Abstencionismo, reto nacional
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Uno de los resultados de la última encuesta, previa al inicio de la tregua ordenada por el IFE, fue el siguiente: “Sí sabe por quien votar, 33 por ciento; no sabe por quien lo hará, 26% y, como absoluto ganador, los que afirman que no votarán, con un 38%. Cada vez que el país tiene elecciones el abstencionismo nos abruma con su poderío. En cada ocasión se aportan diferentes explicaciones.Antes se decía que los ciudadanos se tiraban a la hamaca por la existencia de un partido hegemónico, que le quitaba interés a la competencia. |
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En el remoto caso que el PRI pudiera perder, siempre quedaba la salida del fraude patriótico, que rectificaba en lo oscurito los deslices rebeldes de los electores. Ahora ya no existe esa causa, basta observar el panorama multicolor de nuestros representantes populares y la mayoría sigue sin pelar las elecciones. Paradójicamente la alternancia en el poder parece haber provocado un mayor desencanto y menos ganas de ir a votar. Todo indica que la gente se había hecho demasiadas ilusiones en el cambio de los hombres y de los partidos. La realidad ha demostrado que no hay nada nuevo bajo el sol, quizás ha cambiado el estilo, pero sigue habiendo los mismos abusos, los incumplimientos de los compromisos, la corrupción. La pasta humana es la misma con todas sus debilidades, independientemente de los colores. La política ha perdido todavía más prestigio. La globalidad, la impotencia de los poderes para cambiar la realidad ha llevado a los ciudadanos a no creer que el gobierno pueda solucionar sus problemas. Por si fuera poco, los partidos políticos viven una crisis mundial, peor que la monogamia, que ya es decir algo. Más cercanos del gobierno, los partidos son mediatizadores y no mediadores de las banderas de la sociedad, parecen servir sólo a la cúpula de sus intereses. La desgracia no se queda ahí. Cuando era niño estaba de moda la canción de “El Abandonado”, decía: “Me abandonaste mujer porque soy muy pobre y por tener la desgracia de ser casado”. Cuando mi abuela la escuchaba, invariablemente comentaba: “Pobre y casado, y todavía se queja de que lo abandonen”. A toda la realidad verdaderamente delincuencial de la política, los políticos y los partidos, se ha agregado un pragmatismo descarnado de hombres y organizaciones donde la ética, los escrúpulos y las convicciones se han perdido en el estercolero de los intereses individuales y de grupo. El problema del abstencionismo es que nadie puede tirar la primera piedra de la inocencia. Ni los medios de comunicación se salvan, algunos teóricos consideran que también contribuyen a convertir en atole la sangre de los ciudadanos y por lo tanto a la formación de su apatía política, a través de un bombardeo indiscriminado de mensajes. Densidad que produce angustia y desconcierto, y forma usuarios que lo leen todo, pero que son analfabetos políticos en la medida que saben los efectos de las cosas pero no las causas que las provocan. Si ni los partidos ni los candidatos se ven muy animados para romper el escepticismo ciudadano, creo que la responsabilidad de los comunicadores aumenta. En mucho se podrá ayudar si las elecciones se abordan desde las trayectorias políticas de los candidatos, las ideas y los programas que defienden. La anécdota, el simplismo, la petulancia académica o el descrédito fácil permanentemente guiñan el ojo a la información y al editorial político. Esperemos vencer todas estas tentaciones. Un Presidente sin la legitimidad del voto mayoritario, carecerá de fuerza y al país lo alcanzará la violencia o el autoritarismo. Publicado en Excélsior el 19 de enero de 2006 |
