Cristo, la paz
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Cada año me hago las mismas preguntas y cada año me doy diversas respuestas: ¿Cuál es realmente el mérito histórico de Cristo, capaz de marcar un hito en tiempo de antes de Él, el privilegio no concedido a nadie más? ¿Cuál es su aportación y vigencia en el mundo occidental, capaz de vivir en nuestro calendario con su presencia cotidiana? De una cosa no hay duda. Su imagen no es algo rígido o coagulado, sino susceptible de análisis infinitos, por lo que en su palabra todos los humanos podemos rescatar una enseñanza. |
Cristo, de izquierda o de derecha
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Si nos sometiéramos a la tarea de tratar de identificar el pensamiento y la vida de Cristo de acuerdo a nuestra geometría política, es decir, si lo tratáramos de identificar de izquierda o de derecha ¿Dónde lo ubicaríamos? En primer lugar, reconozcamos que Cristo auténticamente andaba en otra onda, alejado de las cuestiones humanas y hasta de los vínculos familiares. Cuando una mujer le grita: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los senos que mamaste”. Él responde: “Bienaventurado más bien aquel que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica”. Desatendido de las relaciones personales y las cívicas, su preocupación se centra en la salvación eterna. |
Jesus: “El Seductor”
| Artículo publicado en el periódico Excélsior el 09 de abril de 1982. |
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Lo llamaban de diferentes formas: Jesús, el Nazareno, el Hijo del Hombre (como él prefería), el Salvador, el Mesías, el Servidor de Yahvé, el Hijo de Dios, Cristo, el Hijo de David, el Galileo, y otros de sus contemporáneos, por su atractivo físico y ascendencia sobre individuos y multitudes, le decían simplemente “El Seductor”. Tantos títulos corresponden casi al sinnúmero de ideas, imágenes y representaciones que desde su muerte se ha formado la humanidad sobre “El Seductor”. Así, por ejemplo, la Edad Media lo integra dulzón, místico y hasta alambicado; en nuestra época, en cambio, se le reivindica por sus palabras y acciones ante las injusticias y los problemas sociales y políticos. |
