Babel. Otra propuesta
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El diagnóstico del historiador Enrique Krauze de que el país vive una discusión pública caótica, lo sostiene en una crítica despiadada a los tres poderes y a varias instituciones: al Ejecutivo le ha faltado liderazgo; el Legislativo no ha querido asumir el papel transformador; existe una crisis de partidos; al Judicial le falta aún legitimidad; la prensa no está cumpliendo con su papel; |
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la televisión no ha sabido estar a la altura de los tiempos; la mayoría de los empresarios son indiferentes al país dramático en el que viven; a la Iglesia le falta modernidad y las universidades e instituciones de investigación superiores, públicos y privados no participan en la discusión con la calidad que deberían. Todas estas desgracias, que harían aparecer a las siete plagas de Egipto como una brisa tropical, evidentemente no se resolverían con la creación de un Comité de Opinión Pública. Esta no parece ser la intención de la propuesta de Letras Libres. La idea no es formar una especie de segundo piso que sustituya al sistema político. El énfasis debe ponerse, creo yo, en hacer que las instituciones que ya tenemos funcionen, antes que en la creación de un nuevo órgano que presione al sistema político, como recomienda Krauze. Por otra parte, quisiera profundizar en el diagnóstico del investigador y, concretamente, en el caso de los medios comunicación, tratar de averiguar ¿por qué hemos llegado a esta circunstancia en la que es prácticamente unánime la opinión de que éstos no han estado a la altura de la transición? Paradójicamente, mientras había más controles del gobierno sobre los medios de comunicación, su influencia en las decisiones públicas era mayor. En el pasado, en medio de la generalizada complicidad de los medios con el gobierno, un programa de televisión o un periódico podían quitar a un gobernador o cambiar la decisión electoral en un Estado. Lo que el ejercicio del derecho de la libertad de expresión ha ganado en amplitud lo ha perdido en influencia. Muchos años atrás un diario tenía como publicidad: “El periódico que dice lo que otros callan”. Ahora se pueden escuchar las críticas más severas en el Canal 11 del Politécnico Nacional. Las denuncias y con ellas los periodistas han perdido todo halo de hazaña y de heroicidad. El “destape” mediático trajo un mayor número de críticas, pero evidentemente no mejores críticas. Entre otras razones porque la prensa se fue al lado contrario de donde estaba antes instalada, si años atrás después de cada sujeto venía el cumplido, ahora la crítica es a tiro por viaje, indiscriminada y en automático. Todo elogio es sospechoso y el silencio en los medios es el mejor escenario para los políticos. ¿Valdría la pena, como sugiere Krauze, “darle cauce” a las inquietudes y críticas, para a su vez encauzar por el “sentido correcto” a los actores políticos? En una realidad globalizada, estandarizada, las universidades europeas coinciden en sus investigaciones que el mal del mundo moderno es el aburrimiento. Parece de pesadilla colaborar con una nueva rutina de buscar consensos con un Comité y un prontuario. No sería mejor impulsar la crítica bien realizada: la que investiga y profundiza y no la que trivializa los asuntos; la que sin dejar de manifestar su inconformidad sabe reconocer méritos y factores positivos; la que desmenuza la realidad en su complejidad y no la simplifica; la que aclara lo oculto y no lo aprovecha para llevar agua a su molino; la que sabe debatir y formular soluciones. En Babel el enemigo es la confusión, pero es aún mayor, la crítica mal hecha. PUBLICADO EL 03 DE JUNIO DE 2004 | EXCÉLSIOR |
