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	<title>Edmundo González Llaca &#187; Amor</title>
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	<description>libros, biblioteca personal, artículos periodísticos Excelsior Mexico, autor queretano</description>
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		<title>San Valentín. ¿Hay vida antes de la muerte?</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 23:26:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Mis pérfidas intenciones eran seguir con la cuestión política, pero un lector me escribe y me pide que aborde el tema del amor, como lo hacía cada San Valentín. Para variar amenaza con no volver a leerme. Con gusto le respondo. Acabo de terminar una novela de Federico Reyes Heroles, “El abismo”, en el que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Mis pérfidas intenciones eran seguir con la cuestión política, pero un lector me escribe y me pide que aborde el tema del amor, como lo hacía cada San Valentín. Para variar amenaza con no volver a leerme. Con gusto le respondo. Acabo de terminar una novela de Federico Reyes Heroles, “El abismo”, en el que aborda principalmente el miedo que le tienen las nuevas generaciones al amor.</p>
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</tr>
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<p><span id="more-461"></span></p>
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<p align="justify">¿Qué nos dicen los primeros pensadores al respecto? Platón es el primero en tratar de identificar las características de este sentimiento.</p>
<p align="justify">Cuando el genial griego enfrentaba dificultades para transmitir un pensamiento recurría a alegorías. Relatos en los que las ideas tomaban cuerpo en los seres humanos, en el tiempo y en el espacio; pues para los griegos la palabra idea tenía la misma raíz que la palabra ver. Una de las más hermosas alegorías es la del amor.</p>
<p align="justify">Según esto, una mujer llamada Inventiva, tuvo un hijo al que bautizó como Expedito y que, como ella, no era inmortal. El día que nació Expedito se festejaba a Venus Afrodita, diosa de la belleza, la que para festejarlo organizó un festín. Expedito tuvo el honor de que lo invitaran. Deslumbrado por la divina asamblea -o deprimido por el nombrecito que le habían puesto- bebió más de la cuenta, salió al jardín y en una glorieta se quedó dormido.</p>
<p align="justify">Atraída por los olores de los manjares del divino y humano reventón, acudió al lugar una mendiga llamada Apurada, a la que por supuesto los guardias le negaron la entrada. Apurada no se acobardó y utilizó ingeniosas estratagemas hasta que logró pasar al jardín. Lo primero que se encontró fue a Expedito, y se impresionó a tal punto de su belleza, que se olvidó de los apuros gastronómicos, motivo de su presencia en la fiesta, y se acostó con él, aprovechando el estado semiinconsciente del Expedito. De esta unión nació el amor.</p>
<p align="justify">Las interpretaciones a Platón son diversas. Pero vale subrayar que el amor nace en el jardín de los dioses, bajo el signo de Afrodita, diosa de la belleza, pero es engendrado por dos seres que no son inmortales, es decir, no pertenecen a la estirpe de los &#8220;satisfechos&#8221;. Tiene la belleza, el embrujo, la suerte de su padre. Pero también es sufriente, adolorido, imaginativo y valeroso; tiene que mendigar como su madre. Lo podemos encontrar sucio, con los pies desnudos durmiendo bajo el umbral de una puerta, pero es mágico e irresistible. Está a la mitad del camino entre la opulencia y la carencia, entre la sabiduría y la ignorancia, entre lo mortal y lo inmortal. Cabe decir que en ninguna de las interpretaciones se afirma que es necesario estar tomado como Expedito para poder enamorarse.</p>
<p align="justify">Lo cierto es que el amor es una cuestión histórica, un impulso cultural, sometido a una dialéctica social, a una realidad económica. Eso que vagamente llamamos &#8220;sistema&#8221;, contribuye determinantemente a la formación de un tipo de relaciones personales. Realmente la actual convivencia no auspicia el amor, a pesar de lo que afirmen los comerciantes.</p>
<p align="justify">¿En una estructura económica que exalta la acumulación, puede alguien tener el deseo de compartir su dinero? ¿En una sociedad en la que existe toda gama de libertades, existe alguien que quiera someterse a los gustos e imperativos del otro? ¿Ahora cuando hay una gran diversificación libidinal, sin los problemas de antaño del romance, habrá algún masoquista que se reduzca a una pareja? ¿Si lo valorado por la gente es lo seguro, existirán voluntarios para lanzarse al precipicio de incertidumbres que es el amor? El problema es que sólo amando puede haber vida antes de la muerte.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 13 DE FEBRERO DE 2003 | EXCÉLSIOR</p>
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		<title>Erotismo. Amor y muerte</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 02:37:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
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Varios estimados lectores me reclaman que hace tiempo sostuve en este mismo espacio que el amor y la muerte están unidos y que ahora, quién sabe por qué obscuras, razones, digo lo contrario. Creo que hay una confusión. Efectivamente, el amor y la muerte están unidos, esto es difícil de aceptar cuando el amor lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0">
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<p align="justify">Varios estimados lectores me reclaman que hace tiempo sostuve en este mismo espacio que el amor y la muerte están unidos y que ahora, quién sabe por qué obscuras, razones, digo lo contrario. Creo que hay una confusión. Efectivamente, el amor y la muerte están unidos, esto es difícil de aceptar cuando el amor lo asociamos con la máxima alegría, con la culminación intensa de la vida, con todo aquello que palpita.</p>
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<p><span id="more-431"></span></p>
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<p align="justify">Pero también es cierto que hemos sido educados y cultivados en la literatura, la música, en el valor de que no existe verdadero amor si éste se ha padecido acosos, amenazas, perturbaciones.</p>
<p align="justify">Todos nos jactamos de haber vencido pequeños o grandes y reservamos la leyenda o el mito para quienes, con su muerte voluntaria, avalan la trascendencia y verdad de su amor.</p>
<p align="justify">Es innegable que mucho hubiera perdido la humanidad si a Helena de Troya y a París no los persigue Menelao, si Isolda no es alejada de Tristán, si los Montescos y los Capuletos se hubieran llevado bien, si Dante hubiera conocido a Beatriz o Petrarca se hubiera casado con Laura. En pocas palabras, no es el hombre, sino el dolor, la verdadera medida de todas las cosas.</p>
<p align="justify">Por otra parte, no olvidemos, como señala Bachelard, que el amor es la primera hipótesis científica de como se logra la reproducción del fuego. Prometo es un amante vigoroso y no un filósofo, y la venganza de los dioses, más que de seres los divinos, es la venganza de un celoso despechado. El amor en consecuencia &#8220;es un fuego que se comparte&#8221;, y el fuego es un fenómeno que tiene su vida plena en la destrucción. En el corazón de las llamas se une el sacrificio de la materia y el nacimiento de la hoguera.</p>
<p align="justify">La unión es clara. Amor y muerte, porqué la muerte por amor pareciera no el marchitamiento de la vida sino su exuberancia; amor y muerte, porque agotadas las posibilidades de gozo de la vida no queda mayor desafío que el voluptuoso enigma del más allá, amor y muerte, simplemente por jugar a acabar todo en un instante por la posibilidad de prolongar el amor hasta la eternidad.</p>
<p align="justify">Ahora bien, ¿qué hay en la mente de los amantes que se suicidan? Creo que en Romeo, como todo aquel que llega al martirio por amor, hay una personalidad romántica y escéptica. El amor, y más aún el apasionado, dura muy poco, y no hay camino más seguro para preservar su idealización que morir rápidamente.</p>
<p align="justify">Romeo, quizá, estaba consciente de que la rutina con sus dientes húmedos y terribles acabaría con la flama brillante y espectacular de la pasión y dejaría los leños pálidos de la vida. Esto era demasiado para él. Mejor morir en la cumbre sagrada de la muerte, que esperar a que Julieta engordara y un día de tantos se quejara de lo mucho que había subido el espagueti en Verona.</p>
<p align="justify">En el amante suicida existe un narcista receloso, pues en el fondo de todo aquel que ama, hay una profunda desconfianza de que sea realmente correspondido, y la última vez la única prueba, en el desprecio a la vida. Hay también, como en todo suicida, un valiente y un cobarde. Valiente por morir, y cobarde, porque quizá no hay más audaz estratagema para ahuyentar la soledad de la muerte, que morir de acuerdo y al mismo tiempo con otro.</p>
<p align="justify">La confusión que tienen mis estimados amigos, y que creo haberla aclarado en artículo anterior, es que una cosa es el amor y otra el erotismo. Por el sexo y los sentidos se llega al amor, pero esta dimensión del sentimiento es algo muy distinto a los aparatos reproductores y a la sensualidad en general. El amor, como escribe Dante, lo crea todo: el dolor, la alegría, la locura y hasta el infierno.</p>
<p align="center">PUBLICADO EL 18 DE NOVIEMBRE DE 2004 | EXCÉLSIOR</p>
</div>
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		<title>Amor, erotismo y humor</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 22:32:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
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En un artículo pasado sostuvimos que el erotismo tenía que ver con el humor, por lo tanto no lo encontrábamos en el sexo. La hormona en su estado natural no da cabida a los juegos del espíritu. El sentido del humor tampoco se lleva con el amor. Esta es una de las razones por las [...]]]></description>
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<p align="justify">En un artículo pasado sostuvimos que el erotismo tenía que ver con el humor, por lo tanto no lo encontrábamos en el sexo. La hormona en su estado natural no da cabida a los juegos del espíritu. El sentido del humor tampoco se lleva con el amor. Esta es una de las razones por las que también nado contra la corriente con una tesis que parece darnos profunda satisfacción como país, los mexicanos tenemos un gran sentido del humor. No lo creo, debemos partir de que somos un pueblo enamoradizo y romántico. Imaginemos a cualquiera cantando: “Júrame, que aunque pase mucho tiempo, no olvidarás el momento en que yo te conocí”; o la otra: “Tanto tiempo disfrutamos nuestro amor, nuestras almas se acercaron tanto así…”</p>
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<p><span id="more-176"></span></p>
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<p align="justify">A alguien se le puede ocurrir alguna broma o chiste ante semejante interlocutor, salvo que se quiera jugar la vida.</p>
<p align="justify">El humor impregna de relatividad las cosas, les baja el volumen, las pondera. Está peleado con los extremos, de la carne y de la pasión amorosa. A pesar de lo que ahora nos quiera convencer el consumismo, pero el estado amoroso siempre se identifica abiertamente con la perturbación mental. Lo que hoy decimos &#8220;lo traen arrastrando la cobija&#8221;, en el correr de los siglos tenía nombres más elegantes: &#8220;enfermedad de amor&#8221;, &#8220;locura de amor&#8221;, &#8220;enfermedad del enamorado&#8221;, &#8220;amor heroico&#8221;, &#8220;enfermedad de los héroes&#8221;. Y en verdad mucho se necesita de heroísmo para vivir este sentimiento, pues desde siempre los síntomas han sido los mismos.</p>
<p align="justify">Plutarco (segunda mitad del siglo I) describe los signos de los enamorados (cualquier semejanza con Bush en Japón es una lamentable coincidencia): &#8220;les falla el habla, se le van las palabras, se ponen colorados, los ojos se les dan vueltas y de pronto un súbito sudor se apodera de ellos, el pulso les late con fuerza y muy veloz, y finalmente, cuando la fuerza y la energía del corazón les han fallado y muestran todos estos signos, se quedan como en éxtasis y trance, y blancos como un monje.&#8221;</p>
<p align="justify">En general todos los científicos que escriben al respecto coinciden en que el amor es una forma de insania, que se refleja en un estado físico verdaderamente deplorable y una actitud anímica veleidosa e incomprensible. La vida se divierte con el ser humano, cuando entabla la relación más importante de su existencia, sufre un decaimiento corporal que se pone uno como López Obrador cuando escucha hablar de El Encino.</p>
<p align="justify">Avicena (980-1037) da el siguiente cuadro clínico del enamorado: &#8220;los signos son ojos hundidos y secos, sin humedad más que cuando lloran, continuo parpadear, sonrisas como si hubiera visto algo delicioso o hubiera oído algo agradable. Se les perturba la respiración y aparecen contentos y sonrientes, o desesperados y en lágrimas, musitando palabras de amor, sobre todo cuando recuerdan el amor ausente; todas las partes del cuerpo aparecen secas, excepto los ojos hinchados debido a lo mucho llorar y el insomnio&#8221;.</p>
<p align="justify">En fin, lo que debemos tomar conciencia es que el erotismo tiene que ver con la inteligencia, que es lo que reconcilia al sexo con el amor, la carne con el espíritu. Su función de intermediario, el erotismo la ejerce en buena parte con el sentido del humor. En fin, si usted está afligido, pálido, macilento, si su pulso es irregular, si quiere llorar y no puede; si quiere reír y le salen lágrimas; si siente debilidad en las rodillas; si aparece locuaz o triste; si suspira; si gime; si no tiene apetito, ¡felicidades!, está usted enamorado. Pero temo decirle que su amor no es completo, le falta erotismo y sentido del humor, que lo primero que nos dicen es: Nada es para tanto.</p>
<p align="right"><em>Publicado en Excélsior el 17 de febrero de 2005</em></p>
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		<title>Amor y paz, condiciones adversas</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jan 2008 21:26:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Hay una serie de nombres que encubren grandes falsedades. Así, los llamados sombreros de Panamá, no se confeccionan en ese país, sino en Ecuador; la ballena no es un pescadote, sino un mamífero; el papel de arroz no está hecho de arroz, sino de pulpa de madera; el Desierto de los Leones no es desierto [...]]]></description>
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<p align="left">Hay una serie de nombres que encubren grandes falsedades. Así, los llamados sombreros de Panamá, no se confeccionan en ese país, sino en Ecuador; la ballena no es un pescadote, sino un mamífero; el papel de arroz no está hecho de arroz, sino de pulpa de madera; el Desierto de los Leones no es desierto y no tiene leones, ni de peluche; por último, los Reyes Magos no eran reyes y tampoco tenían nada que ver con el oficio de Chen-Kai.</p>
</td>
</tr>
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<p><span id="more-77"></span></p>
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<td>Pero estas cuestiones son inocentes, en comparación a las grandes mentiras o vaguedades que hacen prácticamente imposible la comunicación. Nadie duda, por ejemplo, que es el amor uno de los principales mensajes de Cristo; pero lamentablemente, el término se ha convertido más rico en interpretaciones que la palabra democracia, que ya es decir algo.</p>
<p>De amor hablan las canciones de los Parchís, los Menudo, grupos de pre adolescentes al parecer, con más experiencia en la materia que Elizabeth Taylor; de amor hablan las telenovelas, los jóvenes; la publicidad de la cerveza, de los nuevos fraccionamientos; hasta los vendedores de juguetes de guerra. La palabra amor se ha convertido en una especie de arcón de Navidad, en el que se pueden meter una bolsa de cacahuates, chiles jalapeños o champaña.</p>
<p>Todo este despliegue amoroso y pacifista que tiene su culminación en Navidad y Reyes, tengo la impresión que corresponde a una especie de exorcismo, que pretende hacerse una sociedad más enfocada al interés por las cosas que por las personas. Un sistema de convivencia violento, que enraíza sus motivaciones en el poseer, en el codiciar, y olvida la mayoría del tiempo la belleza del compartir.</p>
<p>Y no es que esté de más pesimista que un banquero al día siguiente de la nacionalización, simplemente creo que todo sentimiento exige determinadas condiciones para florecer. Si amar implica ejercer nuestra espontaneidad, poco propicia es una organización consumista que calendariza las fechas para desear amor y paz; que nos coacciona y chantajea con la necesidad de regular, provocando fingimientos y recelos. Todo menos el desarrollo fresco de nuestra subjetividad.</p>
<p>Es más, si amar exige en muchas ocasiones arriesgar ese mismo amor, poniéndose serio y advirtiendo equivocaciones a la persona amada; si amar, en suma, es derramarse, crear, fluir, tener la valentía de abrirse, de depender y de entregarse; poco ayuda una atmósfera de armonía superficial, de evasión, de miedo, de competitividad y de egoísmo estéril.</p>
<p>Hace tiempo los filósofos discutían las diferencias entre el tocar y el acariciar. Concluyeron que tocar es el contacto rutinario o fortuito de dos epidermis; el roce que no pasa de la superficie; es simple choque con la corporeidad de otro. Acariciar, en cambio, es tentativa de conocimiento, de alivio, de unión, de búsqueda de caminos, de transmitir a otro lo que yo siento y querer también sentir lo que el otro experimenta. Acariciar es tocar, pero también trascender lo externo; es explorar, pero también comprometerse.</p>
<p>Estos días en los que terminan los festejos del nacimiento de Cristo, vale preguntarse: ¿Hasta qué punto nos pasamos la vida tocando o acariciando? ¿Hasta qué punto hablamos, cantamos y escribimos sobre el amor, y hasta qué punto amamos real, concreta y vivamente?</p>
<p align="right">06 de enero de 1983</p>
</td>
</tr>
</table>
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