Marcos en un reciente comunicado calificó todo esto, con razón, como un “caos ideológico” y declaró al EZLN como el verdadero movimiento de izquierda. A pesar de que supuestamente a las ideologías se les había tirado a la basura, vuelven a renacer como recurso de identificación ante la ciudadanía. |
Eduardo Romero Ramos: Un buen ejemplo
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No es un problema de alzheimer, realmente ha pasado mucha agua bajo los puentes desde que escribí un artículo elogiando la decisión de un funcionario, ya ni me acuerdo cuándo fue. Los cursis dirían que semejante acontecimiento se pierde en la noche de los tiempos. No es algo de lo que me enorgullezca, al contrario me hace sentir entre envidioso y amargado, una especie de madrastra de cuento que no le agrada nada. La crítica debe abarcar los aspectos negativos pero también los dignos de reconocimiento, cuando todo se ve mal es ya un exceso, se está cerca del nihilismo y por lo tanto de la decrepitud o del engreimiento. |
La corrupción: Aguilar Zinzer y Santiago Creel
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A mediados del siglo pasado, los panistas en Querétaro no eran una especie en extinción, sino un nuevo grupo de aguerridos profesionales liberales, pequeños comerciantes, empresarios y personas vinculadas con la Iglesia que se enfrentaban al poder público. Cuando mi abuelo, que había sido gobernador del Estado, los encontraba en la calle, discutían tan intensa como amigablemente. El sólo hecho de que lo contradijeran me parecía un sacrilegio, pues en general todos sus interlocutores parecían felizmente coincidir con él. Un día le pregunté a mi abuela lo singular de estas personas y la relación de amor y odio que parecían mantener con el abuelo. “Son panistas –me dijo- y se puede discutir y ser su amigo, pues todos pertenecen a familias muy decentes”. |
PAN: Patrimonio político perdido
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A mediados del siglo pasado, los panistas en Querétaro no eran una especie en extinción, sino un nuevo grupo de aguerridos profesionales liberales, pequeños comerciantes, empresarios y personas vinculadas con la Iglesia que se enfrentaban al poder público. Cuando mi abuelo, que había sido gobernador del Estado, los encontraba en la calle, discutían tan intensa como amigablemente. El sólo hecho de que lo contradijeran me parecía un sacrilegio, pues en general todos sus interlocutores parecían felizmente coincidir con él. Un día le pregunté a mi abuela lo singular de estas personas y la relación de amor y odio que parecían mantener con el abuelo. “Son panistas –me dijo- y se puede discutir y ser su amigo, pues todos pertenecen a familias muy decentes”. |
Sexenio: La cortina
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La semana pasada el Ejecutivo se reunió con su gabinete para darles instrucciones sobre el método y los principios de la entrega de su administración. Les recomendó claridad, transparencia y puntualidad. Es muy encomiable que el Presidente se preocupe por entregar la casa limpia y en orden, pero creo que hubiera sido más importante dedicar esa reunión para verificar con los funcionarios los compromisos de campaña no cumplidos, los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo aún pendientes y el estado de avance de los programas. Nada, el gran tema era preparar Las Golondrinas. |
La parálisis: ¿Ya no hay nada que hacer?
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El país pareciera vivir esas tardes de las películas del viejo Oeste. El sol pega de lleno en el pueblo, el calor abraza todas las cosas y las calles están vacías. Bajo una sombra, sobreviviente de la luminosidad asfixiante, un hombre dormita. Las moscas le revolotean arruinando su sueño pero sin poder despertarlo. La vida pública es una costra, quieta y rígida, sin el dramatismo de la herida ni la esperanza clara de la curación. Este es México, nada parece excitar, salvo adivinar qué pasará en las elecciones del 2006. |
Precampañas: Poderoso caballero
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Las precampañas presidenciales, como lo advierte la publicidad del whisky, se ven caras y lo son. La cantidad que fijó la dirigencia del PAN como topes de gastos es sólo para socios de Forbes y no para militantes normales de un partido que pagan sus impuestos y andan por la vida con su tarjeta de crédito tratando de alargar el pago de sus gastos. ¡Qué tiempos aquéllos en los que el PAN se negaba a recibir el subsidio público al que tenían derecho, para que no se les considerara que dependían del gobierno! |
Drama: Justicia vs. política
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Si revisáramos lo que nos sugieren los clásicos griegos creo que bien hubiéramos podido ahorrarnos muchos tropiezos en todas las áreas de la vida, por supuesto en las relacionadas con la política. Es Platón quien primero identifica el gran fin de la política: la justicia. Sólo ella es capaz de provocar la concordia y la amistad, al revés de la injusticia, que procura odios, violencia, sediciones y luchas entre los ciudadanos y los gobernantes. Para alcanzar la justicia y que florezcan todos los valores de los pueblos, dos cosas son fundamentales, primero las leyes. |
Desafuero y rectificación, políticos intrascendentes
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Después de mantener al país en vilo por casi un año la solución se sazonó en veinte minutos. El parto de los montes no llegó ni a retortijón. La reunión del Presidente Fox y López Obrador tuvo un final anticlimático que no correspondió a la polarización generada entre la población ni a los daños que provocó en las instituciones, en los partidos y en los nervios de los mexicanos. Las conclusiones de las partes al salir de la reunión fueron insustanciales frente a los conflictos y dramas en los que se sumergió el país. Los protagonistas fueron unos profesionales para generar una crisis de dimensiones nacionales y unos torpes aprendices al darle respuesta. |
