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	<title>Edmundo González Llaca &#187; Miscelánea</title>
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	<description>libros, biblioteca personal, artículos periodísticos Excelsior Mexico, autor queretano</description>
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		<title>Sentir. Resfriado vs. Corrupción</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Dec 2009 00:17:45 +0000</pubDate>
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¿Cómo se escribirá: gripa o gripe? En cuestión de resfriados todo es horrible, no se ponen de acuerdo ni en el nombre. Hay otras designaciones como influenza; dengue o &#8220;trancazo&#8221;; me parece más correcta la última, aunque un eufemismo. La que yo tengo es un golpe de Hulk. Mi resfriado no lo pesqué con anzuelo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">¿Cómo se escribirá: gripa o gripe? En cuestión de resfriados todo es horrible, no se ponen de acuerdo ni en el nombre. Hay otras designaciones como influenza; dengue o &#8220;trancazo&#8221;; me parece más correcta la última, aunque un eufemismo. La que yo tengo es un golpe de Hulk. Mi resfriado no lo pesqué con anzuelo sino con red, es decir, no es un resfriado cualquiera, este es exuberante, tropical, desbordado, modestamente yo le llamaría clásico, otros dirían que simplemente de comercial de televisión.</p>
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<p><span id="more-514"></span></p>
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<p align="justify">Del síndrome no hay nada que no padezca: dolor de cabeza, fiebre, ojos llorosos, nariz congestionada, escalofríos, cuerpo cortado. Esta gripe no la cura un médico, ni dos, sólo la Organización Mundial de la Salud, sesionando en pleno.</p>
<p align="justify">El problema cuando me da gripe es que, además de quitárseme lo modesto, transito por varios estados de ánimo. Primero: Sospechas. De seguro fulano de tal me la pegó, es un sangrón, no, fue zutana, es una irresponsable, ya la traía y no sabe que cada estornudo “proyecta a una velocidad de 150 kilómetros por hora una nube de pequeñas gotitas con virus que se calcula sobrepasan la cifra de 150,000 por estornudo”. Segundo: Olvido. No, hace tiempo que no voy a Garibaldi; no, yo me desvelé pero todas las pedí sin hielo. Tercero: Desesperanza. Hay miles de virus gripales, de seguro no hay medicamento para el mío. Esto no será pasajero, me voy a quedar así toda la vida, de muestra, para siempre. Cuarto: Indignación. ¿Por qué me dio a mí? Digo, comprendo que se resfrían los que los que viven en Tres Marías, el Popo o Río Frío, ¿pero yo en Querétaro? No es posible.</p>
<p align="justify">Quinto: Reflexión sociológica. Ahora sí estoy seguro de que es cierto lo que dicen los médicos europeos, las gripes ocasionan más pérdidas de jornadas de trabajo que las huelgas. Sexto: Otra vez indignación. Bueno, ¿pero dónde estaban mis anticuerpos? Bola de traidores, no opusieron ni la más mínima resistencia.</p>
<p align="justify">Ahora que cuando me da, me da. Los resfríos me quitan el calor de la vida, el fuego de la existencia. La definición de Jorge Sintes Pros se me aplica en todas sus posibilidades. &#8220;Resfriado: Inflamación ligera de los conductos nasales y de la garganta, susceptible de extenderse a otras zonas del aparato respiratorio, pudiendo dar lugar a traqueitis, amigdalitis, rinofaringitis, otitis, sinusitis, bronquitis&#8221;. En mi caso agréguese: gastritis, conjuntivitis, artritis y depresionitis.</p>
<p align="justify">Me invade un magullamiento, una somnolencia, en la que los reflejos vitales sólo me alcanzan para sentir claramente todos los padecimientos, pero ninguno de los placeres de la existencia. Mi mente no puede leer, bueno ya ni siquiera ver la televisión, y miren que para esto no se exige especial lucidez. Los estornudos se me vienen uno tras otro, como chorizos de Toluca. Si alguien me preguntara quién soy, le diría que una nariz, una inmensa y rojísima nariz. Iré a verme al espejo.</p>
<p align="justify">¡Qué espectáculo! Malvado virus, qué forma de acabar con la dignidad y gallardía de un hombre. Definitivamente no estoy como para filmar una película con las chicas de los Ángeles de Charly. He aquí lo que reflejó: el pelo revuelto, pálido, las ojeras negras enmarcando los ojos llorosos e inyectados, la nariz a punto de sangrar, la barba crecida.</p>
<p align="justify">En fin, estimado lector, disculpas por haber abordado un tema tan &#8220;virulento&#8221;, pero creo que se debe escribir sobre lo que se vive, lo que se siente y lo que se piensa, para no errarle siempre mejor de las dos primeras cosas, y yo, como podrán haberse dado cuenta, todavía el tema de la corrupción no puede vencer mis gripes.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 31 DE JULIO DE 2003 | EXCÉLSIOR</p>
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</tr>
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		<title>La guerra. ¡El asco!</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 23:49:15 +0000</pubDate>
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Por motivos de trabajo tengo que revisar un buen número de periódicos y en la noche ver en la televisión, al menos, tres noticieros. La primera semana de la guerra no la resentí, pues andaba de vacaciones, pero esta última me la he pasado viendo fotografías y videos de los bombazos. Antes de dormir, al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Por motivos de trabajo tengo que revisar un buen número de periódicos y en la noche ver en la televisión, al menos, tres noticieros. La primera semana de la guerra no la resentí, pues andaba de vacaciones, pero esta última me la he pasado viendo fotografías y videos de los bombazos. Antes de dormir, al hacer un pequeño balance de toda esta información, primero sentía rabia, luego impotencia y horror, ahora es un asco profundo.</p>
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</tr>
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<p><span id="more-483"></span></p>
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<p align="justify">No cualquier asco, me provoca tal cantidad de náuseas que varias veces me he tenido que parar de la cama y recurrir a toda esa serie de remedios caseros, como frotarse alcohol en la frente u oler limones, para controlar la urgencia de vomitar.</p>
<p align="justify">Al principio mi asco se lo atribuía a tantas imágenes de muertos, de cuerpos ensangrentados, desmembrados, de pieles rasgadas, quemadas, abiertas, órganos internos expuestos. Pero poco a poco me he percatado que mi sensación va más allá de la repugnante visión de los cuerpos destripados y profanados, es contemplar el salvajismo, la barbarie y la locura humana. No dudo que mi asco tenga alguna referencia a los sentidos, pero es más angustiante, absoluto y abrumador. Bush y Husseim son algo más que dos pelos en la sopa. Para comprender lo que me pasaba decidí leer el magnífico libro de William Ian Miller sobre el tema.</p>
<p align="justify">El asco, escribe el autor, se estructura en el ámbito de lo opuesto, es lo seco frente lo húmedo; lo fluido frente a viscoso; lo rígido frente a flexible, lo no adherente frente a lo pegajoso; lo inerte frente a serpenteante. Mi asco puede ser el de la vida y la salud, frente a las escenas de muerte y descomposición, pero sobre todo, creo yo, observar lo humano frente a lo estúpido. No puse lo humano frente a lo animal, porque en el aniquilamiento entre los animales, también brutal, depredadores y víctimas no dan ni piden cuartel, el objetivo es simple: sobrevivir. Satisfecha la necesidad nadie mata de más.</p>
<p align="justify">La guerra es algo peor que la lucha animal. No es por hambre por lo que se aniquila y el deseo de pasar a degüello todo lo que aparezca es insaciable. Bush y Husseim no son animales de presa ni carroñeros, la escala zoológica tiene su nobleza y no los incluye. No son dignos de aparecer en la serie “Animal planet”, tendrían que incluirse en el género de lo bestial, de lo que además de dejarnos consternados, nos avergüenza de nuestra condición humana.</p>
<p align="justify">Este artículo no puede llevar a nada al lector ni quizás llegue a una conclusión o sugerencia, lo reconozco, es una escritura catártica, pero necesito hacerlo para no reventar. Pues es un asco tan envolvente que no tiene nada de benévolo, no tengo ninguna compasión por los miserables que la comandan o la ejecutan en el campo de batalla. Tampoco es odio, “su majestad el odio”, escribiría Ortega y Gasset, es demasiado para ellos.</p>
<p align="justify">Mi sensación es de desprecio, de absoluto desprecio. Ni siquiera imaginar una ofensa, ni aventarles una mentada de madre que, como decían en la Revolución, también duelen. Nada de eso. No creo que para ellos pueda haber peor castigo que verse en el espejo o hacer un acto de contrición. Basta que recuerden quienes son y lo que hicieron para encontrar su infierno.</p>
<p align="justify">Muchos son los daños que provocará esta guerra a la humanidad. Creo que el mayor será que la repetición de las imágenes cada vez más dolorosas y terribles nos quiten nuestra capacidad de furia, de indignación en contra de esta guerra demente y, lo más grave, que acabe por no importarnos lo que sucede en Irak. No se pudo hacer nada para detener la guerra, algo deberemos hacer para ayudar a este pueblo masacrado.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 10 DE ABRIL DE 2003 | EXCÉLSIOR</p>
</div>
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		<title>Guerra. La belleza horrible</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 23:44:22 +0000</pubDate>
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“Para batallas de amor; campos de plumas”, escribía el poeta español, cuando no había resortes ni &#8220;box springs&#8221;, sino mullidos colchones. Sólo de esas guerras, de ésas en las que el triunfo exige a los contendientes ponerse de acuerdo para llegar a un empate, solamente ésas deberían de existir.











Lamentablemente no es así y es necesario [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">“Para batallas de amor; campos de plumas”, escribía el poeta español, cuando no había resortes ni &#8220;box springs&#8221;, sino mullidos colchones. Sólo de esas guerras, de ésas en las que el triunfo exige a los contendientes ponerse de acuerdo para llegar a un empate, solamente ésas deberían de existir.</p>
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<p><span id="more-477"></span></p>
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<p align="justify">Lamentablemente no es así y es necesario escribir sobre el genocidio que está cometiendo Bush; me niego a caer en la trampa de los medios norteamericanos, esa no es una guerra, es una carnicería, donde hay más muertes que luchas.</p>
<p align="justify">Cuando convocan los tambores al combate calla la razón. Todo se confunde y por supuesto las primeras víctimas son las palabras. Las bombas son &#8220;inteligentes&#8221;, los bombardeos son &#8220;humanitarios&#8221; y se muere por “fuego amigo”. Sólo la indiferencia de los muertos, sólo el rostro de terror de los prisioneros parecen ser verdad.</p>
<p align="justify">Escucho las declaraciones de un habitante de lrak a quien entrevistan, manifiesta no tener miedo a las bombas, &#8220;un hombre mojado no teme a la lluvia&#8221;, lo que más le preocupa son los actos de pillaje. Esos crímenes que se cometen al alba que sigue a la noche de la lluvia de bombas; después, la mano furtiva que se mete a la bolsa del cadáver, la que quita los zapatos. No es la mano del soldado enemigo que cobra el botín, es la del vecino, la del compañero de armas. Tiene razón, en la escala zoológica los animales más despreciables no son ni los leones ni los tigres, sino las hienas.</p>
<p align="justify">Quiero confesar una cosa. Todos escribimos sobre esta masacre para manifestar nuestra indignación, para interpretar la grandeza de su injusticia, para aliviar nuestra conciencia de que hacemos algo para oponemos a ella. Reconozco que hay algo en lo que yo caigo irremisiblemente seducido: la belleza aerodinámica de los bombarderos, la contundencia de los portaaviones, la perfección de los misiles. Quedo extasiado al observarlos cruzar el espacio. Tecnología, perfección, diseño, como que semejantes obras de arte creadas por la inteligencia humana merecen un mejor destino que matar.</p>
<p align="justify">Veo los rostros juveniles de los soldados muertos, recuerdo a Víctor Hugo, al escribir sobre la guerra: &#8220;Si hay alguna cosa horrible; si existe una realidad que va más allá del sueño, es ésta: vivir, ver el sol, estar en plena fuerza viril, tener salud y alegría, reír con valor, correr hacia una gloria deslumbradora que se tiene delante, sentir en el pecho un pulmón que respira, un corazón que late, una voluntad que raciocina, hablar, pensar; esperar; amar; tener una madre, tener mujer, tener hijos, tener luz y de pronto, en el espacio de tiempo necesario para dar un grito, en menos de un minuto, hundirse en un abismo, caer, rodar, magullar, ser magullado, ver espigas de trigo, flores, hojas, ramas, no poder agarrarse a nada, apretar un sable inútil, tener debajo de sí los hombres, encima los caballos, luchar en vano, romperse los huesos con una coz dada en las tinieblas; sentir el tacón de una bota que os hace saltar los ojos, recordar con rabia las herraduras de los caballos, ahogarse, aullar, desesperarse, estar allí debajo y decirse: ¡Hasta hace un momento yo vivía!&#8221;</p>
<p align="justify">Pobres generales, piensan que el único frente es Irak, mañana, cuando la guerra sólo es un recuerdo, leerán en los periódicos: &#8220;Voló un edificio; entró a un restaurante y con una ametralladora masacró a los asistentes; tiró una granada a un jardín de niños. No se saben los motivos, salvo que se trataba de un ex combatiente de Irak&#8221;. En esta guerra sin gloria, los derrotados podrán contar a sus muertos, los vencedores no podrán hacer lo mismo con sus locos.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 27 DE MARZO DE 2003 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>Veintiún años. Numeralía y aportación</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 23:39:53 +0000</pubDate>
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Siempre hago la misma reflexión. El mes pasado cumplí veintiún años de escribir en Excélsior cada semana. Me sobran los dedos de una mano para contar las veces que he faltado los jueves. Se preparan diversos tipos de festejos que durarán más que la Feria de San Marcos. Habrá coloquios, verbenas populares, entrega de diploma, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Siempre hago la misma reflexión. El mes pasado cumplí veintiún años de escribir en Excélsior cada semana. Me sobran los dedos de una mano para contar las veces que he faltado los jueves. Se preparan diversos tipos de festejos que durarán más que la Feria de San Marcos. Habrá coloquios, verbenas populares, entrega de diploma, medalla, cheques de viajero. Si la guerra no lo impide, corridas de toros, juegos florales, nombres de calles y en una máquina de linotipo de esta editorial.</p>
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</tr>
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<p><span id="more-474"></span></p>
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<p align="justify">¿De qué pudo haber servido escribir cerca 1,100 artículos en veintiún años? Si cada uno tiene un promedio de tres hojas y media, ¿cuál será la aportación de cerca de cuatro mil páginas? De más de trece millones, doscientos mil golpes de computadora o sea más de un millón de palabras ¿habrá algo que se salve?</p>
<p align="justify">Quisiera que el lector me acompañara a la siguiente reflexión. Nada tiene en el mundo expectativa de vida más corta que el silencio; nada, sin embargo, es más eterno que el silencio; él estuvo al principio de todo, él estará al final. El silencio es esa argamasa inmóvil sobre la que se desenvuelve el furor ruidoso de la vida. De esta manera, una de dos, o Dios es mudo o el silencio es Dios.</p>
<p align="justify">Prueba de todo esto es el mensaje que puso el creador al hacer el cuerpo. Ver, gustar, tocar, oler, son directos, inmediatos; nuestros órganos parecen correr al encuentro de estas sensaciones. El oír es otra cosa, al ruido se le trata como a un intruso, la recepción del cuerpo no es hospitalaria, hay canales, recámaras, laberintos, membranas, Dios al formarnos cuidó, sobre todo, el fondo silencioso de la vida interna, condición del conocimiento de sí mismo.</p>
<p align="justify">Diría el pavo real, esto es realidad virtual ¿Qué más? Para escribir cada artículo tuve necesidad de silencio, líquido amniótico de la creación. Mientras en sociedad el silencio implica incomodidad y una gran tensión, que las mujeres fresas rompen diciendo &#8220;Ay, está pasando un angelito&#8221;, el silencio al escribir es el único camino para ascender a los complejos valles donde se da cuerpo a las ideas.</p>
<p align="justify">Personalmente, cuando perpetro el articulo, lo primero que tengo que conquistar es el silencio. Separado del mundo siento que algo fluye; entonces nace en mí una angustia y una esperanza, el silencio me invade y me anima: ¡Idiota! Escribe. A veces ese silencio se pone como en campaña y dice: &#8220;Sí se puede&#8221;. Llega el momento de darle sentido a la realidad con las palabras silenciosas.</p>
<p align="justify">Los artículos se escriben pero también se leen teniendo como fondo el silencio. El lector, a lo más, con la boca cerrada moverá la lengua, en recuerdo de las vibraciones que producen las palabras. No obstante será preciso que se calle, dejar sin eco lo escrito, para liberar la imaginación e ir al parejo de los conceptos.</p>
<p align="justify">Escritor y lector necesitamos silencio. Yo me tardo, aproximadamente, cinco horas por cada artículo (ahí en donde los ve tan maletas, eso me llevo); el lector, unos cincos minutos. Mi aportación concreta y tangible en estos veintiún años de escribir, olvidémonos del contenido que puede haber sido más inútil que los llamados de paz en Medio Oriente, es que me quedé callado unas treinta y un semanas.</p>
<p align="justify">Si un lector quisiera leer todos mis artículos, enmudecería cerca cinco mil quinientos minutos, es decir se quedaría calladito cerca de cuatro días. Se sabe de personas que lo han intentado, pero al tercer día empiezan a sufrir convulsiones y a balbucear palabras ininteligibles. Esta ha sido mi colaboración como articulista, apoyar la infatigable tenacidad del silencio. Ojalá que me lo agradezca.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 20 DE MARZO DE 2003 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>Tragedia personal. Drama cibérnetico</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 23:14:12 +0000</pubDate>
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Realmente no quería escribir sobre el tema, pero me envuelve, se me cruza en cada acto de mi vida y, perdón, no lo puedo evitar. El drama es tan grande que no tengo palabras para describirlo y tiene que venir a mi auxilio la poesía: “Hay golpes en la vida, tan fuertes&#8230;¡Yo no sé!











Golpes como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Realmente no quería escribir sobre el tema, pero me envuelve, se me cruza en cada acto de mi vida y, perdón, no lo puedo evitar. El drama es tan grande que no tengo palabras para describirlo y tiene que venir a mi auxilio la poesía: “Hay golpes en la vida, tan fuertes&#8230;¡Yo no sé!</p>
</div>
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<p><span id="more-456"></span></p>
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<p align="justify">Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma&#8230; ¡Yo no sé! Son pocos, pero son.” Vallejo dixit. Y tráiganme tequila y más klinex.</p>
<p align="justify">Todo se inició cuando mi computadora empezó a tener problemas para enviar correos electrónicos. Vinieron a arreglarla dos supuestos técnicos, de algo que ellos afirmaron desdeñosamente era “pan comido”. Un ligero presentimiento me invadió, vi a los sujetos como asesinos, especie de “Hannibals” sanguinarios dispuestos a comerme el cerebro. Tímidamente les pregunté que si no corría peligro la información que tenía. Haciéndome el chistoso, les comenté que la computadora era más que mi memoria, era mi clón. Me aseguraron que nada pasaría, no obstante, a los pocos minutos de manipularla sus rostros se descompusieron y me dijeron que tenían que llevarse el aparato. Esa noche ya no dormí.</p>
<p align="justify">Muy temprano me comuniqué, logré que me tomaran la llamada ya entrada la tarde cuando amenacé en ir a quemar el local. Por teléfono me informaron que la habían “formateado”, la palabra la sentí con olor a muerte. “Y bueno pus”. Balbuceaba. “Bueno ¿qué?” Grité por el teléfono. “Pus nada –agregó- sólo que se desapareció la información”. Quedé mudo y paralizado. El tipo agregó para consolarme: “Pero le vamos a regalar un “quemador” para que no le vuelva a pasar”. Como si yo no hubiera sido la víctima sino el culpable.</p>
<p align="justify">Salí corriendo, subí al coche, manejé a velocidades impensadas por mí, llegué al local y agradecí no traer una uzi, pues hubiera provocado una tragedia peor que un gringo loco en un “MacDonalds”. Tomé el “CPU” con cuidado y salí cargándolo entre mis brazos, como una moderna “Pietá” con su hijo cibernético asesinado. Así, durante varios días, recorrí los locales de varios técnicos. En la pantalla aparece todo en blanco, como me imagino debe de ser el cerebro de alguien que padece alzheimer. De vez en cuando salen signos extraños y palabras inconexas. Huellas deshilvanadas de textos que me llevaron meses en su redacción.</p>
<p align="justify">Cuando a los filósofos y lingüistas españoles les mostraron lo que nosotros conocemos como computadora para que la bautizaran. Ellos analizaron sus funciones, evidentemente, impresionados, le pusieron uno de los nombres que distingue a Dios: ordenador. Efectivamente, prenderla era para mí como resucitar; encontrarme en el tiempo, en la circunstancia, en los recuerdos. De pronto me he quedado sin representación escrita de mis últimos años, de mi sudor; del trabajo, del pasado. Ver las ideas repetidas con sólo tocar un botón, les daba fuerza, viveza. Ahora, como si de pronto me hubiera dado un ataque de amnesia, al leer el índice de los temas perdidos los veo y los siento en penumbras. ¿Qué información, qué conocimiento es realmente indeleble en mi disco duro, perdón, en mi mente? ¿Dónde está mi trascendencia? ¿Qué tengo dentro de mi incapaz de borrarse sin necesidad de aparatos?</p>
<p align="justify">Mi crisis va más allá de mí mismo y mi escepticismo alcanza a la civilización. Ser moderno es ser dependiente de las prótesis del celular, del coche, pero sobre todo de la computadora. Por cierto estimado lector ¿No sabe Usted de una computadora, ni muy moderna ni muy vieja, ni muy grande ni muy chica, ni muy cara ni muy barata, que se quiera casar conmigo?</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 30 DE ENERO DE 2003 | EXCÉLSIOR</p>
</div>
</td>
</tr>
</tbody>
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		<title>2003. Mi primer propósito</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 23:08:59 +0000</pubDate>
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Jano es un dios de la mitología romana. Se le representaba con dos caras opuestas, una que mira hacia delante y la otra hacia atrás, aunque también se le dibujaba en forma de puerta, un lado que mira hacia dentro y el otro hacia fuera. Jano tenía su buena fama, pues se suponía que veía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<div>
<p align="justify">Jano es un dios de la mitología romana. Se le representaba con dos caras opuestas, una que mira hacia delante y la otra hacia atrás, aunque también se le dibujaba en forma de puerta, un lado que mira hacia dentro y el otro hacia fuera. Jano tenía su buena fama, pues se suponía que veía las cuestiones por todos lados.</p>
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<p align="justify">Tal vez por este motivo el primer mes del año se le honra con su nombre, january, en inglés, enero, en español. Enero todavía ve al pasado, pero también vislumbra al futuro.</p>
<p align="justify">Mi memoria es corta, si cierro los ojos y pienso en el 2002, lo que recuerdo son esos días frenéticos en los que recorrí los grandes centros comerciales, los llamados “mols”, para comprar unos cuantos regalos y cambiar prácticamente todos los que me dieron. Afortunadamente mis familiares saben que soy muy quisquilloso con lo que me dan y me adjuntan la nota correspondiente. Para ellos esta práctica le quita cierta magia al regalo, para mí le da realismo y, sobre todo, comodidad. Han optado porque que yo sepa cuánto les costó el obsequio a que les dé el roperazo para la siguiente navidad, pues además siempre se me olvida quien me dio qué.</p>
<p align="justify">Al llegar al “mol” empezaba a recorrer los pasillos lentamente, deteniéndome, ya no digamos en los aparadores de lencería fina, los más socorridos, sino hasta en los de vestidos de mujeres embarazadas. En suma, me sumergía gozoso al pleno ejercicio de esa hermosa y muy socorrida costumbre mexicana de “tragar camote”. De pronto, no sé que me pasaba, tal vez era contagiado por la prisa de los otros lummings y me ponía a correr igual que ellos, pero no como las ratitas para lanzarme al vacío, que no deja de tener cierto encanto, sino simplemente para entrar a cualquier tienda, aventar la tarjeta al mostrador y empezar a buscar, cualquier cosa, simplemente alguna oferta.</p>
<p align="justify">Creo que la filosofía sirve para todo, cuando me venía un acceso febril de esos, en los que me ponía peor que Sergio Andrade, encerrado en un departamento en Copacabana con cuatro cueros, recordaba para tranquilizarme a Sócrates. En una ocasión sus discípulos, cansados de la austeridad del maestro, deciden llevarlo a recorrer el mercado de Atenas, que era una especie de Santa Fe, pero a lo bestia. No solamente vendían especias, ungüentos, telas, animales, sino hasta animales racionales, ergo, esclavas y esclavos. Al terminar los discípulos le dijeron que traían billete y que les pidiera lo que quisiera, Sócrates simplemente dijo: “¡Qué de cosas que no necesito!” Y se retiró.</p>
<p align="justify">No hay duda de que salvo la lujuria, que es el pecado más interesante, la sociedad de consumo fomenta todos los demás. La soberbia ni se diga; la envidia, con su baba verde, por supuesto; la ira, reacción obligada al pagar los precios; la gula, por el hambre de todo que provoca el comprar y, finalmente, la pereza, resultado de un ajetreado día de “chopping”.</p>
<p align="justify">No es posible que el mundo siga así: por un lado, todos convertidos en “toxicómanos” de la energía y del consumo, por el otro, los norteamericanos poniéndole el freno de mano a la economía y a la producción. Esto va a tronar como mercado veracruzano, si pagamos costos más altos para mantener nuestra falsa opulencia, vamos a quebrar, si los norteamericanos abren la puerta a la expansión de sus productos y mercados, lo que vamos a quebrar es a la naturaleza. Mi primer propósito de año nuevo será fomentar mi cultura de conservación de las cosas, de frugalidad; la vida simple. Empezaré por preguntarme ¿Realmente qué necesito? Como estoy pensando y la lista se me empieza a alargar, mejor luego les platico.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 09 DE ENERO DE 2003 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>La agenda. ¡Atrévase!</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 23:03:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Revisar la agenda del año que termina para pasar los teléfonos a una nueva, es una tarea para hombres muy hombres que ni Robocop ni el Hombre Araña, en ninguna de sus versiones cinematográficas, se ha atrevido hacer. No por presumir, pero yo lo hago cada dos de enero.











Reconozco que al finalizar de revisarla acabo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Revisar la agenda del año que termina para pasar los teléfonos a una nueva, es una tarea para hombres muy hombres que ni Robocop ni el Hombre Araña, en ninguna de sus versiones cinematográficas, se ha atrevido hacer. No por presumir, pero yo lo hago cada dos de enero.</p>
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<p align="justify">Reconozco que al finalizar de revisarla acabo más deprimido que un diputado sin su bono de fin de año y me pongo más filósofo que un locutor dirigiendo un teletón. Con este artículo se van a dar cuenta.</p>
<p align="justify">La cuestión parece fácil. Se necesita tomar cuidadosamente la agenda antigua, agradecerle los servicios prestados y perdonarla por todas las ocasiones que momentánea y dramáticamente se nos perdió. Acto seguido dar vuelta hoja por hoja, sentir así golpe a golpe el paso de un año; introducirse real y concretamente a ese escurridizo misterio del tiempo, en el que todo acaba y todo comienza. Es la fórmula, el rito de la existencia: la muerte y el anuncio de la vida.</p>
<p align="justify">Recordar si se quiere a San Agustín: &#8220;¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si deseo explicárselo a quien me lo pregunta, no lo sé&#8221;. Quizás mejor pensar con Carlyle: &#8220;Ese gran misterio del tiempo, aunque no hubiese otro; esa cosa ilimitable; silenciosa, sin reposo, llamada tiempo, que avanza, veloz, silenciosa, como una inmensa marea&#8221;.</p>
<p align="justify">Es mi agenda. Aquí están las citas, los compromisos, los planes. Sin la savia del presente todo parece tan muerto. ¿Cuántas cosas ya estaban fijadas en el destino ineluctable? ¿Cuántas determiné libre y verdaderamente yo? ¿Qué fue realmente importante? ¿Qué fue más inútil que un árbol de navidad el 7 de enero? ¿Qué volverá? ¿Qué se desvaneció para siempre?</p>
<p align="justify">¡Ay el tiempo! Ni héroe ni villano ni amigo ni enemigo ni bálsamo ni veneno, simplemente el mejor soplete con el que cuenta la verdad. Durante todo el año cuántas cosas incompletas fue llenando, cuántos enigmas resolviendo, cuántos dolores enterrando. De todas las cosas grandes que imaginé encontrar, cuántas eran sólo espejismos; de las pequeñas, cuántas sólo el disfraz de la humildad. Eso sí, a todas el tiempo les dio su justa dimensión. Ni hablar, contra el ruido y la estática del presente, la música y la perspectiva que sólo otorga el pasado.</p>
<p align="justify">Y sigo revisando. Me asombro. Cada cosa precisa, rigurosa, &#8220;racionalizada&#8221;, evidentemente apresurada; un estado de emergencia sin concesiones. Para un ser humano desordenado como yo, cuánta violencia encierra la puntualidad, cuánta angustia la exactitud, cuánta frustración los retrasos. Todo sea por ganar tiempo, conjurar la muerte, pero quién sabe si para vivir. Además, con una culpa ¿Contra quién arremeter por el tiempo perdido?</p>
<p align="justify">La agenda es el mejor testimonio de una convicción ilusa, pensar que por medir el tiempo lo controlamos. Pero esto no es lo más patético, lo peor es sentir que el tiempo no ha hecho mella en nosotros, lo que ha envejecido es la agenda, los tachones, se los han llevado los días escritos en el papel, nosotros hemos pasado el pantano de sus urgencias totalmente inmunes a sus injurias. No es así, el tiempo tiene su propio tiempo, sus huellas su propio propósito, avanzar hasta el final, mientras tanto a cada quien nos irá dejando en la cuneta.</p>
<p align="justify">He terminado. Ahora viene el acto más duro, propio para los machos muy machos: tirar la agenda. Realmente se necesita mucho temple, es como tirar el eco de nuestra voz, el hijo de nuestra memoria. Tirar la agenda es como matar el pasado, minimizar la importancia de nuestra vida, Si el estimado lector se atreve, ojalá algún día me cuente qué se siente. Hasta el momento no he podido tirar ninguna.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 02 DE ENERO DE 2003 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>Instituto Patria. Recuerdos y valentía</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 02:41:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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En el libro de recuerdos de mi preparatoria, el rector de la escuela de jesuitas escribió una dedicatoria que siempre me inquietó, pues en una despedida en la que todo tiene la obligación de ser amable y optimista, sus palabras adquirían un tono lúgubre y amenazante. En ese libro, que sintetizaba nuestro paso por las [...]]]></description>
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<p align="justify">En el libro de recuerdos de mi preparatoria, el rector de la escuela de jesuitas escribió una dedicatoria que siempre me inquietó, pues en una despedida en la que todo tiene la obligación de ser amable y optimista, sus palabras adquirían un tono lúgubre y amenazante. En ese libro, que sintetizaba nuestro paso por las aulas del Instituto Patria, nos invitaba a que lo tuviéramos como una obra de cabecera y que nunca nos invadiera el miedo de abrirlo. ¿Miedo? ¿Por qué se le puede tener miedo a los recuerdos?</p>
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<p align="justify">El sábado pasado, después de muchísimos años de haber salido de la escuela, nos volvimos a reunir. Las injurias del tiempo han dejado a algunos prácticamente irreconocibles. Pensaba que mi edad correspondía a una elegante madurez, pero las huellas en la piel de otros compañeros me enfrenta a que ya hemos iniciado ese paso por el desierto, del que hablaba Torres Bodet, que es la vejez.</p>
<p align="justify">Cabellos blancos, calvicies, vientres prominentes; olvido de los nombres; pérdida de agilidad y autoridad en los movimientos. Pruebas contundentes de que Goethe tiene razón: “La vida es un proceso de deterioro y acabamiento”. Inevitable que me aferrara a un “rayo de esperanza”, que no tiene nada que ver con López Obrador, la sensación narcisista, “yo estoy mejor”. En este optimismo un poco forzado una duda: “¿Ellos me verán tan fregado, cómo yo los veo a ellos?”.</p>
<p align="justify">(Contra la depresión, resultado de verse en el espejo de los compañeros de generación, Woody Allen otorga un remedio: buscar a las compañeras de la clase. La auto estima juvenil se recupera de inmediato. Mi desgracia es que somos puros hombres)</p>
<p align="justify">Pasan unos minutos para recuperarse de las diferencias del “look” con el pasado. Empieza la conversación, de pronto, una sonrisa, un gesto y se reconstruye la imagen perdida del amigo y la circunstancia compartida, me veo con ellos jugando, discutiendo, en una horrible excursión. El detonador del recuerdo abre cauce a las vivencias; atropelladamente intercambiamos, en medio de risas, las remembranzas. Nos perdonamos la ausencia, el no habernos buscado y hasta el haber envejecido.</p>
<p align="justify">Viene el recuento de nuestras vidas ¿Qué has hecho? ¿Cuántos divorcios llevas? ¿Dónde estás ahora? ¿Y de tus planes que tenías en la prepa? Otra vez se necesita valentía, nunca respondemos a las expectativas de los que nos rodean; los ideales se han secado de pragmatismo. En el mejor de los casos las ilusiones siguen ahí, pero el horizonte ha apresurado el paso o nosotros ya caminamos más lentamente. ¿Dónde nos equivocamos? ¿Cuál fue la piedra que me hizo tropezar? ¿Dónde me perdí?</p>
<p align="justify">Hemos tomado caminos tan diferentes, estamos ya tan distantes, que en un momento dado me pregunto si esa no es una reunión de extraños. Pero descubro que los que se iban de pinta ya están jugando dominó, que el relajiento ha cambiado las copas, que el atormentado ya me recrimina mi falta de compromiso con la religión. Nos reconocemos, seguimos iguales y transformados, el envase está deteriorado, pero el perfume de la amistad sigue indeleble. El tiempo deja de ser una desgracia y se convierte en un patrimonio. Somos alguien, los recordamos y nos recuerdan; nos quieren y los queremos. Por la vida no hemos pasado en balde.</p>
<p align="justify">Al final cantamos el himno del colegio, entre todos nos ayudamos a recordarlo. Una ráfaga de viento hace que caigan sobre nosotros las hojas de otoño de los árboles. Veo derramar lágrimas en los rostros y yo hago lo propio. Descubro que somos una partida de valientes, pero también que nos hemos hecho muy chillones.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 02 DE DICIEMBRE DE 2004 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>Lo sexual. Metros y tecnos</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 02:30:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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“Eso de discutir, me critica un amigo, sobre las diferencias entre el erotismo y la pornografía, como lo haces tú y tus lectores (Leopoldo Aguilar García), está más pasado de moda que especular sobre si los hijos deben o no fumar delante de sus padres”. Prosigue: “El tema son las características, ventajas y desventajas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">“Eso de discutir, me critica un amigo, sobre las diferencias entre el erotismo y la pornografía, como lo haces tú y tus lectores (Leopoldo Aguilar García), está más pasado de moda que especular sobre si los hijos deben o no fumar delante de sus padres”. Prosigue: “El tema son las características, ventajas y desventajas de los ‘tecnosexuales’ y los ‘metrosexuales’”.</p>
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<p><span id="more-423"></span></p>
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<p align="justify">No puedo evitar abrir los ojos, lo que es un motivo para que agregue: “Ahí está tu ignorancia, cuando te hablo de metrosexuales no me estoy refiriendo al número que calza, sino a una nueva tendencia sexual”. Me tranquiliza.</p>
<p align="justify">Sintiéndome más viejo que un reloj de arena me pongo a investigar. Encuentro un texto sobre el tema: “Metrosexual se refiere a los hombres de las grandes ciudades (Si Usted es de San Juan del Río, olvídese) que están dispuestos a invertir tiempo y dinero en explorar su lado femenino”. (Se sabe de algunos que salieron vestidos de “boxscouts” a explorar su lado femenino y se quedaron en el intento, regresaron fascinados ya con faldita escocesa)</p>
<p align="justify">“El metrosexual no está peleado con su sexualidad”. (Aunque no puede evitar hacerle el fuchi) “El hombre metrosexual es una versión del dandy o playboy del siglo pasado, pero con la diferencia de que al metrosexual no le molesta expresar sus emociones en público”. (Si Usted está en el cine y de pronto el señor de al lado se tira al suelo llorando, haciendo una pataleta, amenazando con hacerse pis si no le traen más palomitas, lo más probable es que no esté ante un niño crecidito sino frente a un metrosexual)</p>
<p align="justify">“El metrosexual es heterosexual pero también es capaz de asumir roles que antes eran catalogados sólo para mujeres, tales como: cocinar, limpiar la casa o cuidar a los niños”. (Si Usted además de todo esto lleva la ropa a la tintorería, tiene derecho a que no le llamen mandilón, sino metrosexual. Si sus amigos insisten en decirle el mismo apodo despectivo de mandilón, puede usted pellizcarlos o amenazarlos de que los va a acusar con David Beckham, capitán de la selección inglesa de fútbol y metrosexual de tiempo completo)</p>
<p align="justify">“Los metrosexuales se la pasan la vida cuidando el cuerpo y el aspecto. Son capaces de recurrir al cirujano plástico para lograr la apariencia perfecta”. (Los metrosexuales se someten a permanentes hojalateadas corporales o a cirugías mayores, como es el caso del que alguna vez fue negro: Michael Jackson. Los cambios pueden ser: de color de la piel, barriga, nariz, liftings, párpados, papada y mamas. (Con relación a esto último, todavía no se sabe de ningún cáncer)</p>
<p align="justify">Si a estas alturas no sabe Usted si es metrosexual, sexual en el Metro, naco, mamilas o chiva rayada, el texto le ayuda a disipar semejante dilema: “Test para saber si eres metrosexual.</p>
<p align="justify">1. ¿Te gusta que tu ropa interior luzca por encima de tu pantalón? (Aunque sea calzón Trueno).</p>
<p align="justify">2. ¿Has pagado un tratamiento facial? (De perdida una mascarilla de aguacate)</p>
<p align="justify">3. ¿Te han confundido con un homosexual? (Lo que todavía no se sabe si esto es elogio, reconocimiento u ofensa)</p>
<p align="justify">4. ¿Tienes más de diez pares de zapatos? (No se incluyen chanclas de baño)</p>
<p align="justify">5. ¿Renuevas tu guardarropa de acuerdo con la temporada? (Se refiere a estaciones del año, no a la temporada de fútbol)</p>
<p align="justify">6. ¿Tienes planeado invertir dinero en acudir a un spa? (No se acepta como spa el balneario público de Ixtapan de la Sal)</p>
<p align="justify">7. ¿Has llorado frente a tu novia después de ver el Titanic?”. (También se considera como válido moquear en “El Rey León”)</p>
<p align="justify">Si ha respondido a las preguntas que sí, quisiera, bueno, este, no sé, creo que, en fin, felicitarlo.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 28 DE OCTUBRE DE 2004 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>Divagaciones. El tiempo</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 02:20:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Después de las últimas tres olimpiadas he caído en profundas depresiones. José Alfredo Jiménez se convierte mi ideólogo de cabecera y en lugar de hablar me la paso tarareando en voz alta y en silencio: “Esta vida mejor que se acabe, no es para mí. ¡Pobre de mí!” Mi decaimiento no es por el tristísimo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Después de las últimas tres olimpiadas he caído en profundas depresiones. José Alfredo Jiménez se convierte mi ideólogo de cabecera y en lugar de hablar me la paso tarareando en voz alta y en silencio: “Esta vida mejor que se acabe, no es para mí. ¡Pobre de mí!” Mi decaimiento no es por el tristísimo papel de nuestros atletas, sino por los malditos cronómetros que aparecen casi en cada deporte. Simplemente comprendo una cosa, no soy de esta época. Cada tiempo mide su tiempo y éste ya no es el mío.</p>
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<p align="justify">Por supuesto que no pertenezco a los orígenes del tiempo, cuando nace la palabra que provenía de “templo”, pues para los antiguos era Dios y no los hombres, quien fijaba los puntos de referencias de nuestro paso en la tierra. Y se llama “calendario”, pues son los sacerdotes los que “llaman” (calare en latín) al festejo de los días feriados, obviamente consagrados a cuestiones de la divinidad.</p>
<p align="justify">Mi abuela, en Querétaro, nunca se desprendió de esta concepción religiosa. El tiempo de cocimiento de los alimentos lo hacía con “credos” y “padre nuestros”. Y hacer las cosas tenían que ser más rápidas que un “amén”.</p>
<p align="justify">Me consuelo en saber que la medición del tiempo por las estaciones o el reloj de sol, son remotas para mí. Sigo observando con magnánima tolerancia, la vaguedad de la “hora”, que ponían nuestros antepasados en los relojes: “La muerte es segura; sólo la ‘hora’ es incierta”; “Todas las ‘horas’ hieren’, la última mata”. Pero ya es familiar para mí el péndulo de ese inmenso reloj en un mueble de madera, entre ropero y ataúd, que estaba en un lugar privilegiado de la sala.</p>
<p align="justify">Casi me siento de la civilización cuya metáfora más conocida para dar idea de la velocidad del tiempo era la imagen de un calendario que se le volaban las hojas. Y ya pertenezco plenamente a la generación del tic-tac; de la tercera flechita de los relojes de pulso que marcan los segundos. Por supuesto soy de los que en más de una ocasión dice: “Señorita, me permite un minuto”.</p>
<p align="justify">En suma, mi generación es la del tiempo mecánico, que no tiene nada que ver con el tiempo cibernético. Mi segundo es un señor viejo, gordo y cachetón que ahora es dividido en mil fracciones. Me siento realmente en la cuneta de la existencia; me invade una disonancia, un desencuentro con el ritmo exterior. Si pudieran los científicos observar mi concepción de tiempo, en una de esas me disecan y me llevan al museo de antropología y me colocan al lado del telar, la rueca y la flecha. Para no caer en las especulaciones del complot y de que alguien de allá arriba me quiere desaforar, busco mis compensaciones.</p>
<p align="justify">Realmente no me interesan los restaurantes rápidos ni sus aberrantes productos: fast food. Al contrario, para mí es una garantía los alimentos que incluyen el “déjese serenar”, y no hay nada más sabroso que el recalentado, en la que el tiempo le pone a las mezclas su toque de trascendencia. Me gusta la velocidad en las computadoras, pero no me interesan ni las relaciones que se inician o terminan con un “infinitum”, pues coincido con Milán Kundera, el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria. Ahora sólo me llaman la atención las relaciones que dejen algún recuerdo y, por lo tanto una experiencia.</p>
<p align="justify">El nuevo tiempo cibernético que privilegia lo instantáneo, se refleja en la vida política en el renacimiento del populismo, que da el remedio inmediato a los que están cansados de esperar, pero que a la larga los hunden en un mayor atraso. En fin, la madurez, la paciencia y los sentimientos son eternos, no saben de aparatos que miden el tiempo.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 23 DE SEPTIEMBRE DE 2004 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>Zoológico. Los Viveros de Coyoacán</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 02:16:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Tal vez para mantener la armonía de mi musculoso cuerpo con mi bien peinada cabeza, quizás para no olvidar a qué huele el aire o a lo mejor para simplemente resistir el tránsito y no convertirme en un asesino serial, pero siempre que vengo al DF visito los Viveros de Coyoacán. Los cursis le llaman [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Tal vez para mantener la armonía de mi musculoso cuerpo con mi bien peinada cabeza, quizás para no olvidar a qué huele el aire o a lo mejor para simplemente resistir el tránsito y no convertirme en un asesino serial, pero siempre que vengo al DF visito los Viveros de Coyoacán. Los cursis le llaman el pulmón de la ciudad, para mí es algo más, es el corazón, el sudor, la sangre y reflejo de la vida de esta megalópolis.</p>
</div>
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<p><span id="more-406"></span></p>
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<p align="justify">Se puede encontrar de todo, muy de mañana hasta degenerados deportistas que rebasan a los humildes andarines, como yo, respirándoles en la oreja, que es algo así como un claxonazo en el periférico a los que circulan a vuelta de rueda para que dejen el carril de ochenta. Su paso veloz y autorizado, lo interrumpen de vez en cuando para ver la hora, recordándonos que todos deberíamos de prepararnos como para andar por la vida repartiendo pizzas.</p>
<p align="justify">Más entrada la mañana llegan las señoras gordas y los jubilados. Se distinguen por las canas, las lonjas y los ruidos. Suenan como bolsas de super, pues se cubren alrededor de la cintura con periódicos y plásticos para aumentar la sudoración. La tercera edad no es en este caso la tradicional vencida, sino la revancha. Sin importarles lo que decía Goethe, “la vida es un proceso de deterioro y acabamiento”, insisten en esa lucha tan eterna como inútil de la humanidad contra la vejez. Cuando es una pareja de ancianos, inevitablemente es la mujer la que lleva del brazo al hombre que apenas se arrastra. Lo que algún día fue velocidad acaba cediendo ante la resistencia.</p>
<p align="justify">En los Viveros hay una amplia población de ardillas. A medio día llegan los padres con sus hijos. A ellos les sale la neurona de Tarzán y pretenden enseñarles a sus hijos su capacidad de convocatoria con los animales. Para este efecto, toman un cacahuete con la mano y se ponen en cuclillas para ofrecerlo, en más de una ocasión he escuchado el desgarrar de costuras de los pantalones en sálvese sea la parte. Ellos no se inmutan, siguen en su papel de demostrar a sus hijos su habilidad para desenvolverse en las calles y en los bosques.</p>
<p align="justify">Los niños sufren sus primeras desilusiones de la infancia. Las ardillas son animales ariscos y nerviosos, están lejos de la imagen de las películas de Walt Disney donde aparecían amigables y juguetones; de la misma forma que del símbolo simpático de un alimento chatarra. Los niños pronto se percatan que a estas ratas con la cola esponjada, lo mejor es tirarles los cacahuates de lejecitos y no arriesgarse a una mordida. Son las primeras lecciones de desconfianza de la naturaleza y que les servirán para la convivencia en el asfalto.</p>
<p align="justify">También asisten personas con alzheimer o con otros grados tolerables de locura. Por supuesto los más hermosos son los enamorados. Ante los ojos envidiosos de los que caminamos, se abrazan y se besan con desesperación, parados o tirados en el pasto. Recuerdo que cuando salió el baile de la “lambada” el anuncio publicitario decía: “Si fuera más audaz, no sería baile”. Lo mismo digo de los amorosos, una caricia de más o una prenda de menos, y los Viveros no serían pulmón, sino una zona verde de paso.</p>
<p align="justify">También van los desempleados, que acostados en las bancas, con el invariable periódico en las manos, se hunden deprimidos ante la indiferencia del mundo y de la naturaleza. También están los novilleros, que desbordantes de esperanza, invitan a embestir a una carretilla con cabeza de toro. Todo lo hacen con tal seriedad, que a veces escucho los aplausos del público ausente.</p>
<p align="justify">Así son los Viveros, un zoológico donde todos los animales andamos sueltos.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 02 DE SEPTIEMBRE DE 2004 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>La vida. La suerte</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 02:14:33 +0000</pubDate>
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Si hay algo que distingue a la humanidad es su obsesión por controlar todo lo que le rodea; la ciencia y la técnica concentran sus energías en eliminar lo inesperado de la existencia. Actualmente el mundo no parece estar satisfecho de los resultados de estas tareas y aumentan su afición precisamente por lo contrario: la [...]]]></description>
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<p align="justify">Si hay algo que distingue a la humanidad es su obsesión por controlar todo lo que le rodea; la ciencia y la técnica concentran sus energías en eliminar lo inesperado de la existencia. Actualmente el mundo no parece estar satisfecho de los resultados de estas tareas y aumentan su afición precisamente por lo contrario: la magia y la suerte. Los libros más vendidos son los del adolescente inglés y sus aventuras entre brujas, Harry Potter, y el de la “Buena suerte”, escrito por dos suertudos españoles. Libro que ha vendido más de un millón de ejemplares y ha desplazado a todos los best sellers del filón comercial de la auto superación.</p>
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<p align="justify">Insisto, es curioso que toda esta racionalidad de nuestra vida globalizada y de las computadoras, tenga estas reacciones a favor de lo oscuro y lo imprevisible. La magia y la suerte pueden ser las últimas tablitas de salvación y consuelo para adquirir los conocimientos que no nos dan los científicos; para alcanzar el éxito que no obtenemos a pesar de seguir todos los mandamientos de la sociedad de mercado.</p>
<p align="justify">Es diferente el sentido de suerte que tienen los españoles autores del libro (Fernando Trías y Alex Rovira), que como se concibe en México. Para nosotros, como pueblo, no creo que la suerte se considere como algo que nos distinga. Estoy seguro que hay más dichos populares que destacan precisamente lo contrario: “Cuando tuvo para carne era vigilia”; “compró el circo y le crecieron los enanos”. A la suerte la manejamos con ironía: “Rosita estaba de suerte, de los tres tiros que le dieron, sólo uno era de muerte”; “No sé que les pasa a los valientes, que se les cansa pronto la suerte”.</p>
<p align="justify">Los escritores europeos trasladan el tema al mundo de los negocios. Según ellos, se tienen que cumplir determinadas reglas. La primera de ella es convencernos de que la suerte es algo por lo que hay que ir en su búsqueda. Para nosotros la suerte está ligada a la fatalidad. “Hay unos que nacen con estrella y otros que nacen estrellados”. El conocido slogan que le dio tan buenos resultados a la Lotería Nacional: “Un golpe de suerte lo decide todo”. Esa suerte tiene aspectos en la vida de absoluta fatalidad: “Matrimonio y mortaja del cielo bajan”.</p>
<p align="justify">Para los escritores la suerte es algo que por lo que se tiene que trabajar, lo que para los mexicanos eso sería la mayor prueba de mala suerte. Recuerdo el chiste. Para salir de la crisis hay dos soluciones: La científica y la milagrosa. La científica es que la Virgen de Guadalupe baje del cielo y nos dé lingotes de oro; la milagrosa, que todos nos pongamos a trabajar.</p>
<p align="justify">Pero sigamos con los autores españoles, escriben: “Si ahora no tienes Buena Suerte, tal vez sea porque las circunstancias son las de siempre. Para que la Buena Suerte llegue es conveniente crear nuevas circunstancias”. Una faceta de nuestra opinión está en una canción: “La vida es la ruleta en la que apostamos todos, a mí me había tocado nomás la de ganar”. “Me había tocado” pero de la misma forma que no me hubiera tocado. Más claro el contraste en: “Suerte te dé Dios, que el saber nada te importe”.</p>
<p align="justify">Los mexicanos admiramos la suerte sin planeación ni esfuerzo. Recuerdo que en mi infancia había dos peleadores magníficos, el “Toluco” López y Vícente Saldívar. El primero era parrandero y desobligado, ganaba y perdía; Saldívar fue campeón mundial, era serio y profesional. La gente idolatraba al “Toluco”. Un día le pregunté a un taxista este absurdo, me respondió: “Es que Saldívar no tiene chiste. Se la pasa entrenando”.</p>
<p align="justify">Quizás los mexicanos fuéramos otros, si vinculamos la suerte con el trabajo.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 26 DE AGOSTO DE 2004 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>La lluvia. Queretanos aterrados</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 02:10:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Cuando era niño, resultado de las lluvias, hubo una inundación en Tampico, a los damnificados los ubicaron en el estadio de futbol y para entretenerlos les llevaron variedad con artistas. El trío Los Panchos empezó a cantar una famosa tonadita: “Parece que va a llover, el cielo se está nublando ¡ay mamá! Me estoy mojando”.











No [...]]]></description>
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<p align="justify">Cuando era niño, resultado de las lluvias, hubo una inundación en Tampico, a los damnificados los ubicaron en el estadio de futbol y para entretenerlos les llevaron variedad con artistas. El trío Los Panchos empezó a cantar una famosa tonadita: “Parece que va a llover, el cielo se está nublando ¡ay mamá! Me estoy mojando”.</p>
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<p><span id="more-399"></span></p>
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<p align="justify">No pudieron terminar la canción, pues los asistentes les aventaron las sillas. No aguantaron nada. Lo alegre que nos ponen las gotas de agua de la regadera, nos pone de mal humor la lluvia.</p>
<p align="justify">En Querétaro llovió mucho el año pasado y ocurrieron varias desgracias. Ahora desde que se empieza a nublar el cielo mis paisanos se ponen de peor humor que un artista que es fotografiado por un papparazzi en una infidelidad. Independientemente de la neurosis que traemos con las lluvias, también es resultado de una de las enajenaciones de la sociedad actual. Jung dice que hemos aprendido a prescindir de la fantasía, y la &#8220;participación mística&#8221; del ser con lo que lo rodea, ha sido eliminada de nuestro mundo.</p>
<p align="justify">Para el hombre primitivo las cosas tienen un alma que está más allá del aspecto que temporalmente han adoptado; el hombre en la selva puede vincular su futuro con un árbol o llenar de significaciones la aparición de una nube. Para el hombre “racional” moderno un león es un león y un árbol es un árbol.</p>
<p align="justify">Así, en la mitología primitiva más común, la lluvia se consideraba como la unión amorosa entre el cielo y la tierra. La invocación del cielo es: &#8220;llueve&#8221;, y luego a la tierra: &#8220;fructifica&#8221;. Eso se consideraba el matrimonio sagrado de los dioses. Para el hombre antiguo ver la lluvia era conmoverse ante un magnífico acto de amor cósmico; para el hombre moderno, fundamentalmente el urbano, la lluvia no pasa de ser algo molesto, inoportuno y bastante inútil, pues ni las estatuas retoñan ni los semáforos florecen. Hemos hecho una escenografía artificial de convivencia, alejada de la Naturaleza y más aún de sus excesos. Es irritante y frustrante para el que vive en una ciudad, observar que la lluvia con toda tranquilidad lo disloca todo, se burla del complicado control de la existencia civilizada y de las previsiones a las que nos hemos acostumbrado. Pero no, la Naturaleza no está vencida, tiene su propio ritmo y esencia, se expande más allá de nuestro dominio y con rudeza nos hace sentir su presencia que en la rutina anhelamos olvidar.</p>
<p align="justify">Lo que no producimos, lo que no depende del hombre, lo que palpita espontáneamente, nos provoca angustia. Alejados de nuestras sensaciones, de nuestro cuerpo, amamos el confort y acabamos odiando a la Naturaleza. Lo que es un don en el campo es una maldición en la ciudad; lo que debería ser un encuentro con nosotros mismos es motivo de frustración y molestia. Las gotas de agua caídas del cielo sobre la ropa seca nos recuerdan nuestra condición de seres urbanos, nuestra mayor identificación con el paraíso del cemento y el clima acondicionado.</p>
<p align="justify">Cuando les platico la mitología a mis amigos, me responden con el chiste del negro que está rezando: “Dios mío, yo sé que me diste este pelo hirsuto, para que no me entren los insectos de la selva; sé que me diste esta piel negra para protegerme de las inclemencias del sol de la selva; que me diste estas piernas largas y estos brazos descomunales, para correr y subirme a los árboles cuando me ataquen los animales de la selva. Pero Dios mío, yo no nací en la selva, sino en Nueva York”. Terminan: es muy bonito eso del semen de la lluvia y de la unión cósmica. Pero por favor que el cielo y la tierra se vayan a hacer sus “cochinaditas” al cerro.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 12 DE AGOSTO DE 2004 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>Los medios. En defensa del periódico</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2009 02:56:08 +0000</pubDate>
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Ahora que la radio y la televisión nos han hecho sentir su poder, en la discusión sobre las reformas a las leyes respectivas, una parte de la clase política y la sociedad civil, al menos el círculo rojo, estamos aterrados ante el poder de los Frankesteins que hemos formado. Y seguiremos formando, como diría Don [...]]]></description>
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<p align="justify">Ahora que la radio y la televisión nos han hecho sentir su poder, en la discusión sobre las reformas a las leyes respectivas, una parte de la clase política y la sociedad civil, al menos el círculo rojo, estamos aterrados ante el poder de los Frankesteins que hemos formado. Y seguiremos formando, como diría Don Teofilito, pues en las próximas elecciones los candidatos les inyectarán una buena cantidad de dinero. De los $8,456 millones destinados al proceso electoral, calcule que el duopolio televisivo se va a llevar unos tres mil millones.</p>
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<p align="justify">Mi amiga Rebeca Arenas me envía por Internet un texto en defensa de los periódicos, para que los propagandistas y legisladores nos respeten:</p>
<p align="justify">“No importa que Internet sea rápido, ni que la televisión nos dé muchos canales con lo mismo, ni que el radio cacaree sus noticias en una avalancha repetitiva. Los periódicos constituyen una herramienta indispensable y de gran utilidad para la gente. ¿Acaso ha intentado usted matar un zancudo con un teclado, o castigar al perro en el hocico con la pantalla del monitor? Por eso no importa que no lo lea, el periódico será siempre el mejor aliado en todos los momentos de la vida. He aquí algunos de los mil y un usos del periódico.</p>
<p align="justify">I. USOS DOMÉSTICOS: Madurar aguacates. Recoger la basura. Sacarle brillo a los vidrios. Envolver el pesebre. Nivelar las patas de la mesa coja. Empacar la vajilla en el trastero. Tapizar la jaula del pájaro. Recoger las heces del perro. Cubrir los muebles y el piso antes de pintar. Evitar que se meta el agua por debajo de la puerta. De tapete en las puertas de las fincas. De protector en el piso del garaje, si el carro bota aceite. Matar moscas e insectos rastreros. Prender chimeneas. En una crisis, como papel higiénico.</p>
<p align="justify">II. USOS EDUCATIVOS: Castigar al perro en el hocico cuando se orina en la casa. Recortar letras y fotos para las tareas de los niños. Construir cometas y globos. Elaborar títeres. Hacer barcos de papel. Forrar cuadernos”. Conocer la riqueza del idioma, las famosas ocho columnas: “Violóla, matóla y fugose”.</p>
<p align="justify">“III. USOS COMERCIALES: Envolver la panela. Ensanchar zapatos. Rellenar los bolsos para que conserven su forma. Envolver la carne. Empacar clavos en la ferretería. Hacer un sombrero de pintor”. Para envolver artesanías, en una ocasión ya en el aeropuerto, me percaté que una olla de barro negro de Oaxaca estaba envuelta en un Excélsior del día que acostumbro escribir. No puede evitar destaparla y la olla terminó rompiéndose, pero nadie me quitó el placer de sentir que, dos años después, el artículo había servido para algo. “Enmascarar los carros en la hojalatería. Dar trabajo a voceadores y periodistas. Envolver flores. Empacar voladores y papeletas. Cortar moldes de modistería. Hacer rulos. Envolver cuadros en las marqueterías.” Si Usted es secuestrador, para tapar las ventanas.</p>
<p align="justify">“IV. USOS FESTIVOS: Prender los asados. Rellenar el muñeco de año viejo. Prender el marrano de Navidad. Rellenar los regalos del amigo secreto. Fabricar el embudo de mago que desaparece a los compañeros de clase. Como paraguas para que el aguacero no dañe el peinado. Para hacer moldes y estampar las camisetas del equipo del barrio. Para usar como &#8220;ventosa&#8221; para sacar los vientos del cuerpo. Con huecos a la altura de los ojos para esconder a los espías. Para que &#8220;los malos&#8221; escondan el revólver en las películas. Como vaina para guardar el machete. Para subir el ego de políticos, deportistas y gente de la farándula artística.</p>
<p align="justify">Aaaaah,.. ¡¡¡Y PARA ENTERARSE DE LAS NOTICIAS!!! ¡Qué viva por siempre el periódico!”</p>
<p align="center">Publicado en Excélsior | 15 de Diciembre de 2005 |</p>
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		<title>El temblor. Veinte años después</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2009 01:26:55 +0000</pubDate>
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Muchas personas sostienen que Luis Donaldo Colosio días antes de su muerte les platicó confidencias que son auténticos secretos de Estado o les hizo voceros post mortem de sus reflexiones políticas. Mi amiga la China Mendoza dice que son tantas las personas depositarias de esta información inédita, que Luis Donaldo tuvo que habérsela pasado hablando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Muchas personas sostienen que Luis Donaldo Colosio días antes de su muerte les platicó confidencias que son auténticos secretos de Estado o les hizo voceros post mortem de sus reflexiones políticas. Mi amiga la China Mendoza dice que son tantas las personas depositarias de esta información inédita, que Luis Donaldo tuvo que habérsela pasado hablando dos meses seguidos sin siquiera dormir.</p>
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<p><span id="more-290"></span></p>
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<p align="justify">Algo semejante sucede con el análisis del temblor del 85, aparentemente no había terminado la terrible sacudida, cuando ya todos los analistas políticos vislumbraban el gran cambio que sufría la sociedad mexicana. Supuestamente desde entonces ya predecían que a partir de la nueva solidaridad y capacidad de organización de la que se hacía gala, surgiría floreciente nuestra democracia. Yo realmente tenía un susto que me impedía pensar en nada. En eso días escribí en estas mismas páginas:</p>
<p align="justify">“Toda amenaza tiene su miedo, y el que provoca el temblor es uno de los más terribles. Es una amenaza que no es familiar; es un enemigo con el que no es posible negociar, intercambiar algo, persuadir, suplicar. Utilizar todas las estratagemas que bien conocemos. Es más ni siquiera huir, pues es un peligro omnipresente, sin remedio, sin antídoto.</p>
<p align="justify">El temblor es una especie de furor divino, inaccesible, incomprensible. El miedo que provoca no tiene siquiera la voluptuosidad del vacío o del filo de una navaja. Nada. Es un miedo con un soplete congelado que destruye los velos de la frivolidad, las telarañas mezquinas de las depresiones, las infinitas máscaras del narcisismo. Todo lo desaparece y nos coloca en el umbral frío y simple: la vida o la muerte.</p>
<p align="justify">El temblor es un Midas del terror, lo que mueve lo transforma. De improviso, los muros que nos protegen ahora nos amenazan; ese hermoso regalo que tanto apreciamos se balancea peligrosamente; el librero que tanto amamos cruje. Todas las cosas que nos rodean y por lo que tanto hemos luchado son guadañas con diferentes formas.</p>
<p align="justify">Es un miedo, que no se va, pues nace de un peligro que no tiene tiempo, que no está lejos, ni ha pasado. Es un verdugo que está aquí, abajo de nosotros, agazapado; que parece alimentarse de edificios colapsados. Es indiferente, misterioso, sin culpa.</p>
<p align="justify">Es un miedo absoluto, total. Pudre el alma, el cuerpo, la emoción. Es integral, casi sobre natural. Es la otra cara del orgasmo.</p>
<p align="justify">En fin, no se trata de hacer una apología del miedo, simplemente comparto con el lector mi forma de exorcizarlo y el único método que creo existe para dominar al miedo, es hablarlo, escribirlo, desmantelarlo, saturarlo. El silencio, el disimulo, multiplican las alas de su principal cómplice: la imaginación.</p>
<p align="justify">Cada quien su estrategia, lo importante es evitar que el miedo se instale entre nosotros; que dicte su ley de impotencia y de insomnio. Este maldito miedo que nos eriza pero sin vigor, nos pone alertas pero sin reflejos.</p>
<p align="justify">Mandemos a volar al miedo. Vamos a vivir, con más intensidad por los que se han muerto, con más amor por los que ya no pueden amar. Vamos a defender esta vida. Con calma, pero con pasión. Es la única que tenemos”.</p>
<p align="justify">En esa época era diputado federal por Querétaro, después de que bebí cantidades industriales de té de tila, presenté una iniciativa legal que permitiera formar cooperativas de construcción entre los afectados, apoyadas por el gobierno. Otras iniciativas tuvieron prelación y la mía no fue aprobada. Respecto al miedo, pues con la pena, les informo que todavía no se me quita. En relación con la vida les comunico que cada día que pasa me parece más interesante.</p>
<p align="center">Publicado en Excélsior | 22 de septiembre de 2005|</p>
</div>
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		<title>El Papa del siglo XXI, religión y política</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Sep 2008 23:42:33 +0000</pubDate>
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Bajo las musculosas figuras humanas pintadas por Miguel Ángel, que parecen exaltar más la belleza del cuerpo que las elucubraciones del espíritu, los cardenales eligieron al Papa. La decisión también tenía su paradoja, preocupaba a los católicos pero desvelaba más a la cúpula política mundial. No es para menos, el cónclave lo formaron 115 cardenales, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Bajo las musculosas figuras humanas pintadas por Miguel Ángel, que parecen exaltar más la belleza del cuerpo que las elucubraciones del espíritu, los cardenales eligieron al Papa. La decisión también tenía su paradoja, preocupaba a los católicos pero desvelaba más a la cúpula política mundial. No es para menos, el cónclave lo formaron 115 cardenales, representantes de 52 naciones de los cinco continentes; agréguense nuncios y otros diplomáticos del Vaticano repartidos por el mundo. Todos ellos con un peso específico en la balanza del poder de sus respectivos países.</p>
</div>
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<p><span id="more-199"></span></p>
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<tbody>
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<p align="justify">Cuando se pronunció la frase ritual “extra omnes”, “todos fuera” y los príncipes de la Iglesia se quedaron solos, Joseph Aloysius Ratzinger, ya llevaba un buen camino andado. Sabía que era el favorito y no jugó al bajo perfil sino con valentía y decisión. Como decano fue el encargado de oficiar la misa “pro eligiendo pontífice”, en la que es el primero en invocar la ayuda del Espíritu Santo. Con un realismo no exento de ironía dijo: “El Espíritu Santo sólo garantiza que el resultado no será una ruina total”.</p>
<p align="justify">En su homilía se encuadró deliberadamente entre los considerados dogmáticos o conservadores. En tono severo condenó “la dictadura del relativismo” y defendió la ortodoxia doctrinal. Dijo: “La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido agitada con frecuencia por esas ondas –la de las modas del pensamiento-, del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo…”</p>
<p align="justify">Sus antecedentes indican que no será un Papa reformista, que promueva la autonomía de las iglesias, respetando sus costumbres. No se le ve mucho futuro al diálogo y las relaciones con otras religiones. Los temas de la bioética, la eutanasia, ya no digamos el aborto, tampoco serán revisados. Sus palabras no se encuadran en un Papa Social, que le vaya a poner especial atención a la pobreza y a la injusticia. Entre sus prioridades no parece estar la sociedad ni las relaciones internacionales. No será como Juan Pablo II, un Papa viajero.</p>
<p align="justify">Independientemente de su vocación dogmática y conservadora, que le exige determinada agenda, otros temas se le impondrán. Su gran misión será aumentar la credibilidad de la Iglesia, puesta en duda por las graves dificultades que padeció con la acusación de los sacerdotes pedófilos. Si bien se observa difícil que reabra el expediente, que no dejó satisfecha su tibia solución a muchos de sus creyentes, será necesario elaborar una política de alivio y de reparación por los daños causados por algunos de sus miembros.</p>
<p align="justify">Otro gran problema que enfrentará el jefe de la Iglesia católica, será el descenso de las vocaciones sacerdotales. Es un hecho que mueren más sacerdotes que los que se ordenan. Se abren dos posibilidades, la existencia de seglares a los que se les permitan celebrar algunos actos rituales dentro de la Iglesia o que de plano se elimine el celibato de los sacerdotes.</p>
<p align="justify">Hans Küng, uno de los principales teólogos de la actualidad, hizo varias sugerencias al Papa, entre otras, que sea un pastor bien dispuesto hacia las mujeres. Considera que la Iglesia no puede tratar a la mitad de la humanidad, su mitad femenina, como miembros de segunda clase de la Iglesia. Esto significa que el sexo ya no sea un obstáculo para realizar actos sacramentales o desempeñar cargos directivos.</p>
<p align="justify">Benedicto XVI, Papa alemán, enfrentará graves problemas, lo hará con las armas de su sólida preparación y orden mental, se extrañarán el calor y el carisma de su antecesor.</p>
<p align="right">Publicado en Excélsior el 21 de abril de 2005</p>
</td>
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		<title>Estado de derecho, leyes y ardillas</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Sep 2008 23:11:28 +0000</pubDate>
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Los mexicanos tenemos un amor inveterado e incomprensible por las leyes. Nuestra evolución histórica orgullosamente la dividimos por el número de constituciones que hemos tenido. La última, la del 17, le provocó al país un millón de muertos. Todo movimiento social que se respete debe tener como objetivo la creación de una ley, en ellas [...]]]></description>
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<div>
<p align="justify">Los mexicanos tenemos un amor inveterado e incomprensible por las leyes. Nuestra evolución histórica orgullosamente la dividimos por el número de constituciones que hemos tenido. La última, la del 17, le provocó al país un millón de muertos. Todo movimiento social que se respete debe tener como objetivo la creación de una ley, en ellas no sólo incluimos normas sino también programas sociales; las formamos tanto con principios jurídicos como con anhelos. Podemos encontrar las competencias de los poderes, pero también el derecho a la salud, a la vivienda o al trabajo. Por leyes no paramos.</p>
</div>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><span id="more-191"></span></p>
<table border="0">
<tbody>
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<p align="justify">Quien analizara la cantidad de constituciones locales y diversos códigos y reglamentos que nos rigen, pensaría que los mexicanos andamos por las calles vestidos con togas de legisladores romanos, intercambiándonos a la menor provocación frases en latín sobre la jurisprudencia. Lejos estamos de eso, hacemos las leyes y al mismo tiempo buscamos el hoyo por donde escapar. De acuerdo a diversas encuestas, los mexicanos consideran que la ley debe respetarse, siempre y cuando sea justa. Obviamente los ciudadanos reivindican como su derecho la opinión sobre lo que es justo. He terminado por pensar que esta adoración por la ley, tiene un sentido erótico, es decir, somos amantes del derecho, porque su trasgresión nos aumenta el placer de quebrantarlo.</p>
<p align="justify">El otro día, paseando por los Viveros de Coyoacán, descubrí el misterio de esta turbadora característica del temperamento nacional, de adorar a las leyes y dedicarnos a no respetarlas. Mi primera conclusión es que no es culpa de los ciudadanos sino de las autoridades. Como bien se sabe, el objetivo primordial de las familias que visitan los Viveros, es que los niños les den cacahuates a las ardillas. Bueno, pues acaban de aparecer unos retablos en los que la administración prohíbe a los visitantes darles de comer en determinadas zonas. Para hacer más impactante la advertencia, hacen una descripción de los roedores como auténticos villanos de la naturaleza, enemigos personales de los árboles; transmisores de la rabia, la tuberculosis y otras pestes. Sólo faltó que las acusaran de formar parte activa del complot contra López Obrador.</p>
<p align="justify">Esta es la causa del temperamento bipolar del mexicano, leyes que no tienen nada que ver con la realidad; prohibiciones que no pretenden ordenar y encauzar las conductas externas, sino legislar para otro mundo y otros seres extraterrestres. En nuestro país no se respetan las leyes, simplemente porque los valores en los que se sustentan, no corresponden a nuestras costumbres ni a nuestra ética. Falta lo que llaman los especialistas, “la internalización”, de que obedecer la ley es conveniente y necesario.</p>
<p align="justify">Para que pueda imponerse un Estado de Derecho no basta con que el gobierno cuente con los aparatos represores, requiere que todos los ciudadanos sean vigilantes de la aplicación de las leyes y que también denuncien su violación; se conviertan en inspectores espontáneos, coadyuvantes de las autoridades. No es difícil imaginar lo que ha sucedido ante los llamados de los administradores, la gente da como siempre cacahuates a las ardillas y, si Usted no trae, no se preocupe, otros se los pueden obsequiar.</p>
<p align="justify">En este caso de la prohibición ilógica de no alimentar a las ardillas y la gozosa violación de los ciudadanos, tiene especial dramatismo. Parte importante de la cultura de la legalidad es que los padres eduquen a los hijos en el cumplimiento de las normas. En los Viveros de Coyoacán, actuar al margen de la ley, es toda una experiencia familiar.</p>
<p align="right">Publicado en Excélsior el 31 de marzo de 2005</p>
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		<title>Veintitrés años, numeralía y aportación</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 22:34:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[




Siempre hago la misma reflexión. En este mes cumplí veintitrés años de escribir en Excélsior cada semana. Me sobran los dedos de una mano para contar las veces que he faltado los jueves. Se preparan diversos tipos de festejos que durarán más que la Feria de San Marcos. Habrá coloquios, verbenas populares, entrega de diploma, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Siempre hago la misma reflexión. En este mes cumplí veintitrés años de escribir en Excélsior cada semana. Me sobran los dedos de una mano para contar las veces que he faltado los jueves. Se preparan diversos tipos de festejos que durarán más que la Feria de San Marcos. Habrá coloquios, verbenas populares, entrega de diploma, medalla, cheques de viajero. Si las marchas no lo impiden habrá corridas de toros, juegos florales, nombres de calles y en una máquina de linotipo de esta editorial.</p>
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<p><span id="more-178"></span></p>
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<p align="justify">¿De qué pudo haber servido escribir cerca 1,210 artículos en veintitrés años? Si cada uno tiene un promedio de tres hojas y media, ¿cuál será la aportación de más de cuatro mil doscientas páginas? De más de cuatro millones y medio de golpes de computadora o sea más de un millón de palabras ¿habrá algo que se salve?</p>
<p align="justify">Quisiera que el lector me acompañara a la siguiente reflexión. Nada tiene en el mundo expectativa de vida más corta que el silencio; nada, sin embargo, es más eterno que el silencio; él estuvo al principio de todo, él estará al final. El silencio es esa argamasa inmóvil sobre la que se desenvuelve el furor ruidoso de la vida. De esta manera, una de dos, o Dios es mudo o el silencio es Dios.</p>
<p align="justify">Prueba de todo esto es el mensaje que puso el creador al hacer el cuerpo. Ver, gustar, tocar, oler, son directos, inmediatos; nuestros órganos parecen correr al encuentro de estas sensaciones. El oír es otra cosa, al ruido se le trata como a un intruso, la recepción del cuerpo no es hospitalaria, hay canales, recámaras, laberintos, membranas, Dios al formarnos cuidó, sobre todo, el fondo silencioso de la vida interna, condición del conocimiento de sí mismo.</p>
<p align="justify">Para escribir cada artículo tuve necesidad de silencio, líquido amniótico de la creación. Mientras en sociedad el silencio implica incomodidad y una gran tensión, que las mujeres fresas rompen diciendo &#8220;Ay, está pasando un angelito&#8221;, el silencio al escribir es el único camino para ascender a los complejos valles donde se da cuerpo a las ideas.</p>
<p align="justify">Personalmente, cuando perpetro el artículo, lo primero que tengo que conquistar es el silencio. Separado del mundo siento que algo fluye; entonces nace en mí una angustia y una esperanza, el silencio me invade y me anima: ¡Idiota! Escribe. A veces ese silencio se pone como en campaña y dice: &#8220;Sí se puede&#8221;. Llega el momento de darle sentido a la realidad con las palabras silenciosas.</p>
<p align="justify">Los artículos se escriben pero también se leen teniendo como fondo el silencio. El lector, a lo más, con la boca cerrada moverá la lengua, en recuerdo de las vibraciones que producen las palabras. No obstante será preciso que se calle, dejar sin eco lo escrito, para liberar la imaginación e ir al parejo de los conceptos.</p>
<p align="justify">Escritor y lector necesitamos silencio. Yo me tardo, aproximadamente, cinco horas por cada artículo (ahí en donde los ve tan maletas, eso me llevo); el lector, unos cincos minutos. Mi aportación concreta y tangible en estos veintitrés años de escribir, olvidémonos del contenido que puede haber sido más inútil que los llamados de paz en Medio Oriente, es que me quedé callado unas treinta y seis semanas.</p>
<p align="justify">Si un lector quisiera leer todos mis artículos, enmudecería cerca de seis mil cincuenta minutos, es decir, se quedaría calladito cerca de cuatro días. Se sabe de personas que lo han intentado, pero al tercer día empiezan a sufrir convulsiones y a balbucear palabras ininteligibles. Esta ha sido mi colaboración como articulista, apoyar la infatigable tenacidad del silencio. Ojalá que me lo agradezca.</p>
<p align="right"><em>Publicado en Excélsior el 24 de febrero de 2005</em></p>
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		<title>Veinticuatro años, numeralía y aportación</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 19:24:56 +0000</pubDate>
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Siempre hago la misma reflexión. La semana pasada cumplí veinticuatro años de escribir en Excélsior cada semana. Me sobran los dedos de una mano para contar las veces que he faltado los jueves. La última vez, por cierto, no fue mi responsabilidad. Se preparan diversos tipos de festejos, habrá coloquios, verbenas populares, diploma, medalla, cheques [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Siempre hago la misma reflexión. La semana pasada cumplí veinticuatro años de escribir en Excélsior cada semana. Me sobran los dedos de una mano para contar las veces que he faltado los jueves. La última vez, por cierto, no fue mi responsabilidad. Se preparan diversos tipos de festejos, habrá coloquios, verbenas populares, diploma, medalla, cheques de viajero; corridas de toros, juegos florales, se colocará mi nombre en una máquina de linotipo de esta editorial. ¿De qué pudo haber servido escribir cerca 1,243 artículos en veinticuatro años? Si cada uno tiene un promedio de tres hojas y media, ¿cuál será la aportación de más de cuatro mil trescientas cincuenta páginas? De más de cuatro millones de golpes de computadora, o sea, casi un millón de palabras ¿habrá algo que se salve?</p>
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<p><span id="more-152"></span></p>
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<p align="justify">Tal vez sí. Nada tiene en el mundo expectativa de vida más corta que el silencio; nada, sin embargo, es más eterno que el silencio; él estuvo al principio de todo, él estará al final. El silencio es esa argamasa inmóvil sobre la que se desenvuelve el furor ruidoso de la vida. De esta manera, una de dos, o Dios es mudo o el silencio es Dios.</p>
<p align="justify">Prueba de todo esto es el mensaje que puso el creador al hacer el cuerpo. Ver, gustar, tocar, oler, son directos, inmediatos; nuestros órganos parecen correr al encuentro de estas sensaciones. El oír es otra cosa, al ruido se le trata como a un intruso, la recepción del cuerpo no es hospitalaria, hay canales, recámaras, laberintos, membranas, Dios al formarnos cuidó, sobre todo, el fondo silencioso de la vida interna, condición del conocimiento de sí mismo.</p>
<p align="justify">Diría el pavo real, esto es realidad virtual ¿Qué más? Para escribir cada artículo tuve necesidad de silencio, líquido amniótico de la creación. Mientras en sociedad el silencio implica incomodidad y una gran tensión, que las mujeres fresas rompen diciendo &#8220;Ay, está pasando un angelito&#8221;, el silencio al escribir es el único camino para ascender a los complejos valles donde se da cuerpo a las ideas.</p>
<p align="justify">Personalmente, cuando perpetro el artículo, lo primero que tengo que conquistar es el silencio. Separado del mundo siento que algo fluye; entonces nace en mí una angustia y una esperanza, el silencio me invade y me anima: ¡Idiota! Escribe. A veces ese silencio se pone como en campaña y dice: &#8220;Sí se puede&#8221;. Llega el momento de darle sentido a la realidad con las palabras silenciosas.</p>
<p align="justify">Los artículos se escriben pero también se leen teniendo como fondo el silencio. El lector, a lo más, con la boca cerrada moverá la lengua, en recuerdo de las vibraciones que producen las palabras. No obstante será preciso que se calle, dejar sin eco lo escrito, para liberar la imaginación e ir al parejo de los conceptos.</p>
<p align="justify">Escritor y lector necesitamos silencio. Yo me tardo, aproximadamente, cinco horas por cada artículo (ahí en donde los ve tan maletas, eso me llevo); el lector, unos cincos minutos. Mi aportación concreta y tangible en estos veinticuatro años de escribir, olvidémonos del contenido que puede haber sido más inútil que los llamados a Marín a renunciar, es que me quedé callado unas treinta y siete semanas.</p>
<p align="justify">Si un lector quisiera leer todos mis artículos, enmudecería cerca de seis mil doscientos quince minutos, es decir, se quedaría calladito cerca de cinco días. Se sabe de personas que lo han intentado, pero al tercer día empiezan a sufrir convulsiones y a balbucear palabras ininteligibles. Esta ha sido mi colaboración como articulista, apoyar la infatigable tenacidad del silencio. Ojalá que me lo agradezca.</p>
<p align="right"><em>Publicado en Excélsior el 02 de marzo de 2006</em></p>
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		<title>14 de febrero, Guía del Seductor</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 19:22:28 +0000</pubDate>
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Todo empezó en una cantina hace siete años. Como toda conversación que respete uno de los últimos santuarios del machismo, abordaba a las mujeres, sin eufemismos, “las viejas”. Mis paisanos queretanos, todos pertenecientes a la “sub sesenta”, pregonaban hazañas de alcoba con más facilidad que candidatos promesas de campaña. De pronto, uno de ellos, reconoció [...]]]></description>
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<p align="justify">Todo empezó en una cantina hace siete años. Como toda conversación que respete uno de los últimos santuarios del machismo, abordaba a las mujeres, sin eufemismos, “las viejas”. Mis paisanos queretanos, todos pertenecientes a la “sub sesenta”, pregonaban hazañas de alcoba con más facilidad que candidatos promesas de campaña. De pronto, uno de ellos, reconoció que últimamente había padecido el bochorno del ánimo caído. El silencio cubrió con su denso manto la mesa y todos bajaron la cabeza desmenuzando el contenido de sus platos, pero sin comer nada. El torneo de presunciones terminó en un acto de contrición y confesiones generalizadas de los fracasos.</p>
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<p><span id="more-150"></span></p>
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<p align="justify">La conversación derivó en un intercambio de “tips” para fortalecer el entusiasmo agotado, todos ellos químicos mágicos que pueden recuperar la dignidad, pero con riesgo de morir colorado de la vergüenza por la baja reputación del lugar donde se encontraría el cadáver. Ante las dudas de lo saludable que era utilizar el producto sugerido por Pelé en la televisión, me atreví a intervenir en la conversación.</p>
<p align="justify">El deseo, empecé pontificando, es patrimonio de la imaginación y no del cuerpo. Su problema puede ser más neuronal que hormonal; no es el viagra sino la literatura el mejor afrodisíaco. No había terminado la frase cuando ya todos estaban armados con pluma y servilletas demandándome bibliografía. La realidad es que no soy un lector de novelas eróticas y tuve que salirme por peteneras: “No vale la pena que les dé títulos, en las librerías hay secciones completas”. Salí corriendo para ser el primer comprador y prepararme para su próximo inminente interrogatorio.</p>
<p align="justify">Sentía el compromiso de un seleccionado a punto de tirar el penalti en la final del mundial de fútbol, no podía fallarles, pero había muchas probabilidades de hacerlo, pues no soy un gran aficionado a las novelas y menos a las eróticas. Recordaba algo de “Relaciones Peligrosas” “Trópico de Cáncer” y “Lolita” sobre todo, mi desilusión de adolescente al no encontrar nada que me quitara el sueño o que me hiciera soñar. Leí apresuradamente anaqueles completos de la nueva literatura erótica, avalanchas de sexualidad que me dejaban con el rostro más impávido que Derbez escuchando la queja de los cubanos.</p>
<p align="justify">Realmente ya me empezaba a preocupar, cuando encontré una entrevista de Mario Vargas Llosa, en la que defendía la hipótesis de que no hay gran literatura erótica, lo que hay es erotismo en grandes obras literarias. En otras palabras, la literatura erótica debe estar integrada en una circunstancia vital más amplia. Vargas Llosa describe elegantemente una evidencia, simplemente porque lo erótico está vinculado con el ritual; porque lo erótico es el ingrediente intelectual de la cópula biológica. Lo pornográfico es precisamente lo contrario, el sexo sin contexto.</p>
<p align="justify">En fin, me puse escribir para mis amigos. Se trata de un libro erótico. Uno de aventuras tiene el propósito de transportarnos a otros mundos; uno de amor, contagiarnos de esa emoción; un libro erótico debe tener una dimensión artística que nos conduzca al goce de la sensualidad y aumente la presión arterial del lector. Se lo di a mi amigo, al que veía más urgido. Nunca me comentó nada, hasta que un día me encontré a su esposa y me dio las gracias. Yo no sabía por qué, hasta que me explicó: “Se lo pongo desde el jueves en el buró”. Es la mejor recomendación.</p>
<p align="justify">Debo agradecer a mis amigos La China Mendoza y a Lazlo Moussong su estímulo para publicarlo. Se llama: “Guía del Seductor (con un ejemplo práctico)”, lo edita Plaza Janés, y apúrese a comprarlo.</p>
<p align="right"><em>Publicado en Excélsior el 23 de febrero de 2006</em></p>
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		<title>La mataviejitas y el mata gays, su mensaje electoral</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 19:15:50 +0000</pubDate>
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No sé Usted, estimado lector, pero yo observo a los candidatos presidenciales atribulados, jadeantes, ofuscados; más perdidos que un ballenato que se lanza a la playa, confundiendo sus arenas ardientes con las aguas frías. Candidatos que en automático avientan su rollo y no se preocupan por analizar los acontecimientos diarios y concretos, donde podrían obtener [...]]]></description>
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<p align="justify">No sé Usted, estimado lector, pero yo observo a los candidatos presidenciales atribulados, jadeantes, ofuscados; más perdidos que un ballenato que se lanza a la playa, confundiendo sus arenas ardientes con las aguas frías. Candidatos que en automático avientan su rollo y no se preocupan por analizar los acontecimientos diarios y concretos, donde podrían obtener lecciones más vivas para hacer definiciones y fijar compromisos. La reciente captura de “La mata viejitas”, yo nomás de verla hubiera caído muerto, y el loco de remate del “Mata Gays”, sólo les merecieron comentarios superficiales sobre el tema de la seguridad.</p>
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<p align="justify">Estos dos personajes, dignos de un museo del horror, y las circunstancias de su detención, son dignos de analizarse. Iría más allá, las lecciones que de aquí se desprenden, deben incluirse en la agenda electoral nacional.</p>
<p align="justify">Días antes de que fuera aprehendida “La mata viejitas”, las autoridades habían manejado la hipótesis de que se había suicidado, como siguieron apareciendo cadáveres y era difícil que viniera desde el más allá a hacer sus fechorías, cambiaron la información. Se vanagloriaban de que habían detenido a su cómplice, diariamente anunciaban la comparecencia de testigos que lo reconocían. Al parecer todo fue falso, pues atrapada la asesina, dejó de aparecer el supuesto cómplice. El acusado habrá respirado tranquilo.</p>
<p align="justify">En el caso del “Mata gays”, nunca nos enteramos que ya había asesinado a cuatro homosexuales, hasta cuando lo confesó ante la televisión. Los policías no habían informado nada de la existencia de este multiasesino, a pesar de que su método era claramente el mismo. Preocupados por no perturbar a la comunidad gay no alertaron a nadie. ¿Cuántos crímenes hubieran podido evitar?</p>
<p align="justify">Los dos hechos nos hablan de una policía que sigue padeciendo los problemas antediluvianos, desde que se inventó la macana y la chapa: inclinada a crear culpables a la medida, con tal de supuestamente tranquilizar a la sociedad y a la prensa; autoridades que callan la información e inventan y desaparecen estadísticas ¿Qué podemos esperar de una policía mentirosa, manipuladora y atávica?</p>
<p align="justify">En el caso de la detención de “La mataviejitas”, no fue resultado de una tenaz y científica investigación de los policías, sino de una afortunada casualidad. Un ciudadano, que alquilaba una habitación a la última víctima, llegó a la casa, le sorprendió que una señora saliera corriendo y que la puerta del cuarto de la casera estuviera abierta. Al descubrir la escena del crimen, no dudó en perseguir a la sospechosa y demandar el auxilio de unos policías que pasaban por el lugar, quienes hicieron la aprehensión.</p>
<p align="justify">¿Cuál es el mensaje? Ni en la solución del problema de la seguridad ni en ningún otro, es suficiente la acción y el personal de las autoridades, se exige la participación de la ciudadanía. No hay suficientes policías, ni inspectores para acabar con la delincuencia, es fundamental la colaboración de todos. Los candidatos presidenciales, en sus discursos, nunca recuerdan este compromiso recíproco. En la búsqueda del voto, no quieren molestar a nadie ni con el pétalo de una responsabilidad cívica.</p>
<p align="justify">Las autoridades informaron que recompensarían a los policías que hicieron la detención, pero gracias a la presión de los medios de comunicación y la opinión pública, ampliaron el premio al ciudadano valeroso. Pero destaquemos, no era su intención. Hace falta en el país programas que reconozcan y estimulen los comportamientos de los ciudadanos ejemplares. Nada de esto vieron los candidatos ballenatos.</p>
<p align="right"><em>Publicado en Excélsior el 02 de febrero de 2006</em></p>
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		<title>Brillante propuesta, obviamente mía</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 19:05:00 +0000</pubDate>
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Fuimos muy felices, la gente saludaba en las mañanas; los automovilistas cedían el paso a los peatones; los jóvenes ayudaban a cruzar las calles a gente de la tercera edad y a los discapacitados. Se dice, aunque esto realmente no se ha podido confirmar, que los taxistas manejaban como gente decente. Hasta en la naturaleza [...]]]></description>
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<p align="justify">Fuimos muy felices, la gente saludaba en las mañanas; los automovilistas cedían el paso a los peatones; los jóvenes ayudaban a cruzar las calles a gente de la tercera edad y a los discapacitados. Se dice, aunque esto realmente no se ha podido confirmar, que los taxistas manejaban como gente decente. Hasta en la naturaleza parecía repercutir la medida, pues las flores abrían más pronto en los camellones; la brisa esquivaba al polvo y nos pegaba con limpieza y suavidad en el rostro. Los pajaritos estrenaban gorjeos y las lagartijas, con la confianza de no ser agredidas, mostraban sin temor ni pudor sus colores brillantes. ¿Qué provocó tanta felicidad, milagros y celebraciones? La tregua de la propaganda.</p>
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<p><span id="more-144"></span></p>
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<p align="justify">Muy poco duró nuestra felicidad, unos cuarenta días, lapso en el que se supone que una mujer embarazada queda lista para lo que pudiera ofrecerse. Los mexicanos no tuvimos un embarazo de nueve meses, pero apenas si nos alcanzó la cuarentena para decir: “La vida es bella”. Ha pasado una semana desde que inició la campaña y el saldo es devastador: la avalancha de declaraciones; la tormenta de spots; el horizonte visual invadido; los oídos maltratados; las palabras devaluadas. El tsunami de la propaganda devorando la existencia.</p>
<p align="justify">La desgracia es lo que nos espera en más de ciento cincuenta días que restan. Todavía existen bardas virginales y espectaculares no cubiertos donde podemos reposar fugazmente la vista. En el radio aún se escuchan algunas otras cosas, además del regurgitar de los voceros partidistas pregonando las cualidades de los impolutos candidatos. En la televisión nos esperan diez mil spots, sí diez mil. Si al final de las elecciones nos hacen un encefalograma, se va a poder confundir con el de Sharon después de su embolia.</p>
<p align="justify">El problema de la propaganda es que sus mensajes no son golpes secos, concretos. Los llamados a la persuasión son frases generales, inobjetables, vacías. Las neuronas no son obligadas a pensar, sino a perderse confundidas en la bruma de una argumentación que realmente no lo es. Se trata de que perdamos la razón, pero no resultado de un martillazo, sino de miles de almohadazos que apenas nos dejen un espacio de razón para ir babeando a votar.</p>
<p align="justify">Pero ya casi termino el artículo y no he presentado mi propuesta, contagiado por las campañas de los candidatos ya se me olvidó aterrizar los diagnósticos. Mi propuesta muy puntual es: “Hoy no hay propaganda”. Más trascendental que el “Hoy no circula”, que sólo disminuye el smog y no toda la atmósfera para convertirnos en zombis de los partidos.</p>
<p align="justify">De lo que se trataría es que todos los presidenciables, durante un día a la semana, no salieran en ningún medio de comunicación ni hicieran ninguna aparición pública. No se preocupen, no los olvidaríamos, permanecerían sus imágenes en los espectaculares, bardas, jardineras y postes. Nos darían tiempo de recuperar el aliento, evitarían el calentamiento neuronal que nos trae al punto del rebuzno y el relinchido.</p>
<p align="justify">Para ellos también sería un oasis de felicidad. Por un día dejarían de opinar de todo, preguntarían sobre lo que ignoran y olvidarían su papel de sabihondos. En 24 horas no les pondrían sombreros de listones. Ni resistirían la mirada de burla de los indígenas que los disfrazan. Pondrían ver su cara de agotamiento en el espejo y no su risita congelada. Recuperarían el chorro de voz del que ya sólo les queda un chisguetito.</p>
<p align="justify">El problema es que todos descubriéramos la felicidad y optáramos por solicitar la terminación de las campañas y que mejor el dos de julio se la jueguen en un disparejo.</p>
<p align="right"><em>Publicado en Excélsior el 26 de enero de 2006</em></p>
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		<title>2006, promesas de año nuevo</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 18:53:24 +0000</pubDate>
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De acuerdo a las mejores e inamovibles tradiciones nacionales, hago mis promesas para el año que comienza. Con amplias posibilidades de que ahora rompa la también inamovible tradición y ahora sí cumpla alguna. Este año seré un hombre laborioso, no empezaré el año teniendo como primera solemne actividad, la de revisar el calendario para analizar [...]]]></description>
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<p align="justify">De acuerdo a las mejores e inamovibles tradiciones nacionales, hago mis promesas para el año que comienza. Con amplias posibilidades de que ahora rompa la también inamovible tradición y ahora sí cumpla alguna. Este año seré un hombre laborioso, no empezaré el año teniendo como primera solemne actividad, la de revisar el calendario para analizar concienzudamente las fechas en las se puede hacer puente. Seré muy cuidadoso con mis pertenencias, no perderé ninguna agenda, paraguas y/o celular.</p>
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<p><span id="more-140"></span></p>
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<p align="justify">En caso de retratarme con un candidato a alguna gente importante, resistiré la tentación, no imitaré al “Roñas” y no pondré cuernos a nadie.</p>
<p align="justify">No desearé la prójima de mi prójimo, esté acompañada o me la encuentre sola en Acapulco.</p>
<p align="justify">En el mes de junio aprovecharé para dar un ejemplo de civismo a mis paisanos queretanos, me interesaré más por los discursos de los candidatos en las elecciones, en las que se define el futuro del país, que en el campeonato mundial de fútbol.</p>
<p align="justify">Cuando solicite por “carta poder” el estado de cuenta en el banco, no falsificaré la firma de los testigos.</p>
<p align="justify">No dejaré acumular cerros de periódicos, folletos y revistas por más de seis meses, con la idea de que pronto los voy a leer.</p>
<p align="justify">Permanentemente recordaré que el fútbol es simplemente eso, un deporte, y no odiaré tanto a las Chivas rayadas y a su hígado propietario, Vergara, aunque los dos ampliamente se lo merezcan.</p>
<p align="justify">Aceptaré las limitaciones, por cierto, muy humanas y comprensibles, del América y los Pumas.</p>
<p align="justify">En relación con mi comportamiento como automovilista, no pensaré que por el solo hecho de poner las intermitentes, podré hacer la arbitrariedad que se me antoje.</p>
<p align="justify">No creeré en los Bancos ni en su propaganda del “Poder de mi firma”, me arriesgaré a que me asalten, pero no compraré con tarjetas de crédito, que sí es un asalto seguro.</p>
<p align="justify">No dejaré que se me suba la vanidad de la fama, no me pondré como Jolette de la Academia, ni menos aún como Hugo Sánchez, por las ventas de mis libros sobre la corrupción y la publicación de mi próxima novela erótica.</p>
<p align="justify">Seguiré sin hacerme pipí en las albercas, incluso en aquellas que tienen el bar adentro. Levantaré las tasas de los baños, también las de las gasolineras.</p>
<p align="justify">La trataré como Border Patrol a un indocumentado, tendré tolerancia cero, contra esa lonjita que se ha estacionado en mi acariciable cintura.</p>
<p align="justify">No sé qué hacer primero, si retomar mis cursos de computación o mis clases de inglés, aunque reconozca que a lo mejor en la reflexión sobre qué decidir se me va todo el año.</p>
<p align="justify">Tengo que terminar con este escepticismo, dejaré de leer las noticias con esa cara de fuchi, de quien siempre le encuentra la popis al atole. Creeré en la honestidad de Montiel y sus hijos, los Bribiesca y en el amor que le tiene Elba Esther Gordillo al PRI; creeré incluso en la versión de la PGR, de que las ejecuciones diarias es resultado de la desesperación de los narcos, porque sienten que están en proceso de extinción.</p>
<p align="justify">Me debo mantener vigente como intelectual y periodista. En este año de los 250 de nacimiento de Mozart, el bicentenario de Juárez y los 150 años de Freud leeré sus biografías. Quien me da más flojera es Freud, pues aunque estoy de acuerdo con la importancia del sexo, lo encuentro contradictorio, simplemente no creo en el diván. No creo que estar acostado sea la mejor forma para pensar.</p>
<p align="justify">Interrumpí la redacción de este artículo para ir a la cocina a tomar un vaso con agua, confieso que al pasar por el calendario, no pude evitar la tentación de revisarlo para planear los puentes que voy a tomar. ¡Chin! Ya cumpliré esta promesa el año que entra.</p>
<p align="right"><em>Publicado en Excélsior el 12 de enero de 2006</em></p>
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		<title>Agua de Tlacote, así lo recuerdo</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Feb 2008 18:14:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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A las nuevas generaciones poco les dice el nombre de Jesús Chahín, no saben que gracias a él hace una docena de años Querétaro fue conocido por la prensa internacional como el pueblo cercano a Tlacote y no Tlacote como parte de los suburbios de Querétaro. Los jóvenes no tienen idea de quién era Chahín, [...]]]></description>
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<td><img src="http://www.edmundogonzalezllaca.com/wp-content/uploads/2008/02/agua-milagrosa.JPG" alt="agua-milagrosa.JPG" /></td>
<td>A las nuevas generaciones poco les dice el nombre de Jesús Chahín, no saben que gracias a él hace una docena de años Querétaro fue conocido por la prensa internacional como el pueblo cercano a Tlacote y no Tlacote como parte de los suburbios de Querétaro. Los jóvenes no tienen idea de quién era Chahín, pero les informo que ningún personaje en nuestro país, ha merecido que la televisión estadounidense y mundial le dedicaran programas completos, por los que nuestros políticos o artistas hubieran pagado millones de pesos. A Tlacote vinieron celebridades de todo el mundo, incluso se dice que llegó la estrella del básquet, Magic Johnson, a quien por ese entonces se le diagnosticó como portador del virus del SIDA.</td>
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<p><span id="more-82"></span></p>
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<td>En Tlacote los visitantes hacían colas de kilómetros; dormían en tiendas de campaña, esperaban su turno varios días y más de uno murió en la fila con la esperanza de beber el agua supuestamente milagrosa, que brotaba de un pozo localizado en Hacienda de Jesús Chahín. Llegaban diariamente cerca de cien autobuses de toda la república y venía gente de todo el mundo. Me tocó platicar con turistas que habían hecho el viaje de Alaska y hasta de la Patagonia. La comunidad de Tlacote sufrió un impacto terrible. Tuve la oportunidad de experimentar lo que pudo ser la fiebre de oro en California varios siglos atrás. Hubo una grave deserción escolar en las secundarias, pues los alumnos se dedicaban a cargar agua; los campesinos dejaron la tierra y ponían pequeños negocios en los alrededores de la Hacienda. Se construyeron baños y hasta una carretera para atender y facilitar el acceso. Tlacote y todo lo que generó a su alrededor puso en riesgo la paz social del mismo Estado.</p>
<p>¿Cómo se fue generando el fenómeno Tlacote, página estelar de nuestro realismo mágico, digno de la pluma de Rulfo o de García Márquez? Varias veces escuché a Jesús explicar su historia. Tan simple como el agua y tan penetrante en la mente de la gente como la humedad y que hizo del lugar una leyenda. En una ocasión un perro del rancho, atropellado y enfermo, cayó en el pozo de la Hacienda, lo sacaron cuando estaba a punto de ahogarse. Pronto al perro se le desprendieron las costras que cubrían su cuerpo, se le cerraron las heridas y recobró una energía que lo hacía el más temible del rancho. Varias veces le pregunté a Chahín por el famoso perro, siempre me contestaba con un desdén propio de quien está acostumbrado a los milagros: “Por ahí anda”.</p>
<p>En esos años trabajaba como delegado de la entonces Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, de la que era secretario Luis Donaldo Colosio. Un día me habló por teléfono y me pidió que le llevara un reporte de lo que sucedía en Tlacote, cuya fama ya había trascendido las fronteras. Al final, me dijo: “Y de paso me traes un garrafón”. Nadie escapaba de la curiosidad de beber el agua.</p>
<p>Yo no conocía a Chahín y a Tlacote me llevó un colaborador de la delegación que ya era amigo suyo, Elliud Barrón. Con disgusto fui al lugar, pues mi escepticismo apenas me permitía para enterarme vagamente del asunto por los periódicos. Aquello era una romería entre profana y sagrada, miles de personas hacían cola en la puerta de la Hacienda. Los propios peregrinos, así se hacían llamar, mantenían el orden para que nadie se saltara su turno. Había numerosos agentes de tránsito y vendedores ambulantes pululaban por toda la zona, lo que hacía prácticamente inaccesible la entrada al lugar. Dentro de la Hacienda había otra gran cola; después de pasar varios retenes, llegué a unas oficinas improvisadas. En el centro estaba Chahín rodeado de periodistas, enfermos y funcionarios locales. A todos atendía al mismo tiempo. Cuando después de muchos forcejeos logré aproximarme, dijo con un tono poco amigable: “¿Usted quién es, qué hace aquí y que quiere?”. Era tanto el barullo que opté por entregarle mi tarjeta, la que leyó con atención. Me acerqué y al oído le grité que también era editorialista de Noticias y de Excélsior; agregué en voz más fuerte que respetaba su labor. A grito pelado y sin que viniera realmente al caso, me dijo que no me daría ninguna entrevista. Lo percibí a él tan osco y el ambiente era tan frenético, que opté por retirarme. Cuando caminaba rumbo a la salida me gritó: “Hey güero. Eres el primer funcionario que no viene a pedirme dinero ni a fregarme”. Esbocé una sonrisa de satisfacción y me retiré del lugar en medio de pujidos y empujones.</p>
<p>Se iniciaba el gobierno de Enrique Burgos y Tlacote fue su bautizo, no con el agua, sino casi de sangre. Funcionarios menores complicaron el asunto. Por los periódicos me enteraba que Chahín se quejaba de las autoridades estatales y las acusaba de todo. Circulaban rumores de que el gobierno cerraría la Hacienda, a los que Chahín respondía con amenazas de tomar el Palacio de Gobierno con enfermos y solicitantes del agua. Era un negociador duro y un estratega decidido. Rompió las pláticas y Tlacote se convirtió en una bomba de tiempo, pues su fama y los asistentes de multiplicaban, generando tensiones en la comunidad y focos de infección. Chahín se atrincheró en su propiedad y no dudo en afirmar que era el hombre más buscado de todo Querétaro.</p>
<p>Una noche, estaba por retirarme, cuando mi secretaria me informó que ahí estaba Chahín y que pedía hablar conmigo. Pensé que se trataba de una broma y salí personalmente. Grande fue mi sorpresa al verlo parado afuera de mi oficina, vestido descuidadamente y con una gorra de béisbol. Chahín tenía un ojo muy rojo, producto de un accidente que había sufrido años atrás, creo que jugando golf. Cuando veía fijamente, al más valiente no le dejaba de provocar un grado de incomodidad nerviosa o simplemente miedo. Lo invité a pasar, entre emocionado y confundido, me senté frente a él.</p>
<p>Chahín habló y habló. De todo, menos del problema político, ecológico, sanitario y social, que ya era Tlacote. No necesitaba que le preguntara, él hablaba y hablaba. Cuando tocó temas personales, me atreví a interrogarlo sobre el número de sus matrimonios. Al parecer había estado casado con una hija de Díaz Ordaz. Me contestó que ya había perdido la cuenta. Reí ligeramente, considerando que se trataba de una broma. Así lo percibió y me dio un ejemplo: “Un día estaba en Acapulco con una gringa, estábamos en la cama y me dijo: “Yo llevo la cuenta con los hombres con los que he estado. Y tú eres el número cien”. Chahín continuó su plática: “Yo le dije, eso merece festejarse. Nos vestimos y nos fuimos a casar”. En la conversación Chahín manejaba varias pistas, entre cosas científicas, empresariales, místicas y un montón de cosas que yo consideraba un mundo para mí totalmente irreal. Pero platicaba tan sabroso que confrontar sus inventos y fantasías con algo concreto era casi una herejía.</p>
<p>Borges diría que aquello fue una conversación sensacional en la que yo tuve la oportunidad de intercalar mis silencios. Ya en la madrugada de improviso se paró y se despidió. No pude evitar preguntarle sobre cuál había sido el motivo de su visita. En el umbral de la puerta me comentó que sólo había ido a comprobar una cosa. “¿Qué?” Le pregunté. A lo que dijo: “Tienes buena vibra, eres confiable, te rodea una aura azul”. Apenado le comenté: “Qué lástima, soy del PRI”. Soltó la carcajada. Concluyó: “Si me decido a platicar con las autoridades, quiero que tú seas el intermediario”. Le respondí que sí y que las puertas de mi oficina estarían abiertas.</p>
<p>Tlacote creció en fama interna y externamente. Chahín había resucitado el viejo mito de la humanidad de encontrar la fuente de la salud y la juventud. Agencias turísticas de todas partes, principalmente de la California chicana, ofrecían “tours”, entre históricos, religiosos y médicos. Se recorrían las pirámides de Teotihuacan, La Villa y Tlacote. Para los más pudientes el recorrido se extendía a San Juan de los Lagos. Un día un guía de turistas, no sé si en serio o en broma, me comentó: “Tlacote es más solicitado y conocido que el agua de Lourdes”.</p>
<p>El gran riesgo de Tlacote era la Semana Santa, los más austeros calculaban que llegarían a la Hacienda unas dos cientas mil personas, los más escandalosos, pensaban que serían un millón. Las fricciones entre los visitantes y los habitantes de Tlacote, cuya vida y cotidianeidad se había destrozado, aumentaban. La gente del pueblo, según advertían públicamente, se preparaban para tomar por la fuerza el pozo. Se sabía que Chahín era un magnífico tirador, incluso había ganado en diversos concursos nacionales, y que contaba con una colección de armas de primera, lo que después tuve la oportunidad de comprobar. El coctel era letal por necesidad. Un hacendado, con armas y decidido, contra un pueblo, enfurecido y desesperado.</p>
<p>El problema era cómo iniciar pláticas con Chahín, un polemista feroz, intransigente, valeroso y, lo peor, no parecía importarle nada. No cobraba el agua, la regalaba, todo lo hacía dentro de la ley. No le interesaba el dinero, ni la fama; no temía a sufrir una agresión física, ni menos aún a la cárcel. Era un hombre libre en su vida privada y en su actuación. Lastimado y acosado, había generado rencores, un erizo solitario difícil hasta de ver.</p>
<p>Varios días después de su primera visita estaba en mi oficina. Se abrió la puerta y entró Chahín, obedeciendo con exceso de puntualidad mi ofrecimiento de que mi oficina estaría abierta para él. Sin intercambiar ninguna cortesía, me dijo: “Está bien, voy a negociar, pero quiero hablar con el gobernador”. Con la misma verticalidad que él y sin comentarle nada, levanté el teléfono y hablé con Enrique Burgos. Con la sensibilidad que exigía la dimensión del problema, hizo a un lado su agenda y en cuestión de minutos estábamos en su oficina. Se formó una comisión integrada por mi querido y recordado pariente, ya fallecido, Alfredo Nieto, por Jesús Rodríguez, entonces secretario de Gobierno, el comandante Vega Montoto y yo.</p>
<p>Las negociaciones eran arduas y terminaban cerca de la madrugada, pero siempre sin llegar a nada. Durante todas estas noches pude ver la cantidad de regalos que recibía Chahín. Indiscreto leía las cartas de agradecimiento que le enviaba la gente, donde le llamaba desde santo hasta Dios. Cuando le leía a Chahín lo que le mandaba decir la gente, lo escuchaba con absoluta indiferencia; con semejante desapego, obsequiaba los regalos a la gente que los visitaba. Quiero confesar que en medio de tantos testimonios llegué a creer sobre los efectos curativos de las aguas. Además que yo mismo recibía solicitudes de que les diera agua prácticamente todo el mundo, intelectuales, artistas, diplomáticos, políticos y gente del pueblo. Un amigo doctor me explicaba en forma pragmática la codicia por el agua: “El perdido a todo va”.</p>
<p>En medio de las negociaciones salíamos él y yo a contemplar el cielo, con la única condición de no hablar sobre el agua. De pronto él me decía: “Mira, una nave espacial”; “¿Te fijaste? Pasó un extraterrestre” Cuando volteaba no había nada ni nunca lo hubo. Al principio ante estos inusitados descubrimientos veía a Chahín con azoro y le hacía patente mi estupefacción, después con un dejo de burla que procuraba disimular, finalmente me acostumbré a su mundo. Comprendí que la realidad y la verdad son cosas secundarias y superficiales, ante la contundencia de la fe y lo inagotable de la imaginación.</p>
<p>Faltaban unos cuantos días para que llegara Semana Santa y el acuerdo se veía lejano. Se manejaban varios escenarios ante la posibilidad de que Querétaro, convertido en un polvorín, por la invasión de cientos de miles de enfermos y solicitantes de agua, finalmente explotara. Una noche estuvieron especialmente lúcidos y convincentes, Alfredo, Jesús y Montoto. Lo recuerdo porque era la última reunión en la que había la posibilidad de llegar a una solución negociada y porque yo, agotado, había estado vacío de palabras y especialmente atarantado.</p>
<p>Terminados los argumentos, los cuatro representantes del gobierno, una veterinaria, compañera de Chahín, que no recuerdo su nombre, y el mismo Chahín, estábamos en los sillones de la sala de su Hacienda, entre sentados y acostados. Casi amanecía y el silencio era absoluto, no se podía cortar con un cuchillo porque era de hielo. Todos veíamos a Chahín, entre furiosos y esperanzados. Él sabía que los días santos representaban para Tlacote su consagración, la culminación de un sueño que de seguro había acariciado desde hacía tiempo. Después de un largo rato, el que Chahín parecía disfrutar, se paró y dijo con voz de trascendencia, palabras más, palabras menos: “Yo no quiero dañar a la gente ni al Estado de Querétaro que me recibió. Tlacote es luz y salud. No todo eso que Ustedes dicen que puede pasar. Yo no le veo los riesgos que Ustedes ven, pero por si las dudas los tenemos que prevenir. Desde este momento autorizo a que el gobierno difunda, en todo el país y en el extranjero, que Tlacote cerrará la Semana Santa”.</p>
<p>Nos paramos y nos abrazamos emocionados. Al final, cuando me tocaba felicitar a Chahín, me tomó del brazo y me llevó aparte. Con profunda seriedad me dijo: “El mundo se va a acabar”. Agregó: “¡Y pronto! Los extraterrestres me tienen una nave. Ya les dije que quiero que vengas conmigo y a pesar de que no querían, después de mucho trabajo, los logré convencer”. Yo francamente no estaba para extraterrestres y lo que quería era irme a festejar, lo que significaba simplemente llegar a mi casa y dormir. Me le quedé viendo, sin decir nada, hasta que él me trajo a la realidad, diciendo: “¿Estamos o no estamos?”. A lo que contesté en automático: “Sí, por supuesto, estamos”.</p>
<p>Las negociaciones prosiguieron, ya no con la tensión de la guadaña de la Semana Santa. Yo pensé que eso del fin del mundo y lo de la nave se le pasaría pronto, pero no fue así. Después de terminar cada reunión me hablaba de los preparativos y de las diversas señales que anunciaban el fin del mundo. Yo realmente no le prestaba mucha atención, salvo para hacerle alguna broma disimulada. Un día le dije que yo viajaría sólo, en cambio que él llevaría pareja. Eso francamente no me parecía justo, ni sano ni correcto. Que tenía el peligro de que acabáramos a puñaladas por su compañera, pues yo no estaba dispuesto a guardar voto de castidad, en lugares que de seguro serían muy románticos. Le pedí, gozando por dentro, que me gestionara llevar una pareja. Chahín se quedó pensativo. Yo me esperé llegar a mi coche para soltar la carcajada.</p>
<p>Pasaron varios días para volver a reunirnos. La siguiente vez que nos encontramos, me llevó a un lugar apartado y me comentó: “Buenas noticias”. A mí se me había olvidado, desde la conversación de la nave hasta lo que le había pedido. Le pregunté: “¿Sobre qué son las buenas noticias?” “¿Cómo que sobre qué?” Respondió molesto. Agregó: “Sobre lo de tu pareja. Casi tuve que llorarles para conseguir que a la nave le pusieran otro lugar”. Un poco apenado lo abracé, dándole las gracias y conteniendo una risa que ya casi me reventaba en la cara. Se separó bruscamente y me dijo: “Pero ahora estoy más preocupado que nunca. Tengo dos noches sin dormir. Eres muy pendejo para las viejas y eres capaz de elegir a la peor de tus amigas. Si aquí en la tierra es muy duro vivir con una mala elección, en el cosmos no me quiero imaginar. En fin, nunca te he pedido nada y hoy te lo voy a pedir: Cuida a quien eliges. ¿Estamos o no estamos?” Como zombi le contesté: “¡Estamos!” No sólo la risa, todo el cuerpo se me congeló. Lo que para mí era una broma, para Chahín era algo totalmente serio y profundo. Su generosidad me había vencido y me sentí muy mal conmigo mismo. Nunca más le volví a hacer alguna broma con sus creencias y fantasmas.</p>
<p>A Chahín le vino una obsesión con la gente que vendía agua y no era de su pozo. Me decía que enfermaban a la gente y desprestigiaban al pueblo. Por escrito me pidió que hiciera un análisis de esas aguas, pues estaban contaminadas. Así lo hice y, efectivamente, las aguas estaban exuberantes de bacterias. Él personalmente se encargó de difundir los estudios entre los medios de comunicación. Calculó mal, el temor invadió a los visitantes, que también dejaron de asistir a su Hacienda. Sea por este motivo o simplemente por la pérdida de la fe en las propiedades curativas del líquido, pero con la intensidad y rapidez de una llamarada, como llegó la popularidad del agua de Tlacote, así se apagó. Dejó de ser un problema que interesara. Nuestros encuentros se espaciaron, aunque nos hablábamos de vez en cuando.</p>
<p>Hace unos cuatro años lo fui a visitar. Me esperó en la puerta de su propiedad. Recorrimos todas las obras que había hecho en la Hacienda: el pozo, los tanques que compró para almacenar el agua, las instalaciones que había construido para que se despachara rápidamente. Recorrimos los cubículos de los doctores y las enfermeras, los archiveros llenos de expedientes de algunos de los enfermos que lo visitaban. Todo lo había pagado de su bolsa. Nos sentamos. Él trajo una jarra de agua y me llenó un vaso, con la solemnidad y el ritual de quien sirve coñac. Relajados y ya sin la complacencia que me obligaba la negociación difícil de hacía unos años, le comenté: “¿No te arrepientes de haber gastado tanto dinero? ¿Qué querías de Tlacote? ¿el dinero? ¿la fama? ¿qué pretendías con todo esto? Yo sabía que en tu tierra, Veracruz, habías descubierto una supuesta curación del cáncer”. Chahín que sólo escuchaba atento, en momento que hice mención a lo de su medicina del cáncer, me interrumpió: “Eso fue otra cosa que algún día te platicaré. Tlacote es una agua milagrosa. Además de todos esos gastos que dijiste, traje a un sacerdote azteca que vivió aquí y me hizo por escrito la historia de Tlacote desde la prehistoria. Pero el dinero nunca me importó, aquí en Tlacote no”. Ante mi sorpresa agregó: “Tú no crees en nada de esto”. Y yo que pensaba que lo había disimulado muy bien, mejor agaché la cabeza. Recuerdo que añadió: “Pero la misión que me ha dicho Dios y me la han repetido los extraterrestres, es la de curar a la gente. Lo tengo que hacer para cumplir mi destino y el destino del agua de Tlacote. Me preguntas que ¿qué pretendía? ¿te parece poca la salud de la gente? También quería que Tlacote tuviera un aeropuerto como el de Nueva York; que se acabaran los niños moquientos y llenos de animales en la panza; que se pavimentaran las calles del pueblo; que los campesinos trabajaran en todo lo que iba a producir Tlacote y dejaran el campo que los tiene muertos de hambre. ¿Y sabes qué es lo que más trabajo me ha costado en la vida y por lo que hasta el momento esto está parado? Convencer a la gente que sólo quiero hacer el bien. Nadie tiene confianza en nada. Generar confianza en la bondad de lo que quiero me ha costado más trabajo que despertar la fe en el agua. Pero Tlacote va a resurgir, pronto verás otra vez lleno de gente, gente enferma, pero alegre, que se lleva su medicina gratis. Esto va a estar como cuando lo conociste”. Me pareció verlo llorar.</p>
<p>Durante los dos últimos años nos encontramos incidentalmente en las calles de Querétaro. Nos saludábamos con afecto, prometíamos que nos telefonearíamos para platicar, lo que ninguno de los dos cumplió. Siempre que nos veíamos, al final, al despedirnos, en nuestro código secreto me preguntaba: “¿Estamos?” Yo le respondía: “¡Estamos!”</p>
<p>Hoy hablé desde el DF a mi casa en Querétaro, mi secretaria Olimpia, con ese tono frío y rutinario de quien no sabe los efectos de lo que informa, me dijo: “En la contestadora tiene un mensaje de un Señor Barrón, que se murió un tal Jesús Chalín. Que hoy lo incineran”. Me quedé mudo con el celular en la mano. Se me agolparon todos estos recuerdos. Chahín fue un hombre que en un momento dado le dio más fama a Querétaro por su agua, que por ser “Cuna de la Independencia” o Los Arcos. Fue un hombre brillante y, para mí, indescifrable. Saltaba de un universo a otro, con la facilidad y el descaro de un niño que brinca charcos en un callejón cualquiera. De una cosa sí estoy seguro, si existen otros mundos habitados, si hay extraterrestres, Chahín está con ellos, departiendo y contándoles historias maravillosas. De mi parte le tengo una muy buena noticia, ya no me tiene que preguntar nada: “¡Estamos!”.</td>
</tr>
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		<title>Experimentos, humanos y ratas</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jan 2008 21:36:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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La etología es la ciencia que se dedica al estudio del comportamiento de los animales y establece comparaciones al respecto entre animal y animal, incluyendo a los racionales. Raúl Cardiel Reyes en su último libro -Política de J. J. Rousseau- dedica un interesante capítulo a algunos de los hallazgos importantes de esta ciencia, que guardan [...]]]></description>
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<p align="left">La etología es la ciencia que se dedica al estudio del comportamiento de los animales y establece comparaciones al respecto entre animal y animal, incluyendo a los racionales. Raúl Cardiel Reyes en su último libro -Política de J. J. Rousseau- dedica un interesante capítulo a algunos de los hallazgos importantes de esta ciencia, que guardan una extraña semejanza con los recientes reportajes sobre el D.F. aparecidos en Excélsior.</p>
</td>
</tr>
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<p><span id="more-80"></span></p>
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<td>Menciona Cardiel Reyes que un investigador construyó varios compartimentos, cuatro en los extremos y uno central, para forzar a la concentración excesiva de ratas. Sus observaciones muestran una vida normal en los compartimentos extremos. Ahí un macho dominante, que se ha impuesto, después de una lucha contra otros machos, cuida la entrada del compartimento, el cual lo habitan un grupo de hembras sujetas a su dominio y varios machos subordinados, que no discuten al líder ni intentan en ningún momento entrar en relaciones sexuales con las hembras. Al macho dominante, no le importan las idas y venidas de hembras y machos subordinados, pero se opone violentamente a extraños o invasores. Dentro del compartimento, las hembras arreglan sus nidos, cuidan a sus críos, en fin se comportan como buenas madres.</p>
<p>Sin embargo, la actitud de las ratas en el compartimento central es verdaderamente increíble. Ahí todo es desorden, caos. Como en ese lugar las ratas salen y entran libremente no existe ningún orden. Un grupo de machos dominantes luchan constantemente para mantener su status, aunque ese cambia y varía con frecuencia. Existe una clase “media”, atacada por la de los machos dominantes sin que busque pelear. No obstante, se muestra sexualmente muy activa. No tienen mucho sentido de discriminación. Lo mismo atacan a las hembras en celo que las que no lo están, a los jóvenes y aún a los más pequeños. Existen más abajo, una clase de “omegas” que deambulan por el compartimento como sonámbulos, que ignoran a todos y que son ignorados por todos, y a los cuales parece dejar indiferentes las luchas entre las otras clases.</p>
<p>Pero lo más curioso es la aparición de una nueva clase, que el científico llama “los proveedores”, y que forman un grupo criminal, por decirlo así. Se comportan como los machos subordinados, pero son muy activos. Si los machos dominantes los atacan, no se atreven a oponerse, pero no por eso abandonan su conducta desordenada. Actúan en bandas. Tratan de apoderarse de lo que pueden. Tienen una actividad que podría llamarse “hipersexual”, pues lo mismo actúan con hembras que con machos, de todas edades. No respetan el cortejo ritual, que no ataca a las hembras cuando se encuentran en su recinto propio, pues entran en ellos, las atacan y las matan. Hacen lo mismos con los jóvenes, y cuando éstos mueren aún los devoran. También se comen a los pequeños que nacen muertos y que han sido abandonados por sus padres.</p>
<p>También es notable observar como la conducta desordenada de este comportamiento trastorna la conducta de las hembras. La construcción de nidos es abandonada por ellas; las crías no son cuidadas sino al contrario, al grado de que muchas fallecen y luego son devoradas por las madres. Más de la mitad de las hembras mueren en los asaltos sexuales y por los problemas de embarazos totalmente descuidados.</p>
<p>Lo más extraordinario de todo es que las ratas parecen gozar de esta conducta diríamos pecaminosa. Las hembras parecen incapaces de resistir la conducta desordenada del compartimento central. Aún confortablemente instaladas en los compartimentos extremos, ante la tolerante vigilancia del líder abandonan su vida normal para mezclarse y participar de la violencia y el desorden del compartimento central. Pero en tanto que los machos dominantes nunca abandonan el cuidado de su territorio propio, cuando menos un tres por ciento de las hembras abandonan el territorio protegido para perderse en el desorden del territorio &#8220;de todos&#8221; que es el Distrito Federal, perdón, el compartimento central.</p>
<p>Concluye el maestro Cardiel Reyes que el error más grave de la etología es extender las observaciones que ha hecho sobre las sociedades animales a las sociedades humanas. Compartimos plenamente su tesis, pero cuando nos informan Víctor Payán y Fernando Meraz que diariamente llegan a la capital mil personas de promedio; que cada minuto el conmutador central de la Dirección General de Policía y Tránsito recibe, en promedio, 154 llamadas de auxilio a un ritmo de una por cada 2.5 segundos; que cada 60 minutos ocurre una muerte en hechos violentos; que cada seis horas en promedio, muere una persona en riñas callejeras, pleitos de borrachos, o enfrentamientos de pandillas; que el número de bandas capturadas por la policía durante el sexenio anterior fue de 1,000 aproximadamente, cuando vemos todo eso no podemos dejar de lamentar que el crecimiento de nuestra ciudad, entre otras causas, haya servido no para profundizar esas diferencias entre las sociedades animales y las sociedades humanas, sino para borrarlas.</p>
<p align="right">27 de enero de 1983</p>
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