Edmundo González Llaca

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¡Viva el futbol!: Nivel y género de vida

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Artículo publicado en el periódico Excélsior el 15 de julio de 1982.

Ellos son los que desprecian el futbol. Visten de luto como heraldos negros, caminan despacio y encorvados. Llevan bajo el brazo, unos dicen que libros, otros que organigramas. Lo cierto es que en las arrugas de su rostro no hay ni la huella de una sonrisa. Sólo cuando perdió Brasil hicieron muevas como de estar contentos estremeciéndose abrieron sus horribles fauces. Quienes los vieron dicen que sus lenguas son blancas y secas como de guacamayas.

Para ellos el futbol está ajeno a lo serio. Simple fenómeno del capitalismo tardío que encadena a los individuos a las estructuras de opresión y que habla de la perversidad de las masas. Si usted es aficionado latinoamericano, entonces el futbol se liga a inclinaciones masoquistas irredentas, a falso espectáculo manipulado por los gobiernos para atizar nacionalismos y desahogar frustraciones acumuladas o regresiones primitivas de los explotados.

Lo cierto es que 2,500 millones de habitantes en el planeta, inclusive sin ver los juegos, le agradecemos al campeonato mundial la oportunidad de tomar unas largas vacaciones de la rutina. Vivir colectivamente y con toda intensidad el juego, caer seducidos ante los colores, la espontaneidad y el movimiento. Maravillarse tanto de las carreras como de los saltos, donde los jugadores parecen desprenderse de sus raíces en la tierra. Observar la poesía del cuerpo y la coordinación del grupo que teje con un balón figuras infinitas en el espacio verde. Finalmente, compartir con espectadores y participantes la emoción, el grito, la tristeza, el júbilo, el dolor, la vergüenza. La dialéctica misma de la pasión y de lo humano.

Que en el fútbol hay violencia y esa vieja lucha del hombre contra el hombre, de naciones contra naciones, nadie lo duda. Pero es una rivalidad sin armas, sin trampas, sin artificios, cada quien sólo con su habilidad, su oficio y su arte, que en un segundo, tal vez, deberán ser expresados. Confrontación que pondrá frente a frente historia, orígenes y costumbres a través incluso de los apellidos, la dureza y densidad de los del norte: Schumacher, Kaltz, Rummenigge; con la musicalidad operística de los mediterráneos: Altobelli, Rossi, Gentile. Hasta el cotejo de los estilos y temperamentos: el sobrio, esquemático y tenaz de los teutones, contra la malicia, la imaginación, el embrujo y la fantasía del espíritu latino.

En fin, detractores o aficionados a este deporte debemos coincidir que, en su belleza y atractivo, el futbol no debe ser trinchera seductora del statu quo y compensación de la existencia enajenada del cuerpo y del espíritu: pues hoy, cuando apagamos la tele, apagamos con ella la fantasía de nuestra proyección en el mundo imaginario y, para colmo de males, fugaz.

Que las bellezas del fútbol, entonces, no nos contenten. Que nos lleven a la ambiciosa pretensión de mejorar nuestras propias vidas para no vernos reducidos a las satisfacciones vía satélite, en medio de un mundo opaco que nos niega, precisamente, el movimiento, el color, la espontaneidad, la emoción.

El problema no es simple y la solución no lo es menos. Pero si se trata de pensar en nosotros, mexicanos concretos, hoy y aquí se me ocurre recordarlo tantas veces machacado por Miguel de la Madrid en su campaña, sobre la necesidad de elevar no únicamente el nivel sino también el género de vida. Pues de poco nos valdrá comprar más dólares con el peso, reducir nuestra deuda externa o aumentar el producto nacional bruto, si paralelamente no luchamos con la misma entrega para que esa realidad sensual, estética, emotiva y dinámica del rito de la vida, se goce con la misma intensidad en la ciudad, en el trabajo, en la escuela y en la vida cotidiana. No olvidemos el compromiso del Presidente electo. Junto a las necesarias metas para el desarrollo, México enfrenta hoy la posibilidad y el desafío de transformar la calidad de la vida, para que de esta forma, el fútbol adquiera su verdadera dimensión y pase a ser lo que es: simple y llanamente futbol.

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06 Dic 07 | Política

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